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20 ESPAÑA EN LA MUERTE DE LEOPOLDO CALVO- SOTELO CRÓNICA DE UNA ÉPOCA LUNES 5 s 5 s 2008 ABC Veinte meses en la Presidencia 20 de febrero de 1981 Debate de investidura en el Congreso Leopoldo Calvo- Sotelo no obtiene en la primera votación la mayoría necesaria, 176 votos, para ser investido presidente del Gobierno en el Congreso de los Diputados. 23 de febrero Intento de golpe de Estado Durante la segunda votación de la investidura de Calvo- Sotelo, alrededor de 200 números armados de la Guardia Civil toman el Congreso y retienen al Gobierno y a los diputados. 24 de febrero El Rey se dirige a los españoles El Rey dirige un mensaje a los españoles, a través de RTVE, a la 1.14 horas de la madrugada, en el que ordena el mantenimiento del orden institucional votado por el pueblo español. El golpe ha fracasado. 25 de febrero Investidura de Calvo- Sotelo Votación de investidura de Leopoldo Calvo- Sotelo. En esta ocasión obtiene la mayoría absoluta. Dos días después, habrá manifestaciones en toda España contra el intento del golpe de Estado. El teniente coronel Tejero, tras acceder al Congreso de los Diputados el 23- F MANUEL P. BARRIOPEDRO Calvo- Sotelo: después del 23- F, la normalidad Leopoldo Calvo- Sotelo supo que su gran tarea era devolver la normalidad a la democracia española. La estabilidad de la democracia aconsejó a unos y otros aplazar estrategias de confrontación y UCD y PSOE establecieron acuerdos de Estado POR CONSUELO ÁLVAREZ DE TOLEDO MADRID. Era el candidato a la presidencia del Gobierno y sin embargo nadie le quería. No le querían los suyos- -encelada la Unión de Centro Democrático en guerras y ambiciones personales- ni era apreciado por el PSOE, que nerviosamente aventaba ya el poder. Tampoco le apreciaban los poderes fácticos que sospechaban en él veleidades centristas. Era un hombre de nadie. Leopoldo Calvo- Sotelo fue, en la UCD, un hombre leal, no un conspirador. El segundo candidato de la democracia llegó a la presidencia del Gobierno de España en las condiciones más dramáticas que se podía imaginar. Y sin embargo, este era su talante, nada ni nadie alteraron en él el gesto. Como bien contaría, para herencia, la que yo recibí En la historia del centro derecha de España de vez en cuando sucede que todos se sienten predestinados a ser el número uno, y entonces surgen las intrigas, las reuniones de los cenadores de cinco estrellas de Madrid para entablar estrategias de suicidio político colectivo. En los primeros meses de 1981, la estrategia de acoso y derribo a Adolfo Suárez no tenía vuelta atrás. La implacable oposición ejercida por Felipe González había encontrado el mejor de los caldos de cultivo para provocar la crisis de gobierno en aquella UCD dividida y estrábica, unos con el ojo puesto en el PSOE y otros con la mirada Con Thatcher y Reagan, al firmar el protocolo de adhesión a la OTAN puesta en Alianza Popular. Calvo- Sotelo no había participado en ninguna de las familias no era por supuesto un azul a pesar de haber colaborado con la administración franquista. Tampoco era democristiano, pese a tener convicciones católicas. Tampoco, por supuesto, tenía afinidades con los socialdemócratas y tampoco era de la cuerda de los liberales. Tampoco le apoyaban los medios de comunicación, que tan activos se habían mostrado para cargarse a Suárez. En sus propias palabras, Calvo- Sotelo contemplaba distinto y distante la feroz lucha por el poder de sus correligionarios. Quizá por todo esto fue nominado en una reunión de urgencia en La Moncloa, a altas horas de la noche, por una unanimidad sacada con forceps. Y el candidato estaba tan harto de sus compañeros que cuando preguntaron dónde estaba para decirle el resultado de la votación, resultó que se había marchado a su casa. La Calvo- Sotelo decidió lo que no tenía más remedio que decidir: convocar elecciones y hacer mutis por el foro