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86 CIENCIAyFUTURO www. abc. es cienciayfuturo MARTES 6- -5- -2008 ABC RENOVACIÓN DEL TEJIDO GRASO EN EL CUERPO HUMANO Investigadores del Instituto Karolinska demuestran que el número de células grasas en el organismo humano es constante, y que la totalidad de los adipocitos se renueva cada 10 años Adipocito La misión de las células grasas (adipocitos) es almacenar la grasa necesaria para transformarla en la energía. Cuando la acumulación de grasa equivale a la energía producida, no hay expansión de los adipocitos. Cuando se ingieren más calorías que las quemadas, se produce el acúmulo de grasa Núcleo Reserva de grasa Lóbulos de grasa Glándula sebácea Glándula sudorípara Apoplejía Poro Pelo Músculo erector del pelo Estructura de la piel La capa de la piel que acumula la grasa es la región subcutánea, llamada hipodermis. La cantidad de grasa de un individuo depende de su número de adipocitos y del tamaño de los mismos Epidermis Nervio Dermis Capa subcutánea Jonas Frisén, biólogo sueco del Instituto Karolinska de Estocolmo, perfeccionó el método para medir la edad de las células del cuerpo humano a partir del contenido de los tejidos en carbono 14 Almacenamiento y consumo de grasa Datación por carbono 14 Las pruebas nucleares realizadas entre 1955 y 1963 marcan un pico del nivel de carbono 14 en la atmósfera, lo cual se refleja en el contenido que absorben los seres vivos 1.000 800 600 400 200 0 Efectos de la obesidad sobre la salud El tejido muscular quema las calorías Ataque al corazón o insuficiencia cardíaca Insuficiencia renal Daño en vaso sanguíneo (arteriosclerosis) ABC El tejido graso almacena las calorías 1950 60 70 80 90 2000 El número de células grasas permanece constante en el cuerpo desde la niñez Un estudio del Instituto Karolinska revela que la dieta y el ejercicio no alteran la proporción de células adiposas, motivo por el que es tan difícil perder peso ANNA GRAU ¿El gordo nace o se hace? El Instituto Karolinska de Suecia acaba de dar una vuelta de tuerca al estudio de la obesidad al descubrir que las células del cuerpo donde se deposita la grasa, los adipocitos, experimentan una constante renovación. Cada año mueren y vuelven a nacer aproximadamente un diez por ciento, tendiendo a un misterioso equilibrio tenaz, decidido en los primeros compases de la vida. Su totalidad se renueva cada diez años y su número permanece constante a lo largo de la vida. Este estudio sueco ha causado un enorme impacto en los Estados Unidos, donde la obesidad es una plaga nacional y se dedican enormes esfuerzos a comprenderla y a combatirla. Hasta ahora, con escaso éxito más allá de la constatación de algunas obviedades: que los niños obesos tienden a ser adultos obesos, sin que eso libre a muchos niños y jóvenes delgados de acumular grasas indeseadas a partir de cierto umbral de edad. Ahora se sabe que la obesidad depende del número de adipocitos y de la cantidad de grasa acumulada en estas células almacén. Para la Ciencia siempre ha sido un frustrante misterio el por qué es tan difícil perder peso a largo plazo. Por qué la grasa perdida se reproduce tan fácilmente. Cuando se extrae un tumor graso éste no vuelve a crecer, ¿por qué tras una liposucción el número de adipocitos sí vuelve a aumentar a su nivel original tras dos años como mucho? se preguntaba ayer The New York Times Como suele suceder en los tiempos de la ciencia hiperespecializada, lo que a veces falla es la visión global de cómo funciona realmente el cuerpo. No es casualidad que entre los autores del revolucionario estudio del Instituto Karolinska figure Jonas Frisén, biólogo e investigador de la renovación celular que hace tres años ya impactó con su obra La edad de nuestro cuerpo Allí Frisén revelaba nada menos que la mayor parte de usted es usted desde hace mucho menos tiempo de lo que usted se imagina. La inmensa mayoría de sus células no existían hace menos de diez años. Algunas, menos de diez días. Renovarse o morir. Frisén descubrió el verdadero reloj biológico, un método muy ingenioso y certero para medir la edad corporal, por lo menos en esta generación. Hasta 1963 se probaron armas nucleares a cielo abierto. Eso inyectó en la atmósfera carbono 14 radiactivo que ha penetrado en la composición de todos los organismos, seres humanos incluidos. El carbono 14 va directo al ADN, que es lo único que no se modifica cuando una célula se divide: midiendo enton- ces los incrementos de carbono 14 en el ADN, Frisén estableció una regla de cálculo extraordinariamente precisa de la edad de las células. Se descubrió así que casi todas ellas están en constante renovación, excluyendo parte de las de la corteza cerebral, las de la lente interna del ojo y algunas del músculo cardíaco. Para algunas modalidades celulares, las más expuestas al desgaste- -por ejemplo las de la epidermis, que es la barrera frente al mundo, o las del hígado, que es la aduana de los tóxicos- el ritmo de muerte y regeneración es casi vertiginoso. Si uno lo piensa despacio se comprende que el cuerpo cambie deprisa. ¿Cómo si no iba a sobrevivir tanto tiempo, soportando toda clase de pruebas, peligros e infortunios? El vértigo de verse de repente a uno mismo como un caleidoscopio celular en constante recomposición queda matizado por la existencia de algunas células madre de confianza, que son las que fijan el rumbo biológico de la identidad. El lento desgaste de estas últimas sería lo que quizá explicaría la claudicación final ante la vejez. Células madre de confianza Tras una liposucción, el número de células grasas vuelve a aumentar hasta su nivel original La grasa acumulada en los adipocitos se quema con la actividad física, lo que debe dar lugar a un equilibrio