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34 INTERNACIONAL www. abc. es internacional SÁBADO 10- -5- -2008 ABC En la tumba del río Pyapon Mientras los cadáveres de personas y animales quedan varados entre los juncos del río Pyapon, a 150 kilómetros de Rangún, los vivos intentan recobrar la normalidad lavándose a pocos metros de los muertos y reconstruyendo sus chozas derruidas POR PABLO M. DÍEZ ENVIADO ESPECIAL PYAPON. Una semana después de que el devastador ciclón Nargis arrasara el sur de Birmania y se cobrase más de 60.000 muertos y desaparecidos, los cadáveres de muchas de estas víctimas siguen flotando y pudriéndose sobre las aguas en el río Pyapon, que pasa por la localidad del mismo nombre situada a unos 150 kilómetros de Yangón (Rangún) la principal ciudad del país. Y es que los ríos y arrozales que conforman el delta del río Irrawaddy, la región más castigada por los vientos huracanados de casi 200 kilómetros y las olas de tres metros que azotaron Birmania el fin de semana, se han convertido en una enorme fosa común al aire libre debido a la incapacidad del Gobierno para hacer frente a los efectos de este desastre natural. Así lo comprobó ayer ABC, el único medio español que ha podido entrar en Birmania para informar sobre la tragedia, en un siniestro crucero por el río Pyapon, donde decenas de cadáveres siguen varados entre los juncos de sus orillas. Monstruosamente inflados por el agua y con la piel amoratada, los cuerpos sin vida de personas, vacas y búfalos de agua siguen descomponiéndose sin que nadie pueda hacer nada entre los restos de las casas derruidas en medio de un insoportable hedor a muerte que invade todo el aire. De lejos, parecen espantosos muñecos de plástico que flotan sobre el agua con los brazos y la piernas extendidas, pero de cerca la visión es todavía más espeluznante. Sus rostros, en avanzado estado de putrefacción, se han ennegrecido hasta borrárseles los ojos y la boca y dejarlos irreconocibles. Nadie sabe quiénes son ni los ha reclamado, posiblemente porque sus familiares están buscándolos a muchos kilómetros de aquí o han muerto también. La marea provocada por el ciclón los trajo hasta Pyapon y ahora se han quedado atrapados entre los juncos en su camino de regreso al mar siguiendo la corriente del río. Para liberarlos de la maleza, algunos supervivientes los empujan con palos con el fin de devolverlos al cauce, pero otros los ignoran e intentan recobrar su normalidad diaria a pocos metros de los horrendos cadáveres. Muy cerca de dichos cuerpos inertes, y a pesar del olor que despiden, las mujeres y los niños siguen lavándose en el río mientras los hombres se afanan por reconstruir sus chozas de madera. La tragedia es tal que, ante la falta de ayuda humanitaria, a los supervivientes no les queda más remedio que dedicar las pocas energías que aún les quedan a buscar entre los escombros de sus hogares derruidos y a limpiar ellos mismos los árboles caídos que se acumulan en las calles. No nos ha quedado nada y nadie ha venido a asistirnos se queja a ABC Nini Win, una mujer que vivía con los ocho miembros de su familia muy cerca del río y, el sábado por la noche, vio cómo su casa se venía abajo y casi los sepultaba. Ahora está desesperada porque sabe ya con seguridad que no podrá levantar su vivienda de nuevo, ya que su marido, un funcionario de Correos, sólo gana 3.000 kyats al mes (unos 25 euros) y forma parte de ese 90 por ciento de birmanos que vive en la miseria con menos de un dólar al día. Los mismos problemas, tanto de ingresos como de alojamiento, tiene Khin Kyi, quien sostiene entre los brazos a su bebé sentada en una silla que parece ser lo único que queda de su casa. El río se desbordó y el agua llegó a un metro de altura antes de que volara el tejado y se derrumbaran las paredes explica todavía visiblemente conmocionada por el violento ciclón. A tan solo unos pocos kilómetros de Pyapon, en el pequeño pueblo de Kyaiklat, el cata- Entre los escombros Espeluznante visión Algunos birmanos han podido recibir el agua embotellada que distribuyen cooperantes locales clismo Nargis ha causado tal ola de destrucción que tardará muchísimo tiempo en ser reparada. De momento, estamos durmiendo en el monasterio, pero todavía no sabemos dónde vamos a ir relata a ABC Aung Dhu, que intenta obsesivamen- AP Sólo hemos recibido un par de puñados de arroz y 100 kyats (unos 10 céntimos de euro) te rescatar de entre los escombros los mojados y ya probablemente inutilizados libros de texto de sus hijos. El tejado de su casa fue arrancado por la furia del viento y las paredes se cayeron poco después de que los nueve