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40 ECONOMÍA LUNES 5 s 5 s 2008 ABC La banca de EE. UU. rehúye el control La Reserva Federal de Estados Unidos ha vuelto a bajar los tipos de interés, algo que los negocios agradecen. Pero nadie quiere saber nada sobre el control crediticio o hipotecario de las entidades bancarias POR ANNA GRAU NUEVA YORK. Poca o ninguna alegría depara últimamente su cargo a Ben Bernanke, que haga lo que haga siempre es el malo de la película. Si deja que las empresas y los bancos hagan lo que quieran le culpan de permitir escenarios de locura como el de las hipotecas de alto riesgo o subprime Si intenta introducir mecanismos de supervisión más estrechos, los bancos hipotecarios se le echan encima. Es curioso el desparpajo del lobby de las hipotecas. Visto desde fuera, parece la versión americana del sostenella y no enmendalla todo el mundo admite que el negocio se ha gestionado no mal, sino muy mal... pues aún así, el sector entra a degüello contra los intentos de introducir más controles. Y eso que la Reserva Federal propone controles tan discretos como obligar a los bancos a comprobar las posibilidades reales de sus clientes de saldar sus deudas, revelar las comisiones ocultas en la montaña de intereses y prohibir cierta publicidad engañosa. Las asociaciones de consumidores han manifestado su descontento por la poca ambición de estas propuestas. Que sin embargo han soliviantado a los bancos como si los expropiaran. Dicen sus representantes que sólo van a servir para encarecer las hipotecas y hacerlas aún más inaccesibles para aquellos consumidores que sí pagarían. En fin, que las espadas están en alto. Y no sólo en el sector hipotecario. La lucha sigue en el de las tarjetas de crédito, en el siempre proceloso ámbito de los subsidios proteccionistas a los agricultores norteamericanos en tiempos de crisis alimentaria, en el escándalo del público ante el repunte histórico de los beneficios de las petroleras con la que está cayendo, en el escándalo de las petroleras ante la sugerencia de gravarlas con nuevos impuestos, etc. Estados Unidos vive una guerra civil económica entre Wall Street y Main Street, entre la economía del parqué y la economía de la calle, entre los partidarios de mantener la barra libre de toda la vida y los que abogan por introducir, si no cierto keynesianismo, por lo menos unas gotas de severidad en los controles. Más ante la evidencia de que ya nadie puede arruinarse solo. La bancarrota de uno arrastra a muchos más. No es fácil lidiar con las poderosas fuerzas en juego. Aunque los grandes bancos y corporaciones son conscientes de sus culpas, no dan un paso atrás ni para tomar impulso. Su plan es aguantar la ira de los accionistas, cortar la cabeza a algunos consejeros delegados, apretar los dientes, aguantar hasta que pase la tormenta de pérdidas y, en cuanto se pueda, seguir igual. Lo peor que les puede pasar, creen, es ceder al actual pánico y aceptar un endurecimiento supervisor que limite sus movimientos y sus ganancias de futuro. Lógicamente no piensan igual ni los consumidores ni los currantes (excepto si van a pedir ellos una hipoteca y se encuentran con nuevas exigen- Un cartel anuncia el nuevo precio de una vivienda tras varios meses sin encontrrar comprador cias de papeleo) Pero incluso pesos pesados económicos discrepan de esta cultura del no rendir cuentas nunca, tan favorecida por el actual equipo de la Casa Blanca. Cuando el presidente Bush salió esta semana a ofrecer sus consideraciones económicas al país, la reacción de algunos fue brutal: frente a la crisis, este Gobierno está haciendo lo que sabe hacer mejor, es decir: nada clamaba The New York Times Hay que decir que a pesar de todo en Norteamérica vuelve a amanecer. La semana se despidió con índices económicos insólitamente positivos, o, para ser exactos, menos negativos de lo esperado: en el mes de abril se perdieron sólo 20.000 puestos de trabajo frente a los 85.000 esperados. Albricias, albricias, empezaron a batir palmas algunos, los nubarrones empiezan a despejarse. Seguro que le vemos la cara al sol cualquier día de estos. ¿Será ver- AFP Vuelve a amanecer Aunque los grandes bancos y corporaciones son conscientes de sus culpas, no dan un paso atrás ni para tomar impulso Su plan es aguantar la ira de los accionistas... y apretar los dientes... Lo peor que les puede pasar es ceder al pánico y aceptar un endurecimiento supervisor que limite sus ganancias futuras dad que se han exagerado los problemas, que no había para tanto y que, como Bush dice, sólo era cuestión de mantener la calma? Los expertos creen que los signos de fragilidad económica persisten (de ahí los cautelosísimos recortes del precio del dinero) y que eso se aprecia en detalles como que los trabajadores que no han perdido su trabajo trabajan menos horas, por menos dinero. Pero una vez más, Bernanke y otros padres de la patria tienen que decidir si dan alas al tono catastrófico, ahogando el optimismo tan necesario para resurgir, o si dan alas al aquí no pasa nada. Hay expertos que reivindican que en otros países la economía funciona mejor con menos controles y normas. Es el debate entre la regulación al pie de la letra, ley por ley y caso por caso, o la regulación basada en los principios, más dirigida a jugar al contragolpe: fijar unas reglas de juego que cada empresa interpreta un poco como quiere. Esto tiene la virtud de pulverizar la burocracia y allanar el camino para el normal funcionamiento de las empresas buenas dejando a la Administración más tiempo y más recursos para perseguir a las malas Otros expertos subrayan que para que esto sea así se necesitan unos controles muy eficaces, unas atalayas de supervisión verdaderamente sensibles y efectivas, que es justo- -en esto todo el mundo está de acuerdo- -lo que ha fallado en Estados Unidos. Entonces, el dilema es, o despedir al árbitro, o aprender a jugar a otra cosa.