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38 INTERNACIONAL Rusia cambia de cara MIÉRCOLES 7 s 5 s 2008 ABC HORIZONTE Ramón Pérez- Maura Medvédev o el reto de borrar la sombra de Putin Hoy toma posesión el nuevo presidente de Rusia, que hereda un país con un discutible nivel democrático y una elevada corrupción. Su antecesor será nombrado mañana mismo primer ministro RAFAEL M. MAÑUECO CORRESPONSAL MOSCÚ. El país más grande de la Tierra, el más rico en materias primas, principal exportador mundial de gas y petróleo y segunda potencia nuclear del planeta, cambia de presidente. Dmitri Medvédev, de 42 años de edad, toma hoy posesión del cargo de jefe del Estado ruso en una pomposa ceremonia que tendrá lugar en el Kremlin, en la suntuosa sala de San Andrés. Venció en las presidenciales del 2 de marzo con más del 70 por ciento de los votos. Vladímir Putin, su mentor, le entregará el cetro, pero continuará ejerciendo influencia. Según el guión establecido, el nuevo presidente propondrá hoy mismo a Putin como primer ministro y el Parlamento lo ratificará mañana. Medvédev, un tecnócrata leal a Putin, abogado de profesión y nacido en San Petersburgo, viene del Gobierno, de la Administración del Kremlin y de Gazprom. Putin, oriundo también de la antigua capital imperial, se lo trajo a Moscú en 1999, cuando Borís Yeltsin le puso al frente del Ejecutivo. Ambos habían coincidido antes en la alcaldía de San Petersburgo. Por tanto, el nuevo mandatario ruso conoce de cerca los vericuetos del poder y el trabajo de la Administración. Desde noviembre de 2005, ha venido ocupando el puesto de viceprimer ministro responsable de los llamados proyectos nacionales con los que se perseguía lograr una mejora de la educación, la sanidad, promover la agricultura y hacer más accesible la vivienda a los menos pudientes. El éxito no ha sido arrollador. No se puede decir que Medvédev tenga una gran experiencia de mando. A diferencia de su predecesor, no ha pasado por la jefatura del Gobierno. El nuevo inquilino del Kremlin tampoco tiene detrás a los servicios secretos ni a Gazprom, pese a haber dirigido su junta de accionistas. El que verdaderamente mueve los hilos del gigante energético es Putin. pectiva de que los precios de la energía que Rusia vende en el mercado internacional continuarán por las nubes. Pero, al mismo tiempo, la inflación se ha desatado y amenaza con seguir empobreciendo a los más desfavorecidos, que constituyen un tercio de los 142 millones de habitantes que tiene el país. Pero el problema más peliagudo sigue siendo la corrupción. El propio Medvédev admitía hace poco que los sobornos que se pagan a algunos funcionarios adquieren proporciones astronómicas EN EL DÍA DE LA FARSA sta mañana se completa en el Kremlin moscovita esa singular operación en la que en un arreglo de amigos- ¿será una amistad vitalicia? -el hasta ahora presidente se convierte en primer ministro y el antaño viceprimer ministro asume el cargo de presidente. Cada uno en su casa- -que seguirán siendo las mismas- -y un buen icono en la de todos. Técnicamente Vladímir Putin podrá reclamar el reconocimiento internacional al exquisito respeto que ha guardado por la Constitución que el propio Putin hizo promulgar y le impedía buscar un tercer mandato que, sin duda, hubiera alcanzado. Pero hay ocasiones en que una defensa abierta de una reforma constitucional es mucho más legítima que la farsa que hoy se escenifica en el Kremlin con la toma de poder como presidente de Todas las Rusias de Dimitri Medvedev. La bella imagen de un Putin sacrificado que renuncia a parte de su poder para seguir trabajando desde un escalón más bajo a las órdenes de un nuevo presidente es algo que no se cree ni la señora Medvedeva. Putin proclama que después de ocho años en el Kremlin sólo se lleva a su nueva oficina una pluma estilográfica. Se le ha olvidado mencionar a los cientos de funcionarios que le siguen y que van a engrosar las hasta ahora relativamente exiguas filas de empleados de la oficina del jefe del Gobierno. Así, el personal de Prensa, hogaño exiguo, se multiplica hasta equipararlo con el que está a disposición de la Presidencia. No muchos rusos se sabían el nombre del primer ministro, Víctor Zubkov. A partir de ahora todos conocerán el del nuevo, Vladímir Putin, que contará con veinte redactores de discursos. Se anuncia que el Gobierno llegará a tener hasta diez viceprimer ministros y los que no dejarán de verle son los gobernadores regionales, casi todos ellos nombrados por el propio Putin. A partir de ahora dejarán de informar al Kremlin y pasarán a hacerlo al primer ministro. Como muy bien ha recordado Fabrice NodéLanglois en Le Figaro Nunca Rusia mereció tanto su águila bicéfala, símbolo de los Zares. Pero ¿cuánto tiempo lograrán entenderse las dos cabezas para hacer volar el águila? E Así que el bagaje que acumula Medvédev, el líder ruso más joven después de Alexánder Kérenski, jefe del Gobierno provisional en 1917, no parece suficiente para la ingente tarea que le aguarda. Es verdad que hereda un país que lleva años creciendo a una media anual del 7 por ciento, con las arcas repletas a rebosar y con la pers- El más joven desde 1917 La pujanza de grandes recursos naturales vendidos a elevados precios contrasta con una inflación cada vez más desatada La corrupción, la acción de los monopolios próximos al Kremlin y las enormes cadenas de intermediarios son precisamente la causa de que los precios de los productos básicos suban como la espuma. El hecho de que dentro del propio Estado todo se pueda comprar y vender facilita la labor de estirar y retorcer las leyes a gusto de la corporación más pujante en cada momento. Paradójicamente, Putin, bajo cuyo mandato se han alcanzado los actuales niveles de corrupción, sigue gozando de una popularidad enorme. Las encuestas señalan que su aceptación oscila entre el 60 y el 70 por ciento. El 15 de abril, el presidente saliente fue proclamado líder de Rusia Unida, partido que ostenta 315 de los 450 escaños que tiene la Duma (Cámara Baja del Parlamento ruso) Tal mayoría permitiría modificar la Constitución con el objetivo de recortar los poderes de Medvédev e incluso iniciar el proceso para su destitución. Medvédev tendrá así un contrapeso que no tuvo Putin, pero ¿Recorte de poderes? está aún por ver si se dejará o no manejar como una marioneta. No hay que olvidar que, según la Carta Magna rusa, el que manda es el presidente. Lo que preocupa dentro y fuera de Rusia es que una situación de bicefalia acabe a tiros, como ya sucedió en octubre de 1993 entre Borís Yeltsin y el Sóviet Supremo. También Yeltsin y Ruslán Jasbulátov, el presidente de aquella asamblea legislativa, eran, al principio, personas próximas. Moscú retoma los grandes desfiles de la era soviética ABC MOSCÚ. Después de 18 años de paréntesis, Rusia volverá a poner en escena el próximo viernes los espectaculares desfiles militares de la época soviética, que servían de demostración de fuerza ante hipotéticos agresores imperialistas El 9 de mayo, aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial en Rusia, que en otros países aliados se celebra la víspera, miles de soldados afluirán como todos los años a la Plaza Roja. Y también blindados y otros equipos pesados, ausentes en ediciones precedentes. Como en los grandes tiempos, hombres y materiales bajarán por la calle Tverskaïa, los Campos Elíseos moscovitas, antes de entrar en la plaza, y como colofón del espectáculo el desfile de los últimos misiles estratégicos rusos, los enormes Topol- M, informa AFP. El flamante presidente ruso, Dmitri Medvédev, investido hoy, y su predecesor Vladimir Putin estarán presentes, precisó el Kremlin, sin indicar si asistirán, como hacían los dirigentes de la URSS, desde el mausoleo de Lenin. Desde 1990, año del último desfile con tanques, un año antes de la caída de la Unión Soviética, la imagen parecía definitivamente superada. Hasta el punto de que en 1996 fue reconstruida la Puerta de la Resurrección, que obstruye una vía de acceso a la plaza. El difunto presidente ruso Borís Yeltsin restableció simbólicamente un desfile en 1995 por el 50 aniversario de la victoria contra la Alemania nazi, pero sin material pesado. Desde entonces, se ha dado prioridad al aspecto histórico de la conmemoración y al homenaje a los ex combatientes. En 2005, 60 aniversario de la victoria, unos sesenta jefes de Estado, entre ellos George W. Bush y Jacques Chirac, fueron invitados al desfile de 10.000 militares con uniformes de la época y veteranos emocionados, que agitabanclaveles rojos en un ambiente festivo. El verano boreal de 2007, Vladímir Putin ordenó volver al formato anterior a 1990 ante la cantidad de solicitudes de veteranos y de la sociedad civil para restablecer el desfile de la época soviética explica Oleg Yuikov, portavoz del Ministerio ruso de Defensa.