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4- 5 S 6 LOS SÁBADOS DE EXPOSICIÓN DÍAS DE JÚBILO Pibes del 68 as conmemoraciones de Mayo 68 me hicieron volver al almanaque y alinearme, por edad, con los pibes de aquella primavera. En Madrid y Praga los muchachos se agitaron contra regímenes dictatoriales. En México, contra la policía del partido único de hecho. Un año más tarde, en mayo de 1969 y en la Córdoba argentina, los estudiantes hicieron retroceder a la policía de una dictadura. Nada de esto ocurrió en París, ciudad donde se asentaba una antigua democracia y había un aceptable estatuto de libertades públicas. Ni siquiera cabía pedir respeto racial como en los Estados Unidos de Berkeley y Nueva York. Sin embargo, como siempre, los franceses se alzaron con el medallón de la efemérides. Es su talento: universalizar sus eventos locales. ¿Recuerdan esos grabados en que una tropa de cocineras asalta la Bastilla, una cárcel en desuso? Pues se ha convertido en el emblema de las revoluciones occidentales, nada menos, la Revolución Francesa. Con Mayo 68 pasa algo similar. La cantidad de consignas que pedían lo imposible y enaltecían las ciudades utópicas como modelo del futuro, han dejado una herencia literaria que rodea con su densidad el mero hecho: un enorme happening callejero que afectó al barrio más antiguo de París, el Quartier Latin de los cómitres y alumnos medievales. Los sindicatos obreros consiguieron algo más porque siempre se mueven por conquistas tangibles y no por consignas ambiciosas y bellas. No quieren lo imposible, quieren algo mejor. Nada más, nada menos. Tal vez, si algo explica Mayo 68 es que las revoluciones son lo contrario de lo que parecen. Lo dijo Ortega hace mucho: las revoluciones no se hacen contra los abusos, para lo cual están las revueltas y las rebeliones, sino contra los usos. Y los usos no cambian armando barricadas de quince días con los adoquines del viejo y glorioso Barrio Latino. Un amigo, argentino y músico, al que también alineo entre los pibes del 68, vivía por entonces allí y anduvo merodeando los lugares del follón primaveral. Le pregunté qué había pasado después de mayo, qué es lo que vino. Me contestó: Después de mayo vino junio y como se habían suspendido las clases y se acercaba el calor, preparamos las vacaciones L Blas Matamoro Soñando con hadas TEXTO: P. ESPINOSA DE LOS MONTEROS Hadas, ninfas, cisnes, mujeres- flor o libélulas inundaron los cuellos, escotes, dedos y el pelo de las mujeres hace un siglo Y es que cien años de legado Art Nouveau dan pie a mucho. Entre otras cosas a esta exposición de joyas que durará todo el mes de mayo en la galeria de Marta Alcolea, de Madrid. Art Nouveau es como se llamaó en Francia a este movimiento, pero en cada país tiene su nombre particular. Se origina en el cambio de siglo y dura muy poco, apenas 8 o 10 años. Fue un movimiento paralelo a la Belle Epoque y una reacción radical a ese movimiento. El primero estaba influenciado por temas historicistas, como las guirnaldas de Luis XVI, mientras que el Art Nouveau plantea temas simbolistas con estética japonizante y medieval: criaturas mágicas, libélulas y cisnes son algunos de sus motivos preferidos. Fue un estilo breve pero intenso y el artista, cada artista, era un creador que dejaba su sello particular. Exponentes fueron Lalique, George Fouquet, Henri Weber y, en España, Lluis Masriera. Coincide con todas las artes decorativas de la época: muebles, telas, carteles o gráfica. Los materiales son siempre nuevos, nunca experimentados antes, como perlas exóticas, nacar, ópalos, conchas, marfiles y el esmalte plique- à- jour recuperado de la época medieval. La joya se concibe como una obra de arte que narra una historia. Marta Alcolea, Conde de Aranda, 7. Madrid