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40 INTERNACIONAL SÁBADO 10 s 5 s 2008 ABC Músculo ruso en la Plaza Roja El nuevo tándem formado por el presidente Medvédev y el premier Putin presidió ayer el Desfile de la Victoria en Moscú, en el que por vez primera desde 1990 volvieron a aparecer misiles y tanques RAFAEL M. MAÑUECO CORRESPONSAL MOSCÚ. Por ahora no se observan grandes diferencias en la verborrea del nuevo presidente ruso, Dmitri Medvédev, y de su predecesor, Vladimir Putin. Ambos continúan siendo uña y carne y juntos presenciaron ayer en la Plaza Roja el gran desfile conmemorativo del 63 aniversario de la Victoria sobre la Alemania nazi en la II Guerra Mundial. Después de 18 años, sobre el adoquinado de la vieja plaza rodaron otra vez los aparatosos misiles nucleares en sus plataformas móviles y las orugas de los tanques. Como en los tiempos soviéticos, tampoco faltaron las críticas a Occidente e incluso las amenazas soterradas. El encargado de proferirlas fue Medvédev. Como presidente del país es además Comandante Supremo de sus Fuerzas Armadas. En alusión a Kosovo, el primer mandatario ruso advirtió en la tradicional arenga previa al comienzo de la parada militar que debemos tomarnos muy en serio los intentos de injerencia en los asuntos internos de otros países y, más aún, las tentativas de revisar sus fronteras A juicio de Medvédev, no hay que menospreciar las normas del derecho internacional porque sin ellas no existirían la seguridad global y el orden mundial Los conflictos armados no estallan por sí mismos, sino que los instigan aquellos cuyas ambiciones irresponsables se contraponen a los intereses de países y continentes enteros alertó el presidente ruso en clara referencia a EE. UU. Medvédev dijo que nuestro Ejército y nuestra Armada cobran fuerza, igual que el conjunto de Rusia y aseguró que el armamento exhibido en la Plaza Roja servirá para garantizar una defensa fiable de nuestra patria El nuevo presidente ruso tuvo también palabras de recuerdo para los 27 millones de caídos del Ejército Rojo entre 1941 y 1945 y para los veteranos aún vivos. Tras terminar su alocución, unidades de a pie, las de cabeza ataviadas con el uniforme soviético de los años de la guerra y los estandartes rojos de entonces con la hoz y el martillo, comenzaron a marchar sobre la Plaza Roja. Putin, que el 9 de mayo del año pasado comparó a EE. UU. con el III Reich, en esta ocasión no intervino. Después aparecieron 110 vehículos acorazados, entre ellos los T- 90, el tanque más moderno con el que cuenta hoy día el Ejército ruso, y los poderosos blindados para transporte de tropas BMP- 4. El desfile en tierra lo cerraron los misiles. Primero los Iskander- M, diseñados para burlar el escudo antimisiles estadounidense, y, finalmente, los cohetes intercontinentales Tópol- M, capaces de portar varias cabezas atómicas y superar distancias de más de 11.000 kilómetros. Tienen una longitud de casi 23 metros y la plataforma que los transporta pesa cien toneladas. La última vez que en Plaza Roja se mostraron misiles nucleares fue en 1990. Los desfiles se reanudaron en la céntrica y bella explanada moscovita en 1996, pero ya sin el empleo de material pesado. La idea de sacar otra vez armamento atómico ha sido de Putin, quien, no obstante, afirmó hace unos días que no estamos blandiendo las armas, no queremos amenazar a nadie. Se trata sólo de una demostración de nuestra creciente capacidad defensiva La estrella entre los 32 aviones que ayer surcaron el cielo de Moscú fue el nuevo bombardero estratégico Tu- 160, preparado para albergar en sus bodegas hasta 10 bombas atómicas. En el evento castrense participaron más de 8.000 militares. La broma le va a costar al Ayuntamiento de la capital rusa cerca de 30 millones de euros. El dinero será empleado en reparar el asfalto de las calles por donde pasaron los tanques y el empedrado de la Plaza Roja, pese a que las orugas iban dotadas de una cubierta especial. Hillary Clinton agradece el apoyo de sus partidarios en un mitin en Central Point (Oregón) AP Hillary Clinton no asume aún su derrota y sigue en campaña Barack Obama da los primeros pasos para aliviar la fractura interna del Partido Demócrata creada por las primarias PEDRO RODRÍGUEZ CORRESPONSAL WASHINGTON. Aunque todo tipo de resultados, parámetros de legitimidad y cálculos matemáticos coinciden en que Hillary Clinton no será la candidata presidencial del Partido Demócrata en las elecciones de noviembre, la ex primera dama ha optado por seguir con su campaña en la que ha invertido casi dos años de dedicación exclusiva, 200 millones de dólares y también el prestigio político de su marido. Empujada por una inercia difícil de frenar, la senadora persiste en hacer mítines, solicitar donaciones y calibrar su decreciente respaldo entre la jerarquía de su partido. Como si los resultados de este martes en Indiana y Carolina del Norte no hubieran inclinado casi de forma definitiva la balanza a favor de Barack Obama, Hillary ha proseguido con su agenda de mítines y apariciones electorales en las próximas paradas del itinerante pulso de primarias. Sin privarse en ningún momento de ser presentada con el típico vocativo electoralista de la próxima presidenta de Estados Unidos Actividad inmutable también reproducida por su marido, dedicado sobre todo a conectar con audiencias rurales y trabajar el frente de la recaudación de donaciones. Hasta Mark Penn, el degradado asesor electoral de Hillary, habría producido un memorando estableciendo una nueva estrategia electoral hasta el final del calendario de primarias previsto para el 3 de junio. Todo un aire de normalidad y continuidad que ayer contrastaba con la última portada de la revista Time que junto al retrato de Barack Obama titulaba Y el ganador es... Los altos cargos del Partido Demócrata que se han reunido en los últimos días con Hillary Clinton también han confirmado que la senadora no aparece concentrada en formular una estrategia de salida. Ante esta dinámica, Barack Obama ha rechazado triunfalismos y asumir públicamente el papel de nominado. En declaraciones a la cadena NBC, el senador por Illinois insistía en que todavía no ha llegado ese momento: Yo no doy nada por sentado Fuentes cercana a la campaña de Hillary insisten en que a la senadora aspira a terminar su candidatura con una nota positiva, como por ejemplo tras ganar en las primarias de Virginia Occidental y Kentucky, previstas respectivamente para el 13 y el 20 de mayo. Y también aspira a que el Partido Demócrata eventualmente ofrezca una solución a los resultados en disputa de Florida y Michigan. En una carta enviada a Barack Obama, cuya ventaja no corre peligro por esas primarias anuladas, la senadora ha solicitado a su rival ayuda para que todos esos votantes no sean ignorados. Junto al goteo ya constante de superdelegados neutrales que se van pronunciando a favor de Obama, Hillary Clinton también está recibiendo presiones para que no realice más argumentos raciales a favor de su candidatura y adopte un tono más positivo en lo que resta de su campaña. Sin entrar en las dificultades de su rival para conectar con la clase trabajadora blanca. Aunque lo único seguro es que la senadora tiene la intención de competir el martes que viene en Virginia Occidental. Obama, por su parte, ha empezado a tomar sus primeros y respetuosos pasos encaminados a enmendar las divisiones en el seno del Partido Demócrata. En una visita a la sede del Congreso en Washington, el senador ha sido recibido con el entusiasmo de un confirmado candidato presidencial. Matemáticamente, esa confirmación podría llegar el próximo 20 de mayo, con las primarias de Oregón y Kentucky. El nuevo bombardero No más argumentos raciales La confirmación de Obama podría llegar el próximo día 20, con las primarias de Oregón y Kentucky Aunque ayer sólo habló Medvédev, la idea de volver a desplegar los cohetes en público fue de Putin