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36 INTERNACIONAL JUEVES 8 s 5 s 2008 ABC Larga vida al violinista de Auschwitz Cumplidas seis décadas de la independencia del Estado judío, Jacques Stroumsa, liberado de los campos nazis el 8 de mayo de 1945, fue deportado dos años antes a Auschwitz donde vio morir a su familia y obligado a tocar el violin POR LAURA L. CARO CORRESPONSAL JERUSALÉN. Cada año, por estas fechas, Israel recorre como en una cronología el hilo de su memoria: el Holocausto, las guerras y atentados con el homenaje ayer a los 22.437 caídos y hoy la fiesta de su Independencia según el calendario judío. El 8 de mayo. Cada año, el rugir de las sirenas que tiñen de luctuosidad las ceremonias empañan de recuerdos insoportables, pero también de una renovada obstinación por la vida, la cabeza lúcida de Jacques Stroumsa. Sobre todo el 8 de mayo. El día de 1943 en que ingresó en el campo de concentración de Birkenau- Auschwitz tras doce jornadas encerrado en un mercancías con otros 2.500 deportados de Salónica. El día en que le marcaron como a una res el número 121.097 bajo el codo izquierdo, y su esposa embarazada de ocho meses, sus padres, sus suegros y 1680 judíos más, fueron llevados a la muerte atroz de las cámaras de gas, y sus cuerpos al horno. El mismo día fatal en que, a las seis de la tarde recuerda- un oficial alemán le puso un violín entre las manos y le obligó a tocar, como haría a partir de entonces cada mañana y cada noche, para que Stroumsa amenizara con marchas militares el ir y venir de 80.000 esclavos a los trabajos forzados como si fueran soldados. Vio morir a muchos de ellos, algunos de hambre. No podía imaginar que la música entrara en un campo de concentración, era una locura, pero Auschwitz no se puede comprender sin locura... relata, a mí me dio el optimismo para no morir, porque morir hubiera sido cumplir el programa de Hitler Sería un 8 de mayo, otra vez 8 de mayo, de 1945, justo dos años más tarde, cuando el que fuera primer violinista de Auschwitz, sería liberado, ya en Gusen II, tras haber pasado por el terror de Matthaussen. Supo que el infierno había terminado cuando comprobó que los tanques que desfilaban frente al subcampo eran americanos, porque en los cigarrillos que les lanzaban las tropas ponía Lucky Strike Entonces supo también que había contraído una deuda moral para siempre: no descansar para contar la tragedia Lo explica a ABC después de impartir su enésima conferencia en el Museo del Holocausto de Jerusalén, la misma lección contra el olvido que ha repetido incluso en Alemania, donde durante un tiempo se juró no regresar. Para Jacques hoy no es el Día de la Independencia. Debo decir la verdad, aunque sea dolorosa reivindica con la autoridad que le dan sus 95 años, cuando rememora que, en 1945, los dirigentes que estaban con Ben Gurion no quisieron recibir para la guerra antibritánica a hombres como él incapaces de ser soldados, que no valían para el combate Simplemente fue una traición, yo no perdono, no entendieron la importancia de nuestra tragedia y hoy celebran fiestas con nosotros... debieron hacerlo hace 60 años Ingeniero Eléctrico, con perfecto dominio del ladino, francés, griego, hebreo, alemán, italiano e inglés, el rechazo de los que forjaban el Estado judío llevó a Stroumsa, después de haber terminado la Universidad de Auschwitz, superior a todas a trabajar en París y en Argelia. Un periplo acomodado, pero en el que aprendió que no importa el dinero, sino la calidad del ser humano, y que hoy soy más amigo de un cristiano que es hombre que de un judío que no lo es reclama. Casi sordo, casi ciego, el violinista se queja del trato que le dio Israel, que sí permitió entrar como voluntario para la Guerra de los Seis Días. El Estado cumple hoy 60 años, y Stroumsa le desea 60.000 más Y vida eterna. La que a él le dio la Universidad de Auschwitz, su compromiso moral. Y el violín que le salvó de la infamia. El precio de la traición Jacques Stroumsa JAVIER PRIETO Milicianos chiíes de Amal patrullan una calle de Beirut en medio de los violentos enfrentamientos AFP Hizbolá convierte la huelga general en una nueva batalla campal contra el Gobierno del Líbano L. L. C. CORRESPONSAL JERUSALÉN. El pulso por el poder iniciado contra el Gobierno en noviembre de 2006 por el partido opositor Hizbolá se reavivó ayer cuando miembros del grupo proiraní bloquearon las principales calles de Beirut con barricadas, paralizando gran parte de la ciudad en apoyo a una huelga general convocada en protesta por la carestía de la vida en el Líbano. El despliegue masivo de las fuerzas de seguridad y del Ejército no impidió los disturbios que enfrentaron a seguidores del partido de la Corriente Futuro, con los del movimiento chií, que causaron al menos diez heridos y costosos daños materiales. Entre los afectados, se contaron dos soldados, dos periodistas y dos miembros de la agrupación de Hariri, que resultaron alcanzados por el estallido de una granada lanzada contra la sede oficial de la formación en el popular barrio de Nueiri. La tensión entre el Gobierno y Hizbolá, estallaba abruptamente, cuando el gabinete acusó a la oposición de violar la soberanía libanesa al operar su propia red de comunicaciones e instalar cámaras espías en el aeropuerto. No en vano, los incidentes más graves ayer se registraban en la carretera de acceso a esta instalación, donde obstáculos de arena, neumáticos incendiados y automóviles viejos arrastrados por seguidores de Hizbolá impidieron el tránsito de miles de viajeros. El tráfico aéreo tuvo que ser suspendido. El empeoramiento de la situación llevó a la Confederación General de Trabajadores Libaneses a sus pender las concentraciones programadas en Beirut dentro de la huelga general por miedo a una escalada. La música salvó su vida