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10 5 08 GASTRONOMÍA El maestro Wu Tseng- dong, con una de sus piezas, al término del proceso de forja de un fragmento de bomba reciclado Bombas de ayer, cuchillos de hoy Desde hace 60 años, una empresa familiar de las islas Kinmen, en Taiwán, utiliza el acero de las bombas lanzadas sobre sus costas por las tropas comunistas de Mao para fabricar los mejores cuchillos de Asia TEXTO Y FOTOS: PABLO M. DÍEZ ENVIADO ESPECIAL A LAS ISLAS KINMEN (TAIWÁN) En el filo o que no mata engorda y, en ocasiones, hasta puede hacerte rico. Es lo que le ha ocurrido a la fábrica de cuchillos Chin Ho Li de Taiwán, que funciona desde hace más de 60 años en la isla de Kinmen, a sólo diez kilómetros de la China continental. Precisamente dicha cercanía es la que ha traído la prosperidad a esta empresa familiar, pero también podría haberle causado su ruina, e incluso la muerte, porque China y Taiwán permanecen separados desde que las tropas nacionalistas de Chiang Kai- shek se refugiaron en esta isla tras su derrota frente a las fuerzas comunistas de Mao Zedong en la Guerra L Civil (1945- 49) Desde entonces, Pekín viene reclamando la soberanía de Taiwán y con el fin de someter a esta provincia rebelde el régimen comunista lo ha intentado todo, desde el reciente acercamiento que ha propiciado su crecimiento económico hasta los intentos de invasión del pasado, durante los años más duros de la Guerra Fría De hecho, fue una de estas operaciones militares la que cambió la suerte de la firma de cuchillos Chin Ho Li y, de manera indirecta, la abasteció de abundante materia prima para el futuro. Todo empezó a las cinco y media de la tarde del 23 de agosto de 1958, cuando la China comunista inten- tó conquistar Taiwán. En sólo 85 minutos, cayeron sobre las playas de Kinmen más de 30.000 bombas. Hasta el 5 de octubre de ese año, la Artillería del Gran Timonel disparó 479.554 proyectiles, muchos de los cuales aún continúan enterrados en la arena en este pequeño archipiélago de 150 kilómetros cuadrados y 80.000 habitantes. Y aunque jamás fueron tomadas, las islas Kinmen recibieron hasta 1978 cinco millones de bombas que causaron gran muerte y destrucción, pero que, paradójicamente, sirvieron también para que la marca Chin Ho Li se enriqueciera en lo que supone un lucrativo ejemplo de reciclaje. Utilizamos los numerosos fragmentos que aún siguen enterrados en las playas como materia prima explica a ABC el presidente de la compañía, Wu Tseng- dong, quien ha recogido el testigo de sus antepasados en este negocio familiar. No en vano, su abuelo, Wu Tsong- shan, fundó la fábrica en la vecina provincia de Xiamen, en el continente, durante los últimos años de la dinastía Qing. Después, el hijo de éste, Wu Chao- hsi, trasladó la forja a la isla de Kinmen y, en un momento de gran escasez de acero debido a la Segunda Guerra Mundial, empezó a recoger las bombas aliadas. Cada mes recibimos unos 100 proyectiles a un precio de unos 1.000 dólares de Taiwán por pieza (21,27 euros) desgrana Wu Tsengdong. El maestro como le gusta denominarse en castellano, extrae del hierro de cada carcasa una media de 80 cuchillos que suelen costar 2.600 dólares de Taiwán (55,31 euros) pero que pueden llegar a valer hasta 28.000 dólares de Taiwán (595,70 euros) si se forjan en ediciones especiales para coleccionistas. Un auténtico negocio redondo porque, con sólo cinco empleados, produce al mes entre 2.000 y 3.000 cuchillos y se ha ganado una merecida fama. El secreto es la buena calidad del acero de los proyectiles que tiraban las tropas comunistas confiesa el maestro Wu en la forja fundiendo el hierro para fabricar un cuchillo. Wu le da forma aporreándolo ruidosamente con un martillo mientras las chispas del metal saltan por toda la habitación, inundada de viejas bombas despanzurradas. En Kinmen hay otras fábricas que se dedican a lo mismo, pero ninguna tiene nuestro prestigio ni tradición se enorgullece el cuchillero, quien colabora con ingenieros japoneses en el diseño de sus modelos. Por ese motivo, sus afiladas hojas no faltan en los mejores restaurantes de Taiwán y son sumamente apreciadas por sus cocineros.