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ABC SÁBADO 10- -5- -2008 85 El perfume de Chenel ABC ofrece mañana una fantástica lámina sobre Antoñete, la sexta de la exclusiva colección Los Mejores Toreros de la Historia POR JOSÉ LUIS SUÁREZ- GUANES MADRID. ABC ofrece mañana a sus lectores una exclusiva lámina de Antoñete, la sexta de la colección Los Mejores Toreros de la Historia La ilustración, en cartulina verjurada, cuenta con una caricatura a todo color- -obra de Carmelo Calvo- -y unos apuntes y datos biográficos. Sólo con ABC y con un precio adicional de 3,99 euros. Torero de Madrid por los siglos de los siglos, Antoñete nació en la capital el 24 de junio de 1932. Tomó la alternativa el 8 de marzo de 1953, en Castellón de la Plana, de manos de Julio Aparicio y en presencia de Pedrés, con toros de Curro Chica. Confirmó el 13 de mayo de 1953, con Rafael Ortega, Julio Aparicio y toros de Alipio Pérez- Tabernero. Muchas veces en la cima- -sobre todo en su madurez cincuentona- -y otras tantas en el olvido, en la falta de corridas y hasta casi tomar la decisión de hacerse banderillero. El maestro del mechón blanco renació de sus propias cenizas un mes de agosto de 1965 en Madrid frente a un toro de Félix Cameno, preludio de aquella melodía sinfónica que fue la faena al toro Atrevido de Osborne, en el San Isidro de 1966. Pero antes de este Antoñete resurgido, cortado por una lesión ósea en la francesa Fréjus, hubo el Antoñete juvenil y arrogante en los 50, que compitió con Jumillano, Pedrés, Chicuelo II, César Girón... Otro Antoñete interrumpido por una lesión en Málaga y las cornadas inoportunas. Retirado en 1975 en tarde de luces y sombras, volvió radiante en los ochenta para enseñar el sentido de las distancias, el dejar ver cómo se sale con galanura de las suertes y presenciar el impacto de su toreo natural y de su genuina media verónica. Torero de Madrid por antonomasia, acercó la Fiesta a la nueva intelectualidad de la transición y a la juventud de la movida capitalina. Rey de Las Ventas, trajo en su mechón blanco la nostalgia de los tiempos idos y la seguridad de que mientras haya toros en la Monumental madrileña veremos siempre la sombra de Atrevido -el toro blanco, como se le llamó popularmente- y los garzones Danzarín y Cantinero de su época de esplendor, y aquellos dos de Las Ramblas que, sexagenario, ofreció a Madrid para eternizar la cátedra de su toreo y dejar su perfume por siempre. César Jiménez, en un natural ayudado con la espada con un solo pitón, como empujó en el caballo. Eso fue lo que dio de sí la corrida. Y la tarde. Apuntó cosas el zancudo tercero, armado con dos leños por delante. De César Jiménez lo que más gustó fue su cuadrilla: Montoya con limpieza en la brega y Víctor Hugo Saugar, de la dinastía de los Pirri y Jesús Arruga con eficacia con los palos. En el tramo inicial de la faena, el ibán se desplazaba si se le hacían las cosas por abajo, que fue cuando Jiménez le sacó algunos derechazos. Pero confunde C. J. acinturarse con torear sin cintura, meter los riñones con tumbarse hacia atrás, y así es difícil la naturalidad que dice pretender. Presentó la izquierda con horrible colo- EFE cación, el toro enganchó las telas y ya no fue el mismo. O porque se desengañó o porque era lo que tenía que durar. El violento sexto no sirvió, y Jiménez tampoco. Ni con la espada. El chico segundo se arrancó pronto al caballo y derribó. Fue todo. Luego se descompuso, rebrincado y con más cabezazos que los que tiene el registro de Santillana. También cabeceó tela un sobrero de casi seis años y hosca expresión de Navalrosal, pésimamente lidiado entre enganchones. Quedó gazapón, y López Chaves no tiró la moneda al aire ni le sacó la muleta por debajo de la pala. No anda para muchas guerras Chaves. www. zabaladelaserna. com ENTREBARRERAS He matado con limpieza y la gente lo ha agradecido R. PÉREZ MADRID. Recibió El Fundi las más sinceras ovaciones de la tarde, aunque no pudo redondear cómo le hubiese gustado. El cuarto pudo ser el toro de mi conquista de Madrid, pero la voltereta lo dejó mermado y el viento imposibilitaba llevarlo tapado y metido en la muleta En cuanto al que abrió plaza, el de Fuenlabrada comentó: Apenas transmitía, pero he estado correctamente, he matado con limpieza y la gente me lo ha agradecido César Jiménez cumplía ayer seis años de alternativa y quería celebrarlo por todo lo alto en Las Ventas. A ver si recupero la ilusión e inocencia de los inicios dijo. Pero el éxito no llegó: El tercero parecía que tenía buen aire en el capote. Sin embargo, luego se ha venido abajo, protestaba y rebrincaba Chaves también abandonó la plaza desencantado. Perera corta dos orejas en la Feria de Nimes ZOCATO NIMES. La alegría de vivir existe también en los toros. La hemos encontrado. El primer toro era capaz de ayudar al vecino en la mudanza, o de ayudar a una vieja señora a llevar sus bolsas de compra. Fue un toro con esa alegría del fuego de las chimeneas en los inviernos nevados. Al contrario, Juan Bautista puso tristeza. O falta de alegría. Día de lluvia en el corazón del torero, que parece afligido. En el otro toro intentó poner llamas y volver a encender su corazón y su alma. Lo intentó, pero no lo consiguió a pesar de una buena estocada. Saludó. Al inverso, en los jardines de la felicidad y de la armonía, se encuentra Miguel Ángel Perera. El segundo toro de El Puerto de San Lorenzo (que lidió una corrida con nobleza en conjunto) embestía de manera cada vez diferente. Perera supo darle el punto de equilibrio y le contó una historia con sentido y arquitectura. Pena que la espada se fue un poco baja en el noble quinto, porque vimos un faenón. Tres cambios detrás de los riñones en la mitad del platillo, tres tandas de largos derechazos y la dulzura y el temple que tienen las camisas bien planchadas. Perera es un reposo, una felicidad, como cuando uno contempla la mar en un sillón americano las noches de septiembre. Acabó la faena con circulares y paseó dos orejas, con la plaza llena. Y por fin Alejandro Talavante, con un valor tremendo y cotidiano, como para decirle al sepulturero: Vuelva usted mañana... Se la jugó por el pitón izquierdo del soso tercero e hizo un esfuerzo insostenible de valor con el último. Chapó a Talavante, que cortó una oreja.