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72 CULTURAyESPECTÁCULOS www. abc. es culturayespectaculos LUNES 5- -5- -2008 ABC La Crucifixión (1932) de Picasso MUSEO PICASSO DE PARÍS El Centro Pompidou rastrea las huellas de lo sagrado en el arte contemporáneo La exposición reúne, hasta el 11 de agosto, 350 obras maestras de los principales artistas del siglo XX JUAN PEDRO QUIÑONERO CORRESPONSAL PARÍS. Gran exposición en el Centro Pompidou, Traces su sacré (Rastros de lo sagrado) consagrada a rastrear las huellas de un proceso capital en la historia de la vida moral: la supervivencia insondable de lo sagrado, espiritual, religioso, carnal, trágico, histórico, visible e invisible en la historia del arte del siglo XX. Desde que Max Weber avanzase su legendaria tesis del desencantamiento del mundo el exilio de Dios y el destierro de lo religioso era un lugar común pensar que el gran arte se había alejado definitivamente de muy diversas formas de trascendencia. Y se pensaba que la historia ya tradicional de las vanguardias artísticas confirmaba ese alejamiento de la cultura y las artes de lo sagrado. Traces du sacré prolonga una ya muy larga serie de grandes exposiciones internacionales consagradas a rastrear y revelar la permanencia intacta de muchas manifestaciones de lo sagrado, en todas las artes y, en particular, en la pintura y la escultura del siglo XX. La propuesta de Jean de Loisy y Angela Lampe quizá no satisfaga a muchas sensibilidades. Muchos especialistas y una parte del gran público quizá consideren chocantes algunas manifestaciones de lo sagrado expresamente profanas y carnales. Y, al mismo tiempo, la exposición ha dejado fuera muchas otras manifestaciones tradicionalmente relacionadas con el gran arte religioso. Sin embargo, la muestra comienza por tener una dimensión pedagógica esencial: lo sagrado está ahí, bien presente en la evolución más palmaria de todas las artes del siglo XX. Picasso retoma del gran arte sacro el tema esencial de la Crucifixión. Ernst imagina a María castigando al niño Jesús con los azotes debidos a un niño mal educado. Stravinsky retoma el tema griego de la consagración sacra de la primavera. Los especialistas quizá pudieran matizar la infinitud de las proposiciones de Jean de Loisy, que propone un recorrido temático y temporal bastante ecuménico: la huella de lo divino condenado al exilio y el destierro, a través de obras de Friedrich, Carl Gustav Carus y Munch, entre muchos otros; la nostalgia de lo infinito, ilustrada a través de Redon, De Chirico, Malevitch y Brancusi; los grandes iniciados en misterios de muy distintas tradiciones ocultistas, a las que pertenecieron Duchamp, Mondrian, Steiner y Akseli Gallen Galleta; el diálogo con lo invisible que intentaron el mismo Duchamp, Kandinsky y Giacometti; las revelaciones cósmicas de Klint, Lesage y Mullican; las elevaciones de Brancusi, Picasso y Delaunay; el sueño de un hombre nuevo al que sucumbieron Klee, Chagall y Dix... Sin olvidar muchas otras manifestaciones de lo sagrado, a través de la búsqueda de lo absoluto (Mondrian, Malevitch) la búsqueda del Edén (Arp, Klee) las danzas sagradas (Rodin, Nikinsky, Derain, Nolde) incluso las espiritualidades paganas de Picasso, Breton, Nolde o Aby Warburg. A título personal, no olvidaré que grandes maestros como Werner Tübcke o Ramón Gaya incluso volvieron a los temas religiosos tradicionales: pintura de murales en iglesias, diálogo con la imaginería clásica. Nada más lejos que una imaginaria y conservadora vuelta al orden Los más grandes maestros del arte más resueltamente contemporáneo también dialogan con lo sagrado. Bill Viola se sirve del Cántico espiritual de San Juan de la Cruz, para realizar algunos de sus vídeos más legendarios. Y Rothko llegó a imaginar un espacio museístico personal consagrado a la meditación. Dirigi-