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ABC DOMINGO 4 s 5 s 2008 CULTURAyESPECTÁCULOS 99 Salman Rushdie, Umberto Eco y Mario Vargas Llosa, en el Instituto Cervantes de Nueva York EFE Los tres mosqueteros defienden en Nueva York la escritura comprometida Salman Rushdie, Umberto Eco y Mario Vargas Llosa aportan ingenio, profundidad y verdades inquietantes en un encuentro en el Instituto Cervantes de Nueva York ANNA GRAU SERVICIO ESPECIAL NUEVA YORK. Hace años alguien juntó a Umberto Eco, Salman Rushdie y Mario Vargas Llosa en Londres para una tertulia literaria que resultó mítica y acabó dándoles el sobrenombre de los tres mosqueteros ¿A quién se le ocurrió? preguntaba este viernes Eco, al reencontrarse con ellos en Nueva York. Al descubrir que se le ocurrió a él mismo, y que además la tertulia londinense fue en 1995 y no en 1985, como él creía, pareció agradablemente apabullado. Qué grande es ser más joven de lo que uno cree. En Londres se juramentaron para volver a cruzar espadas en veinte años, pero parece que no han podido esperar. Su reunión ha sido uno de los platos fuertes del festival Voces del Mundo, el gran foro internacional que cada año organiza en Nueva York y bajo la presidencia de Rushdie la división americana del PEN, que pretende ser algo así como la ONU de los escritores. En una aparición conjunta previa en el Instituto Cervantes de Nueva York, Vargas Llosa anticipó la que sería una de las reflexiones más unánimes de los tres: la reivindicación de una escritura, y de un escritor, apasionadamente comprometido con los problemas de su tiempo. Cada uno a su manera, claro. Umberto Eco habló del compromiso político desde la cátedra universitaria, Vargas Llosa de su experiencia como candidato presidencial en Perú, Rushdie de la tristemente célebre fatwa pero también, y con mucho humor, de lo difícil que es ser un intelectual de referencia en un país, Estados Unidos, donde hay tantas estrellas de cine. Igual que se habían repartido los roles mosqueteriles (decidieron que el atildado Vargas Llosa era Aramis, el robusto Eco sería Porthos y Rushdie, un poco por eliminación, sería Athos) también hubo un reparto de gracias intelectuales. Rushdie aportó ingenio, Eco profundidad, Vargas Llosa verdades inquietantes, cuando por ejemplo recordó que la más distinguida izquierda europea, empezando por Sartre, fue maoísta hasta la médula. Y nunca pidió perdón por ello. Era un disparo con retranca, porque el festival del PEN de este año ha puesto su foco reivindicativo en la denuncia de la represión literaria en China. Sugirió Rushdie con negra ironía que el aprecio de un país por sus escritores también se mide por el grado de represión que padecen. Y así la Unión Soviética fue ejemplar, concluyeron. Vargas Llosa opinó que los escritores, para ser políticamente influyentes necesitan dictadores: en democracia tienden a ser vistos como personajes del entertainment Se preguntó a los tres por su grado de inquietud respecto a la dialéctica Oriente- Occidente, que vuelve a ser el gran tema de la nueva novela de Rushdie, La hechicera de Florencia que transcurre entre la cuna del Renacimiento italiano y la ciudad de Fatehpur Sikri, capital del emperador mogol Akbar. Los tres mosqueteros coincidieron en que ninguna persona inteligente es sólo del Este o del Oeste sino que se siente oscilando siempre entre mundos, participando de muchas culturas a la vez. Sólo los fundamentalistas son lo bastante estúpidos como para no tener ese problema porfió Eco. Si Rushdie había leído frag- mentos de su obra en inglés, que es su lengua natal y en la que escribe, Eco leyó en italiano un fragmento de El péndulo de Foucault Vargas Llosa hizo lo propio con Travesuras de la niña mala En una pregunta que evidentemente no era la más inspirada de la noche, el moderador del debate se extrañó de que Vargas Llosa también hubiera optado por leer su obra en español, y no en inglés, en otro foro no específicamente abierto a la diversidad cultural. Vargas Llosa y las comas Eco y el compromiso Los escritores para ser políticamente influyentes necesitan dictadores señaló Mario Vargas Llosa ¿Por qué lo hizo? quiso saber el americano. Porque me siento más cómodo al poner las comas le espetó con vidriosa cortesía el peruano. Rushdie salió raudo al quite: Por supuesto, los escritores tienen que leer en su lengua, ¡que es en la que han realmente escrito! De ahí salió un interesante debate sobre el futuro del inglés como lingua franca. Eco profetizó su extinción por difusión masiva a la manera del latín, tragado por las lenguas romances. También advirtió de que la variedad lingüística y literaria es indoblegable hagan lo que hagan los gobiernos del mundo. Ningún poder político ha conseguido nunca imponer una lengua subrayó. Más información en: http: www. pen. org