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10 OPINIÓN SÁBADO 10 s 5 s 2008 ABC AD LIBITUM UNIFORMADA L policía corrupto es un personaje inseparable de la realidad social y, por ello mismo, de la ficción literaria. Desde Aristófanes a nuestros días, resultan incontables los personajes que, teniendo por función y compromiso la defensa de la ciudadanía, se han cebado contra ellos, violado sus derechos, vaciado sus bolsas y hasta perjudicado su integridad física. El mal forma parte de la naturaleza humana y es impensable, y posiblemente indeseable, un mundo arcangélico, sin imperfección alguna en la que cada cual hace lo que debe sin deber nada de lo que hace. M. MARTÍN El problema está en la FERRAND dosis, en la proporción. La detención del jefe de la Policía local de Coslada, Ginés Jiménez Buendía, y de una treintena de los agentes a sus órdenes- -uno de cada cuatro de los existentes- es una noticia que debe alertarnos por lo que tiene de síntoma de una patología creciente. Cualquier grupo de actividad, desde la Policía a los periodistas, pasando por los jueces y los panaderos, puede permitirse el lujo de contar en su seno con algún miserable que, con su conducta, perjudique el buen nombre del colectivo. Un colectivo que, por conocimiento y proximidad, es el más capacitado y dispuesto para advertir las irregularidades de sus colegas y aventarlas en evitación de daños futuros a la comunidad. Lo más escandaloso de lo que ocurre en Coslada no son las tres decenas de policías corruptos, sino el silencio corporativo de los demás, de quienes en un mal entendimiento del corporativismo- -el más español de todos ellos- -les han protegido con su silencio y, de hecho, han facilitado tan notable felonía. A mayor abundamiento, el jefe de la banda uniformada se ha permitido declarar, no sin un punto de galleo, que se trata de una venganza de la comisaría de Policía Nacional de Coslada porque no nos llevamos bien ¿Qué querrá decir con eso el andoba? Los hechos que han motivado la detención de tan grande número de policías municipales son evidentes y, sin señalar culpables hasta que lo haga la Justicia- ¿antes de que acabe el siglo? no se requieren motivaciones especiales para la actuación de la Policía Nacional. El caso, en lo que tiene de síntoma, debe poner en guardia a los alcaldes, de quienes dependen las policías locales, y a las autoridades autonómicas en quienes, junto a las del Estado, recaen responsabilidades en materia de seguridad. Un grupo como el ahora detenido no se organiza en una semana. El alcalde de Coslada y su predecesor, ¿no sintieron nunca nada anormal? Tampoco, según parece, el edecán principal de Esperanza Aguirre, Ignacio González, que parece dedicarle más atención a la responsabilidad de Mariano Rajoy, cierta, por tener al PP descabezado asunto que no le es próximo, que a la situación en Coslada, que cae de lleno en el catálogo de sus actuaciones. ¿Cuántas cosladas tendremos en España? UNA BANDA E -El mal endémico de nuestra Justicia quizá sea el causante de que hoy ostenten dicha cartera individuos como Bermejo. COSAS MÍAS RUBALCABA, EL XENÓFOBO O soy yo la que acusa al ministro Rubalcaba de xenófobo. Al contrario, estoy completamente de acuerdo con sus declaraciones del jueves pasado y no les veo la xenofobia por ninguna parte. Ni un pero, ni siquiera un matiz pretendo añadir a lo afirmado por el ministro: Si somos laxos y no repatriamos a nadie, esa avalancha no hay quien la pare El título de este artículo no refleja, por lo tanto, mi valoración sino la realizada por el PSOE sobre este tipo de afirmaciones hasta el pasado 9 de marzo. Hasta entonces, a lo dicho por Rubalcaba, el PSOE lo tildaba de xenofobia. Bien es verdad que ya por esas fechas Zapatero había comenzado a hablar de expulsar a todos los ilegales. Pero como él lo llamaba devolverlos con dignidad el efecto era el mismo que el de la paz con ETA, las misiones solidarias del ejército o la desaceleración económica. La izquierda establecía una clara frontera lingüística con la derecha. Y en virtud de la diferencia entre expulsar y devolver, que es algo así como la diferencia entre negociación y diálogo o entre trasvase y conducción temporal, la izquierda estableció que lo suyo era tolerancia y lo de la derecha, EDURNE xenofobia. URIARTE Y no sólo la izquierda política. Igualmente la universitaria, que, en la enésima demostración de que en la Universidad hay más o menos la misma carga ideológica que en el Parlamento y, por supuesto, que en los medios de comunicación, publicó unos días antes de las elecciones un manifiesto firmado por 127 profesores en contra del PP y de su discurso xenófobo Añadían los firmantes universitarios que la mayoría de ellos eran expertos académicos en inmigración. Lo que nos da una idea de cómo anda el saber académico de rigor, objetividad y método científico. Y, sobre todo, de cómo anda de ideología. Muy sobrada en algunas áreas, como la inmigración. El concepto de xenofobia tal como es utilizado por muchos académicos es un ejemplo. N Resulta que ese concepto de xenofobia coincide milimétricamente con todo lo establecido por la izquierda política. O sea, que va de los partidos a la Universidad y no al revés. Y prescribe, por ejemplo, que es xenofobia toda oposición a los derechos políticos de los inmigrantes (el voto) o el apoyo a la expulsión de los inmigrantes o la simple percepción de que la inmigración es un problema (véase, por ejemplo, La activación de la xenofobia, de María Ángeles Cea D Ancona) Y que es tolerancia la consideración de que la inmigración no es un problema, la aceptación de la llegada de los inmigrantes y el apoyo a sus derechos sociales y también políticos. Es decir, que la izquierda académica, al igual que la política, ha realizado una burda manipulación del concepto de xenofobia. Y ha mezclado la xenofobia, la repugnancia o el odio hacia el extranjero con la defensa de los derechos y privilegios asociados a la nacionalidad, que es de lo que se trata en esta cuestión. Puede llamársele egoísmo, incluso insolidaridad, a la defensa de esos derechos para los nacionales y su negación para los extranjeros (trabajar en un país, por ejemplo) pero no xenofobia. Y lo que tampoco puede hacerse es añadir una segunda manipulación en virtud de la cual es la derecha la que defiende esos derechos y privilegios de la nacionalidad y su restricción para los extranjeros y no la izquierda. Porque es la izquierda igual que la derecha la que los sostiene en toda Europa. Algunos, como Zapatero, lo llaman devolver a los ilegales y otros, como Rubalcaba, lo llaman expulsar. Como no es de esperar que la izquierda española se adapte inmediatamente al nuevo lenguaje de algunos de sus líderes, no cabe descartar que, además de llamarle xenófobo, a Rubalcaba le planteen en los próximos días la misma pregunta que le hicieron a Rajoy cuando propuso el contrato de integración y sostuvo que la inmigración era un problema: Señor Rubalcaba ¿quién va a cuidar a sus hijos o a sus nietos? Le responderán ellos mismos: Pues los inmigrantes, Señor Rubalcaba, y usted, que es un xenófobo, quiere expulsarlos