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98 CULTURAyESPECTÁCULOS DOMINGO 4 s 5 s 2008 ABC Numerosos turistas se hacen fotos ante la recreación de un mural de Keith Haring en Manhattan AFP Haring, cuando el arte saltó a la calle Hoy hubiera cumplido 50 años, pero el sida se cruzó en su camino a los 31 cuando apenas saboreaba la fama. Sus grafitis con dibujos sencillos, casi infantiles, de bebés gateando y perros ladrando se han convertido ya en iconos populares del siglo XX POR NATIVIDAD PULIDO MADRID. La calidad de un artista no es directamente proporcional a su tirón popular. Hay artistas que, a pesar de poseer unas magníficas dotes, no logran conectar con el público. Y los hay que, aunque puede discutirse su maestría, se han convertido en iconos de su tiempo. Entre estos últimos, muchos incluirían a Warhol, Basquiat, Frida Kahlo, Tamara de Lempicka y, sin duda alguna, Keith Haring. Como los anteriores, una arrolladora personalidad y una intensa biografía- -no exenta de excesos y escándalos- -dejaban casi en un segundo plano su trabajo. De hecho, éste es una prolongación de su vida, que, por cierto, como también suele ocurrir en estos casos, fue bastante corta. Sólo 31 años bastaron para que este joven rebelde norteamericano (con una causa justa) se hiciera un hueco en el complicado mercado del arte contemporáneo. Ha querido el destino que justo cuando el grafiti celebra una fiesta por todo lo alto en Londres, de la mano de Banksy, con el Cans Festival, se conmemorase un cumpleaños que nunca será: el de uno de los artistas que acercó el arte a la calle con sus coloristas grafitis. Hoy, Keith Haring hubiera cumplido 50 años. Este muchacho, de pelo rizado e inseparables gafas, nació en 1958 en Pennsylvania. Fiel a su generación, bebió del pop y sus obras se inspiraron en los cómics, los dibujos animados y las imágenes de la publicidad y la televisión. Pero también tuvo entre sus fuentes el arte africano, esquimal y aborigen, así como la caligrafía china. Estudió en la Ivy School of Art de Pittsburgh y, más adelante, en la Escuela de Artes Visuales de Nueva York. En los años 80 comenzó a hacer grafitis, actividad que le dio fama universal. Sus sencillos dibujos, casi infantiles, de bebés gateando, perros ladrando y figuras bailando se han convertido en auténticos iconos del siglo XX, imitados hasta la saciedad como las marilynes o las sopas Campbell de Warhol. Muchas de sus obras las dibujó con tiza blanca sobre paneles negros en el Metro de Nueva York. También hay coloristas grafitis de Haring en muchos rincones de Manhattan. Su primera exposición tuvo lugar en 1982 en la galería Tony Shafrazi de Nueva York. Asistieron artistas tan consagrados como Lichtenstein, Rauschenberg, Sol LeWitt o Richard Serra. Cuatro años después, llegó a pintar un trozo del Muro de Berlín. También en 1986 abrió en el Soho la bouti- El artista norteamericano, un rebelde con causa que Pop Shop, en la que vendía sus propios productos. Y es que el underground Haring, al igual que Dalí o Warhol, entendió a la perfección que arte y mercado, lejos de estar reñidos, eran unos magníficos aliados. Se codeó con celebridades como Madonna, Grace Jones y William Burroughs. Siempre fue un artista comprometido con su tiempo y con los problemas sociales. De ahí que en 1989 creara la Fundación Keith Haring. Murió sólo un año después, a los 31 años, en Nueva York, víctima del sida. A partir de entonces nace el mito y, desde entonces, no ha hecho más que crecer. Hasta el sacrosanto luminoso de Times Square se rindió a Haring proyectando durante un mes, cada 20 minutos, su famoso bebé ABC gateando. Hasta el próximo día 18 se exhibe una muestra de su obra en Caixa Tarrasa. Exposiciones y fiestas recuerdan estos días en la Gran Manzana al artista que tenía como lema Yo amo la vida La bebió a grandes sorbos, pero le jugó una mala pasada. Más información sobre el artista: http: www. haring. com