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62 MADRID En el Bicentenario del Dos de Mayo MARTES 6 s 5 s 2008 ABC AL DÍA Manuel María Meseguer FECHAS PATRIAS H an sido días de madrileñismo en vena en una ciudad donde ya son minoría los madrileños de nación y los que quedan se dan a la diáspora tan pronto enjaretan dos días seguidos de fiesta o advierten un atasco en cualquier autovía de salida al que sumarse. ¡Ah, la crisis! Quienes huyeron perdieron la oportunidad de ver los cuadros de Goya de imponente porte pasearse por Madrid Si el madrileño no va al museo del Prado, el Prado irá al madrileño o la Fura dels Baus acongojando y encandilando al personal con sus luces, sus piruetas y sus pirotecnias, o a los Reyes en Móstoles, la patria del madridista Casillas, o a la presidenta Aguirre hilando discursos y convocando al alzamiento cívicoa quienes hubieran resistido la llamada del sol y la playa. Este mayo va a dar mucho que hablar por dos aniversarios redondos y casualmente también dos sublevaciones contra el gabacho: una de madrileños enrabietados hace doscientos años, y otra de rabiosos universitarios franceses hace sólo cuarenta. A tenor de lo escrito estos días, el bicentenario del motín madrileño, del populacho (como se llamaba al pueblo llano, hambriento y cabreado) en armas, de la chispa que recorrió España e inició la Guerra de la Independencia, carece todavía de una imagen fijada y sin discusiones, por mucho que algunas sean discusiones bizantinas llenas de hartura e indignación. Igual ocurre con la lucha contra Napoleón conocida en Francia como la guerra d Espagne; en el Reino Unido, The Peninsular War, con el primer duque de Wellington de sumo hacedor, y aquí dentro, en Cataluña, se conoció como la guerra del Francés. Cada historia pone el acento en su particular enfoque, pero nadie duda que lo que fuera tomado como un motín sin mayor importancia terminó poniendo en un brete al gobernante más poderoso de la época. Lo mismo que años después en el Mayo del 68 llevó a los rabiosos de Nanterre a poner contra las cuerdas al general De Gaulle. Fechas patrias, quizás fundacionales, que ahora se pueden vivir y discutir entre la tranquilidad que da la perspectiva y el agobio de no encontrar una hamaca en la playa. Lo mejor de aquello, no les quepa duda, es que hubo un Francisco de Goya para contarlo. Aspecto de la maqueta gigante que muestra el Móstoles de 1808 con 270 de sus casas ABC Aquel Móstoles de hace 200 años Una maqueta gigante, de 19 metros cuadrados, reconstruye la villa tal y como era en 1808, con 270 casass Su inauguración está prevista para septiembre, junto con el Museo de la Ciudad POR MARÍA ISABEL SERRANO MADRID. ¿Quiere saber cómo era su ciudad hace doscientos años? Los mostoleños lo van a tener muy fácil. Se construye, en estos momentos, una maqueta gigante de aquel pueblecito madrileño que el 2 de mayo de 1808 pasó a la Historia por su gesta en la Guerra de la Independencia. El trabajo tiene diecinueve metros cuadrados y muestra 270 de las casas de aquel entonces, prácticamente casi todas. La obra estará acabada en septiembre y su inauguración podría coincidir con la apertura del Museo de la Ciudad. Se trata de una iniciativa de indudable valor histórico y ciudadano- -ha dicho el actual alcalde, Esteban Parro- ya que por lado divulgará de una forma muy atractiva cómo era la villa donde se fraguó el Bando de 1808, mientras que, por otra parte, adquiere una gran transcendencia social porque es un proyecto en el que existe una total participación de los vecinos La maqueta gigante se realiza con materiales que garanticen una larga duración. Para ello, se han confeccionado ocho mesas de 1,10 metros de ancho por 2,20 de largo, lo que supone esos 19 metros cuadrados aproximadamente de superficie total. Ahí quedarán reflejadas esas 270 casas del Móstoles de 1808, a base de maderas nobles, materiales plásticos y otros productos elegidos especialmente para que la maqueta resulte bella y resistente. Para hacer realidad esta maqueta se ha tenido que echar mano del plano más antiguo que se ha podido documentar: Resistente y duradera La maqueta de la villa de Móstoles de 1808 tendrá una superficie de 19 metros cuadrados Se está construyendo en materiales que garanticen su resistencia y una larga duración Con maderas nobles y materiales plásticos, reproduce el pueblo de hace doscientos años Apuntes para la historia está fechado en 1858. Sus autores son el comandante capitán de Ingenieros Eduardo Álvarez Seara, y el capitán teniente Santiago Moreno. Otro referente constante utilizado como fuente documental es el Catastro del Mar- qués de la Ensenada, publicado a finales del siglo XVIII. También se ha recurrido al Archivo Histórico de Protocolos de Madrid, donde se han encontrado verdaderas pistas notariales. La documentación de la iglesia ha sido recabada por David Martín del Hoyo, asesor y colaborador de este proyecto. En el libro de Juan Ocaña Prados, Apuntes para la historia de la Villa de Móstoles ya se deja claro que aquel pueblecito de los primeros años del siglo XIX constaba de una población- -uno más, uno menos- -de 1.390 habitantes; que era un pueblo esencialmente agrícola y que, claro está, los garbanzos son, en su mayoría, de clase superior, tanto por su tamaño como por su buena cochura Había 336 casas habitadas: 269 de un piso, 96 de dos y 1 de tres añade el libro. Cura, nobles y administrador para tabaco y aguardiente Pasada la funesta época de la Guerra de la Independencia, fue reponiéndose el pueblo, aunque lentamente, de los graves perjuicios sufridos, volviendo a recrecer en vecindario y a desenvolverse su riqueza agrícola Es lo que se lee en el texto ya citado de Juan Ocaña Prados. El libro da fe de cuántos habitantes tenía, hacia 1808, aquel Móstoles. Las cifras varían. En este caso se habla de 1.390. De ellos, 746 eran varones y 644 mujeres. Había 739 solteros, 512 casados y 139 viudos. Según el censo de la época, Móstoles contaba con un maestro de escuela; un cura párroco, un teniente cura, un beneficiado, tres capellanes, un ordenado in sacris y dos tonsurados. Y, además, seis nobles, un administrador real para el tabaco y el aguardiente; un médico, un cirujano, un boticario y dos albeitares. Había- -dice el texto- -ocho mozos sirviendo en el ejército de tierra y uno en la marina Resulta curioso leer en esta obra que en transcurso de doce años, por los efectos de la Guerra de Independencia, tuvo la población un decrecimiento de 217 habitantes