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10 OPINIÓN DOMINGO 4 s 5 s 2008 ABC AD LIBITUM CON RIGOR Y SIN CHAPUZAS L Tribunal Constitucional, más respetado por su significado que respetable por su conducta pasada y presente, es un conventillo del que, con frecuencia, conocemos sus miserias. Sea porque sus integrantes son fruto de cuotas y pactos o porque, como sus mentores, se han acostumbrado al uso del globo sonda, solemos conocer sus deliberaciones, al menos las más mollares, gracias a la prosa periodística antes que por el pesado lenguaje jurídico y administrativo de sus miembros. Ahora, dos años después de que fuese aprobado en referéndum, el TC delibera sobre la constitucionalidad del Estatuto de Cataluña M. MARTÍN y, según acaba de publiFERRAND car La Vanguardia, podría dar por bueno su preámbulo. Se aceptaría así, según matizan las filtraciones disponibles, que Cataluña es una nación ya que, a diferencia del articulado, el preámbulo no tiene efectos jurídicos La última vez que crucé unas palabras con el recién fallecido Leopoldo Calvo- Sotelo- -discreto presidente, hombre de bien y excelente parlamentario- a la salida de un concierto en el Auditorio madrileño, me dijo que el mayor de nuestros problemas políticos reside en la falta de cimientos éticos en los que sustentar el trabajo de los poderes del Estado. Algo que se acrecienta cuando viven sin la suficiente distancia, con mutuas dependencias y, muchas veces, en escandaloso amancebamiento. Lo recuerdo, un poco, en su homenaje y, un mucho, porque no cabe mejor diagnóstico si se le aplica al TC y a sus últimas emanaciones que, verdaderas o falsas, concuerdan con su acreditado amor a la componenda. Si entendemos que la Nación es una gran comunidad política y civilizada, aquí no hay más Nación que España. Así lo acredita la Historia, lo afirma la Constitución y lo sentimos una inmensa mayoría de los españoles presentes; pero, si Cataluña es también una nación, lo será independientemente de que tal enunciado aparezca en el preámbulo o en cualquiera de los artículos del Estatut, tenga o no efectos jurídicos. Será una cuestión de principios, no de compromiso, a no ser que el Tribunal quiera seguir deslizándose por la cuesta abajo que marca su trayectoria. Si no los tengo mal contados, son siete los recursos de inconstitucionalidad interpuestos por distintos actores, el PP entre ellos, contra el Estatut que le hizo vivir a José Luis Rodríguez Zapatero uno de sus más ridículos vodeviles y más claras contradicciones, con daños a Pasqual Maragall, engaños a Artur Mas, beneficios para Josep Lluis Carod Rovira y un zigzagueo de tal intensidad que parece imposible que no se le quebrara la cintura. Surtan efectos, o no, es un tema secundario; pero habría que esperar que, a pesar de lo acostumbrado, no fuera la funcionalidad el impulso del TC. En situaciones como la presente, es exigible anteponer el rigor intelectual y la exigencia ética a cualquier otra consideración. Por la dignidad del Estado. E -Está uno tantos meses en los embotellamientos de la ciudad, que el cuerpo agradece el cambio de pasar un tiempo en los atascos de las autovías. PROVERBIOS MORALES TUTEO OS vascos, como es sabido, tuteamos a todo el mundo. Se cuenta en Lequeitio que, cuando la emperatriz Zita de Habsburgo, exiliada en la encantadora población vizcaína, bajó por vez primera desde el palacio de Uribarren a la playa contigua, acompañada de sus niños- -todos en traje de baño- y se quedó escudriñando recelosa aquel mar camorrista, tan distinto del Adriático de sus amores, el marinero local asignado al grupo como bañero le dijo: Erreguiña, ¿qué miras pues? ¡Alsa la pata y chángate! Hay varias teorías sobre el tuteo vasco. Unos sostienen que se debe al igualitarismo foral, que nos hace a todos hidalgos. Discrepo. Si nos hubiera nivelado a la baja (todos chorizos, por ejemplo) lo entendería, pero los hidalgos se trataban de vuesa merced y no se apeaban el don y la doña ni en familia. Otros arguyen que, como en eusquera no hay tratamiento de respeto, al traducirnos en castellano optamos por el registro bajo. Puede. Aunque quizá se explique simplemente por un déficit de urbanidad. En la España de antes de la guerra daba gusto saludarse, porque todo el mundo se trataba de usted, e incluso los JON próceres republicanos se llamaban enJUARISTI tre sí don Aniceto, don Manuel, don Indalecio, don Alejandro. El tuteo político, según parece, lo introdujeron falangistas y comunistas, que iban de camaradas a tiempo completo. Suele echarse sobre los primeros la responsabilidad del tuteo universal que ha pervivido en la Administración, pero, si hubieran ganado los otros, nos veríamos hoy en las mismas. Lo del tuteo generalizado e interestamental no ha cundido en Iberoamérica, donde sólo se tutean o vosean entre iguales, e incluso hay una sana resistencia a tratar de tú al inferior. En Méjico he oído a muchos padres tratar de usted a sus hijos de corta edad, y me he sorprendido, como buen gachupín, ante las connotaciones de ternura que adquiere el juego de la inversión jerárquica en el lenguaje afectivo (recuérdese aquel extraor- L dinario bolero, Usted... En otros países de nuestra lengua no es raro oír todavía el su merced usado por el pueblo llano español hasta comienzos del pasado siglo. Los colombianos son particularmente ceremoniosos, y su escritor mayor, Álvaro Mutis (don Álvaro para los amigos) jamás ha tuteado a las personas que verdaderamente estima, empezando por su señora. En España, el caos dialectológico- -piénsese en el híbrido ustedes sois de la Andalucía occidental- -se va resolviendo en la nivelación del tuteo, que, a la larga, parece tan inevitable como la entropía cósmica. Pero no resulta elegante que el Estado acelere el proceso. Al parecer (véase el ABC del viernes pasado) son bastantes los ciudadanos ofendidos por el tuteo que Tráfico ha impuesto en las admoniciones luminosas de las autopistas. Confieso que no me había fijado en ellas. No conduzco, pero entiendo que los que lo hacen se piquen. A mí, lo que verdaderamente me sulfura es la publicidad de Hacienda. No bastaba con el Hacienda somos todos aquel eslogan mendaz que se ha mantenido con inaudita y desfachatada contumacia. Ahora, han pasado al tuteo: Marca con una x la casilla, etcétera Pretender que el contribuyente paga sus impuestos con entusiasmo ya es absurdo, pero adoptar ese tono de confianza y buen rollito me parece un insulto, tanto a la inteligencia como al bolsillo. Y más cuando la deferencia impostada se traiciona en la sintaxis. Casi todos los verbos principales de los anuncios de la Agencia Fiscal están en imperativo, como no podía ser menos. Hacienda y Tráfico son precisamente los ámbitos donde el individuo percibe sin distorsión alguna la naturaleza coercitiva del Estado, y donde más sería de agradecer, por tanto, la cortesía, que exige siempre el usted y la perífrasis ¿Tendría usted la amabilidad de marcar con una x la casilla, etcétera? Y es chocante que esto suceda bajo un gobierno presidido por un maestro del eufemismo y de la vaselina edulcorada. En Méjico, hay atracadores que son prodigios de buenas maneras Me veo en la presisión, joven, de aliviarle de la lanita Que traigan alguno para que les dé un cursillo.