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88 VIERNES deESTRENO VIERNES 9 s 5 s 2008 ABC Las chicas de la lencería Suiza 2006 Género- -Comedia Director- -Bettina Glasser Actores- -Stephanie Glasser, Annemarie Düringer, Heidi Maria Glössner, Lilian Naef, Hanspetter Müller- Drossaart A mi edad (88 años) el estado ideal de la mujer es la viudedad En el colmo de la coquetería, en Las chicas de la lencería Stephanie Glasser da vida a una mujer de 80 años, cuando en realidad tenía 86 durante el rodaje FEDERICO MARÍN BELLÓN MADRID. La directora suiza Bettina Glasser refleja en Las chicas de la lencería las inquietudes de un grupo de mujeres en edad de merecer, pero de verdad. Tras la muerte de su marido, la octogenaria protagonista decide cumplir la ilusión de su vida, abrir una tienda de lencería que siembra el escándalo entre sus conciudadanos. Stephanie Glasser, una de las actrices más atractivas de la actualidad, corrobora que nunca es tarde para hacer realidad los sueños. Yo los he cumplido muy mayor, gracias a Bettina, a su libro y al papel que escribió. Soy actriz de teatro, porque en Suiza se hacen pocas películas. Cuando era joven quería que me descubrieran para el cine lo antes posible, pero he tardado 86 años La cinta habla de la guerra de sexos, algo que Bettina Oberli aborrece: Aunque las diferencias entre hombres y mujeres pueden ser enormes, no deberían luchar entre ellos, sino unirse Stephanie Glasser ni siquiera condena al personaje de su marido, que no llega a aparecer en pantalla y que ha estado varias décadas sujetando sus sueños. Porque ella quería justifica. Ella amaba a ese hombre y le dijo: yo vivo para ti. Eso es el amor ¿Hacen ellos lo mismo por sus amadas? Lo dudo responde. Stephanie no es tan inocente, sin embargo, como prueba su confesión de que, a su edad, la viudedad es el estado ideal de la mujer Amaba mucho a mi marido añade, lo pasábamos muy bien juntos, pero soy una persona solitaria y es ma- Una película positiva ANTONIO WEINRICHTER Anunciada como el título más taquillero en Suiza desde que hay Bancos, y candidata al Oscar foráneo, esta cuarta película de la cineasta Bettina Oberli resulta ser una comedia amable de la tercera- -o cuarta- -edad, que narra con ritmo adecuadamente provecto lo que ocurre cuando Martha, una venerable anciana que se acaba de quedar viuda, decide emprender una nueva vida de pequeña más que mediana empresaria. Espoleada por sus amigas y compañeras de naipes, decide cumplir un viejo sueño de juventud y abrir una tienda de lencería, nada menos: como vive en un pequeño y tradicional pueblo helvético y como, para más inri, su hijo es el párroco local, la cosa deviene en un escándalo mayúsculo. Y hasta aquí podemos leer, pero lo que sucede luego tiene el sentido de una fábula ejemplar y, de nuevo, amable sobre la intolerancia y el derecho a volver a empezar para vivir ese tercer acto que la sociedad le niega a nuestros mayores. Por supuesto, todo sucede dentro de unos cauces muy civilizados- -no piensen, a pesar del título, que van a ver un pase de modelos de las protagonistas- -y generalmente poco estimulantes, tanto como les achacaba Orson Welles a los paisanos de Martha en su famosa diatriba contra Suiza de El tercer hombre El éxito, local, que tuvo se debe a que pertenece, como Billy Elliott o Las chicas del calendario a ese género de película positiva que, de vez en cuando, logra atraer a un tipo de espectador que no quiere sobresaltos de ningún tipo en su dieta audiovisual. Stephanie Glasser (a la derecha) en una escena de la película ravilloso vivir así Si los maridos dejan de dar la lata cuando se mueren, ¿lo hacen los hijos alguna vez? Pueden ser diferentes a mi hijo en el filme. Pueden ser peores. O mejores, pero siempre dan problemas La directora explica que ella tiene mucha suerte con su marido (y director de fotografía) He podido desarrollar una carrera en el cine gracias a su ayuda. Nosotros compartimos de verdad todo el trabajo, algo que en Suiza, solo hace un 3 por ciento de los hombres Bettina Oberli se extiende sobre las diferencias entre sexos. Ellos buscan más el poder. Las mujeres tienen otras cualidades, como la capacidad de ver las cosas desde diversos puntos de vista. Podemos pensar de forma más compleja. La primera mujer que llegó a un gobierno en Suiza dijo que en una discusión siempre daba por hecho que la otra persona podía tener razón. Jamás he escuchado eso de un hombre La complicidad entre actriz y directora es evidente. Somos hermanas, nos hemos adoptado mutuamente asegura la realizadora. Ahora me llama cada dos días Se me olvida que tiene otra vida lamenta divertida Stephanie. ABC ¿Es el secreto para cumplir años y estar así de bien? ¿Sueña con morir sobre el escenario, dentro de un par de siglos? -No, no. Sería terrible. Pero sí querría trabajar hasta el final, mientras la cabeza aguante. -BO: Yo he aprendido de ella a tomármelo con tranquilidad. -SG: No hay que alterarse nunca. Nada es tan importante. -Imagino que repetirán juntas. ¿Qué aprendieron la una de la otra? -BO: ¿Tú has aprendido algo de mí? No creo. -SG: Mucho, mucho. Tu capacidad de concentración es enorme. Y me has hecho importante. Por primera vez en mi vida puedo viajar en primera clase. -BO: Voy a hacer una película en Alemania totalmente diferente. Es un thriller siniestro, con muchas muertes. Quiero que ella participe, aunque no sé en qué papel todavía. -De asesina, quizás. -SG: Me encantaría. Pero no se atreverá. -BO: Claro que soy capaz. -SG: Sería magnífico. Algo pasa en Las Vegas EE. UU. 2008 99 minutos Género- -Comedia Director- -Tom Vaughan Actores- -C, Díaz, A. Kutcher Química sin física Cameron Díaz y Ashton Kutcher, en una imagen de la película ABC JOSÉ MANUEL CUÉLLAR A falta de ideas talentosas andan los comedólares de Hollywood buscando fórmulas para desarrollar su tontería supina, es decir, las comedias romanticonas con las que inundan el mercado intentando, los muy hipócritas, que el resto de las sociedades mundiales co- pien su corrupto y cínico modelo moral. Y hay que decir que esta vez han dado en la media diana, no en el fondo, que es la física del asunto, sino en la forma, que es reunir a la pareja protagonista, Cameron Díaz y el chico de la Moore, Ashton Kutcher. A fuer de ser sinceros hay que decir que Cameron pega hasta con Chiquiliquatre que se le ponga por delante, pero este Ashton, con su simpatía natural y el carisma que posee, ensambla a la perfección con la rubia de cascabeles ligeros, que siempre se mueve bien en estos terrenos livianos. En la química de la pareja se medio sostiene la película, y también en cierta originalidad del guión, enfrentados los dos amantes por el poder del dinero y desarrollado luego en la consiguiente manera de hacerse la puñeta para quedarse con la pasta. El fondo es previsible: el lógico amor, el enfado posterior, la casi perdida de la chica y el final pastel que toda quinceañera que se precie pretende y desea. Bueno, se pasa el rato y se ve a Cameron, que siempre es un punto a favor aunque en las distancias cercanas el tiempo empiece a acorralarla.