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4 EDITORIALES SÁBADO 10 s 5 s 2008 ABC DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO DIRECTOR: ÁNGEL EXPÓSITO MORA Director Adjunto: Eduardo San Martín. Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer, José Antonio Navas y Pablo Planas. Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado. Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro. PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: JOSÉ MANUEL VARGAS PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área de Publicidad: Adolfo Pastor Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera OTRO GESTO A LOS CASTRO s una lástima que el Gobierno español se empeñe en malgastar sus esfuerzos diplomáticos en el seno de la Unión Europea para complacer las exigencias de una dictadura en sus últimos estertores, como la cubana. Es evidente que, desde que Fidel Castro desapareció de la escena pública, lo único que se ha producido es una transición entre un dictador y otro: salvo medidas cosméticas y claramente irrelevantes en el fondo, los cubanos siguen viviendo privados de sus más elementales derechos, como el de manifestar pacíficamente sus ideas o el de viajar libremente al extranjero, como se ha puesto de manifiesto en casos muy señalados. Los presos políticos siguen en la cárcel y la benevolencia del Gobierno español durante la pasada legislatura no ha logrado mover en lo esencial la postura del régimen castrista, que, sin haberse comprometido a nada, quiere que sea la UE la que le pida disculpas y no al revés. En otros casos, no merecería ser causa de polémica que a una dictadura se le vuelva la espalda mientras no dé pasos claros hacia la democratización. Por eso, el Gobierno debería explicar claramente cuáles son los objetivos de esta política, tan complaciente con las autoridades cubanas, para que los ciudadanos puedan a su vez juzgar con claridad su improbable eficacia. Y, en todo caso, un gobierno democrático no debería dejar de lado jamás a los demócratas cubanos, que son los únicos depositarios legítimos del futuro de aquel país. E EL FRACASO HISTÓRICO DE LA ONU A burla constante de la junta militar que gobierna tiránicamente Birmania hacia la comunidad internacional debe mover a una urgente revisión sobre el papel de Naciones Unidas en situaciones de crisis. Las autoridades birmanas sólo han autorizado la entrada de ayuda humanitaria para socorrer a los cientos de miles de damnificados por el tifón Nargis pero han rechazado la participación de cooperantes extranjeros en las tareas de reparto y asistencia. Tratándose de un gobierno que abandonó a la población a su suerte silenciando la llegada del tifón y retrasando el reparto de alimentos, medicinas y material humanitario, el veto a los extranjeros hace sospechar que esa ayuda no llegará a quienes la necesitan. En estas circunstancias asoma con toda crudeza la impotencia de Naciones Unidas para hacer valer sus principios fundacionales de solidaridad entre las naciones y respeto a los Derechos Humanos. El principio de injerencia humanitaria, eufemismo creado para no llamar por su nombre a las intervenciones militares de los cascos azules está fracasando estrepitosamente en Birmania, donde sus autoridades están perpetrando un genocidio por omisión contra sus ciudadanos para doblegar aún más a una población ya suficientemente castigada por años de dictadura. Es necesario que la ONU, más allá de mostrar su indignación- -síntoma de su impotencia- se someta a un proceso de revisión que ajuste sus actos a sus principios. La ONU no puede seguir legitimando su existencia únicamente sobre el monopolio que ejerce con el Derecho Internacional por ser la única organización que agrupa a todas las naciones del mundo. Si no responde con eficacia y firmeza a las vulneraciones flagrantes de los Derechos Humanos y a los gobiernos tiránicos, la primera víctima es el Derecho Internacional que dice encarnar y defender. Antes de Birmania, la historia negra de la ONU pasa por Srebrenica, la más brutal matanza de civiles en Euro- L pa desde el final de la Segunda Guerra Mundial; Ruanda, donde los cascos azules actuaron más como cómplices pasivos de las masacres que como responsables de la seguridad de la población; o Darfur, estigma de la comunidad internacional, que ni siquiera es capaz de calificar como genocidio a las muertes masivas que allí se cometen. Incluso el nuevo estallido de violencia desatado por Hizbolá en Beirut supone un duro revés para una ONU cuyos cascos azules entre los que se encuentra el contingente español desplazado a la frontera del río Litani, tenían el explícito mandato- -resolución 1.701- -de neutralizar a todos los grupos armados del Líbano Algo que, a la luz de los hechos está, no ha sido precisamente cumplido. Naciones Unidas está aprisionada por el peso de su burocracia, por la incompatibilidad de intereses entre algunas de las principales potenciales y por el bloqueo que provoca el derecho de veto a favor de los cinco países que ganaron la última guerra mundial. Un veto que hace difícilmente verosímil que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas sea ese portavoz de la legalidad internacional al que se apela con una confianza desmentida por los resultados. La alternativa para la paz en el mundo y para la extensión de los derechos humanos no puede consistir en seguir mitificando a Naciones Unidas por lo que declara su carta fundacional, sino en aprender de los errores que ha cometido por sus propias limitaciones. La comunidad internacional, antes o después, tendrá que cambiar su criterio de organización y funcionamiento. Si el fracaso de la Sociedad de Naciones dio paso a la ONU, ahora habrá que asumir también la necesidad de abrir una nueva etapa histórica, con nuevas respuestas y estructuras, sin más tópicos ni dogmas, como la concordia planetaria entre tiranías y democracias, que es un ilusión de la que se aprovechan genocidas y criminales como los que ahora gobiernan Birmania. LA VETA ÁCRATA DE SOLBES E l socialdemócrata confeso Pedro Solbes mostró en su reciente intervención en el Congreso una singular veta ácrata, aunque quizá sólo fuera indolencia y resistencia a la toma de decisiones. Tras reconocer la crisis inmobiliaria que padece la economía española, el vicepresidente anuncia que no se debe tratar de impedir artificialmente el necesario ajuste en la construcción para, a renglón seguido, sentenciar que el sector había acumulado ciertos excesos en años anteriores En esos anteriores excesos el Gobierno tiene alguna responsabilidad, máxime cuando insistió tanto, durante la campaña electoral de 2004, en los problemas del sector inmobiliario para, luego, instalado en el Gobierno, crear un ministerio específico de Vivienda como bálsamo de todos los males del sector. Desentenderse ahora, cuando la burbuja ha estallado con estrépito, es cuando menos llamativo. Los gobiernos no están para alterar las economías, sino para propiciar que la mano invisible del mercado actúe en un marco de competencia leal.