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ABC VIERNES 9- -5- -2008 85 Vista de cerca, Sarah Jessica Parker es con diferencia la menos glamourosa, incluso parece que se esfuerza por ser vulgar Cine de series ROSA BELMONTE MADRID. Tiene Pere Gimferrer un delicioso libro titulado Literatura y cine Cosa de otros tiempos. Habría que ir pensando en escribir uno similar (si no lo hay, que lo habrá) sobre televisión y cine. Lo de Me gustó más la novela o Me gusta más la película se ha actualizado con lo de que si uno prefiere la serie o la película. Claro, que en casos como Retorno a Brideshead se podrá optar por la novela de Evelyn Waugh (si alguien sigue leyendo) la mini serie protagonizada por Jeremy Irons o la película que viene, en la que Emma Thomson hace de madre (o sea, hace el papel de Claire Bloom, aunque se antoja mucho menos señorial) Retorno a Brideshead es una de las últimas películas cuya razón de ser es el éxito previo de una serie de televisión. El caso de Sexo en Nueva York resulta bastante peculiar en este negociado (al menos en los últimos años) por su inmediatez, que ha permitido trasladar el reparto. No habría sido posible en Starsky y Hutch en Los Ángeles de Charlie en Misión imposible en El fugitivo en Corrupción en Miami en La familia Addms (la peli supera a la serie) en Superagente 86 (todavía no estrenada) o en Los vengadores Ni siquiera si la serie llevada al cine hubiera sido Los nuevos vengadores (si Diana Rigg estaba ya para pocos trotes en cueros negros, Joanna Lumley también) Es verdad que Patrick MacNee intervino en las dos series de televisión (en la segunda ya como agente senior con bombín) e incluso puso la voz de Invisible Jones en la película de 1998 de Ralph Fiennes y Uma Thurman, esta vez como cameo. Curiosamente, también era suya la voz que abría los episodios de Galáctica serie de 1978 que tuvo, asimismo, versión cinematográfica (otra que fue inmediata) con los mismos intérpretes. En Viaje a las estrellas (1979) como se llamó el primer filme de Star Trek en España, también viajaron de la televisión al cine William Shatner y Leonard Nimoy. Y sin la ayuda de Scotty (y no, nunca se pronunció lo de Súbenos, Scotty Volviendo a Galáctica no solo tuvo versión cinematográfica en su día sino que hace unos años se estrenó otra serie que ya va por su cuarta temporada. La nueva versión de Battlestar Galactica ha mejorado la especie. En este caso, la serie, una de las mejores de los últimos tiempos, supera la primitiva y su secuela cinematográfica. De 1978 a 2003 va un trecho pero eso no ha impedido que Richard Hatch, uno de los dos protagonistas de la serie original junto a Dirk Benedict (que ahora es mujer) interprete un papel secundario. En la película de Perdidos en el espacio (1998) versión para pantalla grande de la serie de 1965, también hemos podido comprobar cómo ha crecido Angela Cartwright, Penny, la hija de la familia Robinson, que interpreta en la película a una periodista (para ver al hijo credido hay que ir a Babylon 5 ¿Hay alguna necesidad de trasladar al cine antiguas o modernas series de televisión? Si dan dinero sí hay necesidad. Si a veces se hieren tontas sensibilidades basadas en mitificaciones infantiles, qué le vamos a hacer. Una siempre (siempre) preferirá el Orgullo y prejuicio de la BBC que la película de Keira Knightley (demonios, Jennifer Ehle es Lizzie Bennet) pero las series no son objetos intocables (de Eliot Ness) Y la menos intocable de todas es Sexo en Nueva York asequible antes y que por eso ella, una izquierdosa convencida- nací demócrata asevera solemne- está usando su popularidad para patrocinar Bitten, su propia marca de diseño barato. Venden vestidos a cuatro dólares y medio. Parker dice que es para democratizar la moda Se enfada si alguien insinúa que está haciendo negocio con su condición de icono fashion. Visto el icono de cerca, Parker es con diferencia la menos glamourosa de las cuatro actrices de Sex and the City Por momentos parece que se esfuerce incluso en ser la más vulgar. Hay quien dice que esa es la clave de su éxito, su aire de chica cualquiera transmutada en Audrey Hepburn del siglo XXI por el embrujo de Nueva York y el estilismo de Patricia Field. Si en la serie el estilismo era espectacular, en la película deviene faraónico. Las cuatro chicas se cambian de vestido no menos de trescientas veces. Llega un momento en que mirarlas hace daño a los ojos. En que las espectadoras piensan que si ellas no son más felices en la vida es porque no cuidan así su aspecto. Esta idea es casi sugerida directamente en un momento de la película por Samantha (Kim Cattrall) a Miranda (Cynthia Nixon) víctima de una infidelidad conyugal... y de su propia negligencia para depilarse las ingles. La madurez del cuarteto Y, sin embargo, la película tiene pretensiones de trascender y de situar a sus cuatro Cenicientas en lo más parecido al tono mayor de la madurez, donde todo final feliz pasa por resignarse a cierto grado de decep- ción. Cynthia Nixon, lesbiana confesa en la vida real, analiza agudamente su rol de Miranda, una triunfadora casada con un hombre sencillo, socialmente insignificante, eso es lo que aflora cuando él le pone los cuernos, algo que ella cree particularmente imperdonable por parte de un hombre que en el fondo no la merece; hasta que se reconcilia con lo mucho que lo ama y lo valora, a él y a lo fácil que es vivir con él Cuatro años después de la emisión del último capítulo de la serie, Sex and the City sigue levantando pasiones. Chris Noth, que encarna a míster Big y es el portavoz oficial de la testosterona en la serie, se ríe contando que una vez, cuando creía que iban a atracarle, lo que hicieron fue preguntarle: ¿Por qué no te casas con Carrie? Sarah Jessica Parker no se ríe cuando cuenta cómo los paparazzi acosan a su hijo de cinco años. Y, sin embargo, ya no es lo que era. Igual que el fervor del 11- S ha dado paso a muchos reproches y una gran amargura, la película llega en un momento en que empieza a haber legiones de desengañados- -sobre todo desengañadas- -de Sex and the City Betsy de Texas se volvió al pueblo: ya le pesaban los años trabajando de sol a sol en Nueva York sin ahorrar un dólar, pagando precios de infarto por todo, sin poder ni oler las marcas de sus sueños y sin encontrar novio. No es fácil ligar en una ciudad donde todo el mundo corre una diaria maratón de obstáculos. No es lo mismo la búsqueda del amor a los veinte años que a los cuarenta advierte Parker, quien parece sorprenderse cuando se le pregunta por qué ningún personaje de Sexo en Nueva York tiene nunca problemas económicos, inquietudes políticas o ni siquiera una opinión sobre la guerra de Irak. Porque es una comedia romántica, no un reportaje concluye, lavándose las manos de toda la gente que se tome esta visión en rosa de la ciudad al pie de la letra y luego se lleve un chasco. ¿Le vais a pedir cuentas a Woody Allen por todos los judíos de Ohio que, después de ver sus películas, se vayan a vivir a Nueva York? espeta. Jamie Foxx y Colin Farrell, en Corrupción en Miami ABC