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40 INTERNACIONAL www. abc. es internacional DOMINGO 4- -5- -2008 ABC El batacazo en las municipales convierte el mandato de Brown en un calvario Desánimo ante las legislativas en el laborismo, que da unos meses al primer ministro para que retome el pulso EMILI J. BLASCO CORRESPONSAL LONDRES. La humillante derrota las elecciones municipales del jueves, con la pérdida de la alcaldía de Londres, ha dejado lo que queda de mandato de Gordon Brown en una situación agónica. Los propios laboristas reconocen que no se trata del típico castigo al Gobierno en medio de la legislatura; la prensa coincide en que todo apunta a una victoria de los conservadores de David Cameron en las próximas generales, que corresponde celebrar dentro de dos años. La historia sugiere que no hay una recuperación después de un resultado así El titular de The Times condensa lo que los comentaristas explican de modo pormenorizado comparando las cifras obtenidas ahora por los laboristas y otros ejemplos similares anteriores. Con un voto del 24 por ciento en las municipales, el peor resgistrado por los laboristas en cuarenta años, que les relega al tercer puesto tras el 25 por ciento de los liberal- demócratas, y además el determinante auge de los conservadores, que han alcanzado el 44 por ciento, no parece haber vuelta de hoja. Una distancia de veinte puntos entre las dos principales formaciones tradicionalmente ha sido insalvable. La conquista de Londres por el conservador Boris Johnson da una fortaleza añadida a la ola en favor de los conservadores. El nuevo alcalde de Londres, Boris Johnson, saluda al modo militar, en plena celebración por su victoria en Londres AP Andrew Porter Redactor Político Los observadores coinciden en que de momento no se va a producir ninguna revuelta en el Partido Laborista para cambiar de líder. A Gordon Brown se le dará una serie de meses para demostrar que es capaz de levantar cabeza. El congreso anual que el partido celebrará en otoño debería servir para cambiar el ánimo interno y captar el interés de la ciudadanía. Brown anticipará dentro de unas semanas una serie de iniciativas en el borrador del Discurso de la Reina, el programa legislativo que el Gobierno expone al término del verano. El único elemento que realmente podría cambiar las tendencias sería una mejora de las Congreso en otoño ¿PUEDE GANAR AÚN BROWN? a paliza en las elecciones locales se había predicho en muchos lugares. Los propios parlamentarios contribuyeron a agravar el problema con el mensaje sobre la franja de impuestos del 10 que iba a afectar a la Tercera Edad y a las personas con pocos ingresos. Está claro que fue culpa de Brown- -fue su presupuesto de canto de cisne el que instituyó el cambio- pero los parlamentarios laboristas se pusieron a L la greña en la antesala de unas elecciones, y la división quedó patente para el electorado. Ayer recogían los escombros. Los defensores de Brown esperan, contra todo pronóstico, que el Partido Laborista en el Parlamento haya probado lo que es la rebelión y haya visto los efectos que tiene. Por tanto, esperan que se respete el viejo adagio de únete o muere Para muchos críticos con el partido eso es lo que va a pasar. Ian Gibson, el rebelde habitual entre esos diputados que no están en el Gobierno, balbuceaba ayer frases conciliadoras. Pero, aunque puede que sus antiguos compañeros del Partido Laborista se alineen detrás de su atribulado líder, no es probable que suceda lo mismo entre las desafectas líneas afines a Blair. Elloshabíanformadolaalianza con los rebeldes del 10 y los conservadores para poner a Brown contra las cuerdas por los cambiosfiscales yobligarloaque diera marcha atrás cabizbajo. Ahora elucubrarán para ver si hay alguna manera de reemplazar a Brown. En general, no han dicho nada sobre sus intenciones desde que Brown relevó a Blair. Pero, por dentro, sentirán que les están dando la razón. Sin embargo, estos hombres pertenecen al pasado, al igual que el supuesto líder del círculo de la resistencia afín a Blair, Charles Clarke. No van a tratar de levantarse contra Brown. Tanto Reid como Clarke pudieron haber presentado su candidatura el año pasado, cuando el liderazgo aún no se había decidido, pero prefirieron callarse. En lugar de eso, confiarán en reforzar a uno de los jóvenes galgos del Gabinete para que prosiga su trabajo. Tendrán la vista puesta en David Miliband o James Purnell. Sin embargo, a ambos jóvenes ministros del Gabinete les faltan apoyos dentro del partido. Se arriesgarían a romper su unidad. Brown no es una de esas personas que se retiran sin oponer resistencia, incluso aunque estos hombres con trajes de Paul Smith tuvieran el terreno ganado. Un candidato popular, que probablemente será el próximo líder laborista, sería Andy Burnham, pero el secretario de Cultura también suele ser leal a Brown y sabe que le debe a él su puesto en el Gabinete. Cuando el Partido Laborista estudie su fracaso, los parlamentarios se darán cuenta de que las probabilidades que tienen de ganar las próximas elecciones son ínfimas. Y lo más probable es que la mayoría llegue a la conclusión de que su única esperanza realista es que Brown se quede y que la crisis económica no sea tan mala como se ha predicho. EDA Daily Telegraph