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ABC GOLPE A LA MAFIA DE LA POLICÍA LOCAL EN COSLADA DOMINGO 11- -5- -2008 MADRID 65 PECADOS CAPITALES Mayte Alcaraz COMO EN UN CUENTO DE POE a negra historia de algunos (una minoría) policías españoles ya la dejó escrita Manuel Vázquez Montalbán: O eran corruptos o se saltaban las leyes Y Coslada, ciudad sin ley, ha desempolvado la vieja leyenda de las películas de gángster donde el bueno era el más malo de los malos. La zona de sombra del alma es universal. Hace algo más de veinte años dos malvados, separados por miles de kilómetros, decidieron convertir en una taifa su entorno y dominar a sus moradores. Uno se llamaba Ginés Jiménez y vivía en España; el otro Josef Fritzl y lo hacía en Austria. Los dos impusieron sus leyes: el primero a la luz del día o a la de una bombilla de burdel; el segundo, enterró su cortijo y lo alumbró con luces ultravioletas. Los dos lograron burlar a la sociedad, a la Justicia y a las Administraciones. Ambos bunquerizaron sus feudos: el de Coslada, blindó una habitación de su casa desde donde, orwelliano él, vigilaba a sus compañeros con cámaras conectadas a la comisaría; el segundo, otro hijo de 1984 construyó ocho puertas infranqueables e insonorizó su mazmorra; ambos tomaban sexo a la fuerza y pisoteaban la dignidad femenina: el primero, la de unas pobres prostitutas rumanas; el segundo, la de su propia hija. Pero la telaraña de silencios y miedos que amparaba a los dos déspotas se empieza a rasgar gracias a otros miedos, que soltarán la lengua de secuaces y amigos. Todos, por salvar el pellejo, cantarán la traviata. Terrorífico lo que ha sucedido, y aterrador, como en un cuento de Poe, lo que nos queda por ver. L Policía y políticos son representados en las paredes de Coslada como cucarachas público no parecía echarles mucho de menos. Sin embargo, para los que regentan locales en la zona cualquier celebración es prematura y no se fían de que el sheriff no vaya a regresar: Ya hemos visto cómo otras veces intentaban meterle mano El yugo del bloque asfixiaba a todos. Hasta el fornido heavy que regenta un local de este estilo en la zona, muda el gesto y baja la voz cuando se le inquiere sobre el asunto. Mira, esto ha sido como una dictadura. Aquí no se movía nada sin que este señor lo supiera o lo ordenara Joaquín, nombre ficticio de este hostelero, describe su actual estado de ánimo. Me siento como cuando murió Franco, con esperanza y miedo a la vez, esperando a ver si la cosa mejora, pero sin atreverme a celebrarlo todavía Y es que han sido demasiados los años soportando acosos y extorsiones. Los propietarios tienen tanto miedo como episodios que contar: Una noche, Ginés entró en mi local, se inventó que había dos menores FOTOS: JAIME GARCÍA A mí los guardias me dejaron en pelotas en plena calle A Aitor González García, vecino de Velilla de San Antonio, los policías locales de Coslada lo conocen bien. Y tan bien. Aitor ha sido objeto de registros de lo más minucioso: Yendo con el coche, me han parado muchas veces, pero no podía imaginar que un día me iban a registrar hasta dejarme en pelotas Este joven sale de marcha frecuentemente por Coslada y ha sufrido en carne propia el atosigamiento al que los hombres del Bloque de Ginés sometían a los ciudadanos. Te paraban y te registraban el coche enterito, te lo desmontaban, vamos Pero un día la cosa llegó a mayores. Me hicieron meterme en el coche y me registraron hasta que quedé completamente desnudo. Yo sabía que eran unos chulos, pero aquel día me quedé de piedra Aitor se dice satisfecho por la detención de los miembros del Bloque Se golpea el pecho y proclama: Yo soy español y estoy con la Policía, pero estos eran unos sinvergüenzas Como cuando murió Franco dentro y me cayó una sanción bien gorda; todavía estoy recurriéndola A pocos metros, otro hostelero cuenta que en su local entraban como los hombres de Harrelson, daban las luces, apagaban la música y cacheaban a todo el mundo Este caballero tiene claro el porqué: A mí, como no pagaba, porque yo nunca le pagué, me putea- ba En otra ocasión incluso, Ginés, le amenazó con colocarle dos guardias a la puerta de su bar. Otra de las prácticas que, según las denuncias de los hosteleros, llevaba a cabo la mafia policial desarticulada consistía en entrar en los locales después del cierre y, escudándose en que había empleados lim- piando, denunciar que se había superado la hora de cierre establecida. Los propietarios de los bares son quienes albergan más reservas a la hora de hablar con los periodistas, pero entre los que se apuestan en la barra se escuchaban comentarios que apuntan a que las implicaciones del caso Bloque podrían salpicar a mucha gente. Con la locuacidad que provee la embriaguez, Luis, un empleado del Ayuntamiento, afirma que Ginés es sólo un matón de patio de colegio. Hay mucha gente por encima, los que, cómo él, llevan en el Ayuntamiento desde los tiempos de Huélamo José Huélamo es el alcalde comunista que nombró a Ginés Jiménez jefe de la Policía Local. ¿Qué puñetas tienen que ver seguridad y urbanismo para que los lleve un mismo concejal? se pregunta Luis, mientras el resto de los presentes prefiere guardar silencio. No lejos de allí, en el bar Jethro Tull se brinda porque ya no está Ginés. Pero en privado. Nadie se atreve a asegurar que no vaya a volver.