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36 INTERNACIONAL El desafío islamista al Líbano DOMINGO 11 s 5 s 2008 ABC La milicia chií libanesa se retira de Beirut tras la cesión del Gobierno a sus condiciones El Ejército congela las medidas contra Hizbolá, que dispararon la peor ola de violencia en la capital desde la guerra civil MIKEL AYESTARÁN ENVIADO ESPECIAL BEIRUT. Contra Israel necesitó 33 días de guerra para demostrar su poder. Contra el casi inexistente Gobierno de su país le han sobrado con cinco. 120 horas, 27 muertos y un centenar de heridos después el Partido de Dios ha dejado claro que es el más fuerte y ha obligado al primer ministro, Fouad Siniora, a dar un paso atrás y rectificar las medidas adoptadas la semana pasada y que Hizbolá encajó como una declaración de guerra como aseguró el líder del grupo chií, Hasán Nasralah. Según el mensaje dirigido por Siniora a la nación, será el Ejército quien ponga la paz El estamento militar, que se ha mantenido neutral en estos últimos días de conflicto entre milicianos chiís de Hizbolá y Amal y las milicias suníes fieles a Saad Hariri, acató las órdenes de Siniora y a las pocas horas tomó la determinación de volver a legalizar la red de telecomunicaciones de Partido de Dios al sur del país y restaurar en su cargo a Wafic Chucair, jefe de la seguridad del aeropuerto de Beirut, que fue cesado de sus funciones acusado de espiar para el partido de Nasralah. Hizbolá ganaba la batalla y cumplía con su palabra de retirarse de las calles, que quedaban de nuevo en manos del Ejército. El pulso tiene un ganador, Hizbolá, y un perdedor, el Gobierno, que se esconde tras los muros del Parlamento y espera que el Ejército conserve su neutralidad por largo tiempo y medie entre ambos contendientes para que ninguno salga perjudicado. A última hora de la tarde las calles seguían vacías, la única presencia humana era la de los militares y la de los milicianos chiíes. Cada uno en su lugar, respetando las distancias, sin buscar la confrontación y llevando poco a poco el relevo. Los primeros uniformados y tensos, los segundos más informales y con gesto tranquilo, la tranquilidad de quien se sabe ganador. El olor a quemado seguía impregnando la noche beirutí y el jolgorio de los sábados no asomaba por ningún lado. Beirut ha sido una ciudad en guerra durante cinco días. Ha sido un golpe de autoridad de Hizbolá que ha sorprendido a las milicias leales a Saad Hariri, líder del Movimiento de Futuro, la principal fuerza del bloque antisirio en el país, que en ningún momento pudieron plantar cara. El partido de Dios, el célebre estado dentro de un estado rompió con esta máxima y tomó el mando de Beirut, un gesto que a muchos les retrotrae a los recuerdos de la terrible guerra civil que sufrió el territorio entre 1975 y 1990. Mientras que la situación se estabilizaba en Beirut, en el norte del país, en las cercanías de la ciudad de Trípoli los combates entre seguidores de Hariri y formaciones prosirias no cesaron en todo el día y produjeron al menos una docena de muertos. La única carretera de acceso a Beirut era precisamente la de la costa, que cruza Trípoli, por lo que los coches volaban a su paso por la ciudad portuaria bajo el silbido de las balas. Hizbolá domina el sur libanés y también ha controlado sin problemas el corazón del país, Beirut. La milicia chií salió de sus dominios para plasmar su superioridad a base de barricadas y controles militares, y sus responsables volvieron a su feudo cuando lograron lo que buscaban. Ahora les queda la segunda parte, lograr reabrir el diálogo nacional del que los dos bandos enfrentados en Líbano llevan hablando desde el asesinato del ex primer ministro Rafic Hariri en 2005, pero que nunca ha comenzado. La presente crisis es la punta del iceberg de una situación que se remonta a la guerra del verano de 2006 en la que Israel destrozó Líbano y Hizbolá se erigió en el auténtico ejército del país del cedro. Tras esa primera demostración de fuerza, llegó el abandono a finales de años de los ministros chiíes del Gobierno de Siniora por considerarlo ilegítimo Ciudad fantasma Cinco días de control amarillo Un grupo de simpatizantes del Gobierno de Siniora posan en Trípoli tras la quema, ayer, de las oficinas de un partido prosirio REUTERS La ministra de Defensa reconoce que el nivel de alerta de las tropas españolas es máximo La situación de los 1.100 soldados españoles que se encuentran desplazados en la base Miguel de Cervantes en Marjayún, al este del Líbano, están a la espera de recibir nuevas instrucciones por parte de la Fuerza Interina de Naciones Unidas, bajo cuyo mandato realizando su misión, según reconoció ayer la ministra de Defensa, Carme Chacón, en su primera comparecencia pública, desde que accedió al cargo, informa Paloma Cervilla. La titular de Defensa se vió obligada a reconocer que el nivel de alerta en el que se encuentran las tropas es máximo tras la violenta revuelta protagonizada por Hizbolá en la capital libanesa, que ha llegado a cerrar el aeropuerto de Beirut, principal punto de entrada y salida para las tropas internacionales que se encuentran desplegadas en la zona. Carme Chacón no quiso especificar en qué nivel de alerta se encuentran las tropas y si hay activado un plan de evacuación de las mismas, en el caso de que la situación de violencia se extendiera a la zona donde se encuentra el contingente español. En este sentido, subrayó que los militares españoles siguen desarrollando con normalidad su misión y que el Ministerio de Defensa analiza la situación más que puntualmente y con la máxima atención y preocupación Además, precisó que se han extremado estas medidas de seguridad, como así lo ha indicado la Finul. Estos niveles de alerta se irán adecuando a las circunstancias España cuenta con un plan de evacuación para la salida de tropas, aunque no ha sido activado.