Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
10 OPINIÓN DOMINGO 11 s 5 s 2008 ABC AD LIBITUM UN NÁUFRAGO LLAMADO RAJOY OS servicios de propaganda que asisten a José Luis Rodríguez Zapatero, la más eficaz de las máquinas que maneja el presidente, se han sacado de la manga una Ley de Libertad Religiosa que no estaba prevista en el programa electoral del PSOE. ¿Trata de abordar una necesidad sobrevenida en nuestra convivencia? Evidentemente, no. El problema al que se refiere es tan viejo como se quiera que sea la antigüedad del Estado Español. Lo que pretenden es encontrar un nuevo pretexto, o reverdecer uno pasado, para que los españoles enfrentemos nuestras posturas hasta el M. MARTÍN borde de partirnos la FERRAND crisma los unos a los otros y así, en la trifulca, pasar por alto los desatinos con que la pachorra de Pedro Solbes gestiona una difícil situación económica que se agrava con la aplicación y el seguimiento de un Presupuesto que ya nada tiene que ver con la realidad sobre la que se redactó. A pesar de la crisis, que es creciente, y de la errática conducta gubernamental, el monopolista de la oposición, Mariano Rajoy, continúa mirándose el ombligo y recabando apoyos y compromisarios para seguir en el machito. Tened la certeza y la seguridad- -dice el del PP- -de que sé lo que estoy haciendo ¡Hombre de Dios! Todo el mundo sabe lo que hace. Incluso Josep Lluís Carod- Rovira que, a pesar de estar instalado en un cargo representativo del Estado, demanda- ¡para antes de 2014! -un ejército catalán, como tienen todos los países de la UE Hasta el muy corrupto y trincón sheriff de Coslada sabía lo que estaba haciendo. Que Rajoy se justifique diciendo que él también lo sabe invita a la alarma antes que al sosiego. Rajoy tiene una extraña manera de ejercer la oposición. Gastó los dos primeros tercios de la pasada legislatura en tratar de explicar, sin conseguirlo, los errores que le hicieron perder las legislativas de 2004 y las torpezas con que el Gobierno del PP gestionó el mazazo del 11- M. El tercio restante lo consumió en una larga y mal llevada campaña electoral. Cumplidos ya dos meses de su segunda derrota, puesto en cuestión, se concentra en buscar amarras para seguir al timón. No le queda tiempo para ejercer la oposición que le corresponde según el juego democrático. Aún así, dejándole a Zapatero el campo libre de obstáculos y a los ciudadanos privados de referencia crítica, Rajoy promete actuar con responsabilidad, sensatez y sentido común ¿A partir de cuándo? Si verdaderamente sabe lo que hace y le funcionan las glándulas que- -supongo que las habrá- -segregan la sensatez de los adultos, sabrá también que su conducta es la de un náufrago. Agarrado a un tablón, se mantiene a flote. No navega, ni puede hacerlo, con el rumbo debido. Se ha convertido en su propia parodia y, cuando quería vendernos una refinada astucia, ha demostrado la de su antagonista, Zapatero. L -Se lo aseguro: usted necesita que yo le proteja de mí. PROVERBIOS MORALES ISRAEL N el sexagésimo aniversario de la fundación del Estado de Israel, los periódicos españoles recuerdan la inmediatez de su reconocimiento por los Estados Unidos, y no paran de hablar de Al Nakba, la mítica catástrofe fundacional de la identidad palestina. Antiamericanismo subrogado y victimismo arcaico. Para eso da la efemérides. Para una cobertura periodística sudanesa. Israel es una nación. Probablemente, una de las dos únicas naciones dignas de tal nombre que quedan en el mundo (la otra es los Estados Unidos, por supuesto) Los palestinos son menos nacionalidad hoy que hace diez años. Parece que se cumple trágicamente en ellos aquel viejo principio aplicable al mundo árabe en su conjunto: nada provoca en él mayores divisiones fratricidas que la aspiración a la unidad. Culpar a Israel de las tensiones- -seamos, por una vez, eufemistas- -entre Hamás y la OLP resultará todo lo progresista que se quiera, pero ni los mismos árabes se tragan ya semejante patraña. Los que simpatizan con la Autoridad Nacional Palestina culpan a Hamás, y a la inversa. Aquí, la prensa proárabe (que, como es sabido, desprecia a los áraJON bes) ni se entera. JUARISTI Que Israel sea una nación tiene ventajas e inconvenientes para los israelíes. Entre las ventajas, la mayor sigue siendo, hoy como en 1948, la posibilidad de vivir la condición judía con la relativa normalidad asegurada por un Estado que se define como judío y una población que mayoritariamente se reconoce en esa identidad. O sea, que un ciudadano no tiene que andar dando explicaciones de por qué es judío, lo que, si hasta en Newark, New Jersey, se hace difícil, a pesar de la abundancia de judíos en el vecindario, para qué hablar de cómo se sobrelleva en Madrid. En cambio, el Estado de Israel ha conseguido reducir el antisemitismo ambiental a un mínimo soportable. Por otra parte, los israelíes comparten un proyecto: subsistir como una nación democrática. No es poco, habida cuenta del panorama, y pocos países lo tienen tan cla- E ro. Que, además de todos los esfuerzos invertidos en esa tarea, les quede energía suficiente para convertirse en una referencia mundial en nuevas tecnologías e incluso haya producido una literatura de calidad más que respetable dice bastante a favor de la fórmula nacional, tan desacreditada en Europa. El inconveniente más grave se deriva de que tratan de sacar adelante dicho proyecto en medio de países que no han conocido la democracia y donde la sola idea de nación es impugnada o violentamente combatida por el islamismo. Hace veinte años, las principales amenazas para el proyecto israelí venían de un nacionalismo árabe, incluido el palestino, que hoy se bate (en retirada) con el mismo enemigo que persigue la aniquilación de Israel. Obviamente, Israel no puede esperar nada de los restos del nacionalismo árabe. ¿Es razonable suponer que las democráticas sociedades occidentales se mostrarán hoy más sensibles y comprometidas hacia el Israel amenazado directamente por el régimen iraní y por la marea fundamentalista de Oriente Medio? Pues tampoco, y España es un perfecto ejemplo. La extensión de la democracia social debilita la nación- estado y suscita antipatías espontáneas, más o menos trufadas de mala fe, contra los Estados nacionales que quieren persistir en su ser. El antisemitismo clásico, de derechas, odiaba a los judíos por su supuesto rechazo de la nación. La nueva judeofobia de izquierdas condena a los israelíes a causa del apego de éstos a la forma nacional. ¿Cabe esperar una actitud distinta en los nacionalismos secesionistas? A la vista está que no. Las izquierdas nacionalistas son abiertamente hostiles al Estado de Israel, y los nacionalismos de derechas, que buscan desesperadamente votos en el electorado radical, se cuidan mucho de no desempolvar la retórica pro- israelí que en otro tiempo caracterizó a fuerzas como el PNV o CiU. En conjunto, los españoles, como la mayoría de los europeos no alemanes, optan por la irresponsabilidad suicida. Pues Israel ya no es el gran obstáculo para el Estado palestino (bastante obstáculo tienen los palestinos con ellos mismos) sino la barrera que necesita romper el islamismo para merendarse a Europa.