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14 ESPAÑA www. abc. es LUNES 5- -5- -2008 ABC Un gran español, un hombre de Estado y un demócrata El Rey rinde tributo a Leopoldo Calvo- Sotelo, a quien impuso ayer el Collar de Carlos III en la capilla ardiente del Congreso B. TORQUEMADA M. CALLEJA MADRID. Un gran español, un hombre de Estado, un demócrata y una persona muy querida Su Majestad el Rey supo ayer, una vez más, aunar su representatividad como jefe del Estado con la calidez humana en un comunicado difundido ayer por la Casa del Rey en el que mostró su pesar por el fallecimiento de Leopoldo Calvo- Sotelo y en el que el Monarca rinde, en su propio nombre y en el de su familia, el más sentido homenaje a quien contribuyó a situar a España en el lugar que le corresponde en el mundo Agradece igualmente el Rey a quien fue segundo presidente del Gobierno de la democracia, entre febrero de 1981 y diciembre de 1982, su encomiable entrega al servicio de España y su impagable contribución a nuestra Transición además de su probada y permanente lealtad a la Corona Mi familia se une a mí- -concluye la declaración- -para dedicar de corazón todo nuestro cariño a su esposa, hijos y demás familia, en estos momentos de profundo dolor Pero lo que el Monarca quiso compartir con todos los españoles a través de este inusual mensaje, el primero de esta naturaleza tras el fallecimiento de una personalidad relevante, lo transmitieron también los Reyes personalmente a los allegados de Leopoldo Calvo- Sotelo a primera hora de la mañana, cuando, al filo de las once, llegaron a la capilla ardiente instalada en el Salón de los Pasos Perdidos del Congreso de los Diputados junto a los Príncipes de Asturias. Recibidos con aplausos en un ambiente a la vez emocionado y contenido, Don Juan Carlos y Doña Sofía, seguidos por Don Felipe y Doña Letizia, accedieron al Palacio de la Carrera de San Jerónimo por la Puerta de los Leones, abierta para la ocasión. En la escalinata les aguardaban los representantes de las altas instituciones del Estado: el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, a quien en esta ocasión DECLARACIÓN DE SU MAJESTAD EL REY Con motivo del fallecimiento ayer (el sábado) del Excmo. Señor Don Leopoldo Calvo- Sotelo y Bustelo, Presidente del Gobierno de España, Marqués de la Ría de Ribadeo y Grande de España, S. M. el Rey desea manifestar lo siguiente: En este día, quiero expresar, junto con mi Familia, el más hondo pesar por el fallecimiento del Presidente Don Leopoldo Calvo- Sotelo, así como rendirle el más sentido homenaje de respeto y gratitud. Ha muerto un gran español, un gran hombre de Estado, un demócrata y una persona muy querida. Nunca olvidaré su encomiable entrega al servicio de España durante tantos años, su impagable contribución a nuestra Transición, su labor para situar a España en el lugar que le corresponde en el mundo, y su probada y permanente lealtad a la Corona. Mi Familia se une a mí para dedicar de corazón, todo nuestro cariño a su esposa, hijos y demás familia, en estos momentos de profundo dolor. ¡Descanse en paz! Mensaje excepcional sí acompañaba su esposa, Sonsoles Espinosa; el presidente del Congreso de los Diputados, José Bono; el del Senado, Javier Rojo, y la presidenta del Tribunal Constitucional, María Emilia Casas. Ya en el interior, los Reyes y los Príncipes de Asturias, de luto riguroso, dieron el pésame a la viuda y a los hijos del fallecido, tras lo cual Don Juan Carlos colocó sobre el féretro, envuelto en la bandera nacional, el Collar de la Real y Distinguida Orden de Carlos III, que quedó después colocado sobre un atril dispuesto para ese fin. Fue un momento de reconoci- miento institucional a la figura de Calvo- Sotelo que se verá refrendado, como colofón, con la celebración de un funeral de Estado que presidirán los Reyes en la Catedral de la Almudena el próximo jueves a las ocho de la tarde. Aparte del mensaje de condolencia difundido ayer por la Casa del Rey, se sucedieron a lo largo del día otras declaraciones, breves y sentidas, a cargo de los más destacados representantes públicos en el propio recinto del Congreso: de carácter más institucional la de José Declaraciones de alto rango Luis Rodríguez Zapatero, y en veta más humana la de Mariano Rajoy, quien se centró en el trato personal que había tenido en los últimos años con el fallecido. En el Salón de los Pasos Perdidos, perfumado por decenas de coronas de flores enviadas por diferentes instituciones y solemnemente presidido por la bandera nacional con crespón negro, los hijos del ex presidente del Gobierno de la UCD y su viuda, Pilar Ibáñez- Martín, además de algunos de sus nietos y otros familiares (situados todos ellos a la izquierda del féretro, como establece el protocolo) agradecían las calurosas muestras de condolencia de las numerosas autoridades que se acercaron al Congreso, a pesar de la dificultad que para muchos representantes institucionales supuso que el fallecimiento se produjera en pleno puente de mayo y sin que la actividad parlamentaria esté aún a pleno rendimiento. Además de quienes tomaban parte del comité de recepción a los Reyes, Mariano Rajoy llegó de los primeros, entre aplausos de los ciudadanos congregados en la calle que, sin embargo, no brindaron esa misma acogida a Zapatero y le recibieron en silencio. En el interior de la capilla ardiente se pudo ver sucesivamente, a la derecha del féretro, en el espacio reservado a autoridades, a varios miembros del Gobierno, como la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega, que se marchó pronto. La ministra de Educación, Mercedes Cabrera, se sentó en el espacio destinado a los familiares, como sobrina del fallecido ex presidente. Pendiente de los asistentes estuvo el secretario general de la Presidencia del Gobierno, Adolfo Suárez Illana PRESIDENTE CALVO- SOTELO e va planteando la vida, muy a mi pesar, la imposible tarea de rellenar de alguna forma el vacío que deja mi padre. Hoy debo retomar ante ustedes esa labor, lleno de orgullo, para despedir al más intelectual de todos los presiden- M tes de nuestra joven democracia. Se mezclan en mi memoria los sentimientos, las vivencias y lo contado, la persona y la institución. Para mí, el presidente Calvo- Sotelo era también Leopoldo, un hombre cercano capaz de centrar su atención, aunque fuese por breve tiempo, en un niño que enredaba por allí. Con los años, he tenido la oportunidad de unir a mis recuerdos la información y de disfrutar de su inteligente charla; de esta manera, ha ido creciendo en mí la admiración por un hombre discreto, de una gran talla moral. Ha sido el presidente más brillante, desde un punto de vista intelectual, que yo he conocido. Resulta delicioso leer- le, casi tanto como escuchar su fina ironía en el parlamento. Conmueve ser testigo del dolor de dieciocho niños por la falta de un abuelo que vivió con fama de altivez y distancia. ¡Qué distantes resultan las realidades de las percepciones políticas! Quiero hoy resaltar, ante todo, la entereza de una familia sólidamente cimentada en la Fe. El dolor sereno y esperanzado de una familia que abraza a quienes les acompañamos. Una vez más, este indigno sustituto ha tenido la oportunidad de contemplar la grandeza de un hombre, y de su queridísima Pilar, a través de su más importante obra: su familia. Pero no sería justo con su memoria si no hiciese mención del gran político que fue. Muchas son sus aportaciones, pero me toca a mí resaltar que formó parte de ese grupo de hombres que, dirigidos por Su Majestad el Rey, devolvieron la soberanía al pueblo español y abrieron el periodo de paz y prosperidad más largo de toda nuestra historia. En mi nombre y en el de toda la familia Suárez, desde una misma Fe compartida, le deseo la paz y la vida eterna que siempre esperó, y me permito pedirle a él que, desde ese Cielo que a buen seguro habita ya, siga siendo el leal servidor que siempre fue del interés común de todos los españoles.