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3 5 08 EN PORTADA El reloj- perro de Alfonso XIII rodeado de relojes franceses en el taller de Palacio. Santolaya ha descubierto que es Bobi el perrito del guardabarreras de Monistrol Cronos en Palacio El relojero del Rey (Viene de la página anterior) abonos de dar cuerda a los relojes por las casas Ya entonces una selecta clientela de coleccionistas, anticuarios y salas de subastas cundía por el local, heredero de la gran reputación de aquella relojería que fundara en 1867 el primer Pablo, el bisabuelo, en la plaza de San Pedro de su queridísima Almazán (Soria) Pero no sería hasta 1982 cuando cumplido, y más que aprobado, su proceso como aprendiz junto al padre, Manuel Santolaya ganara mediante oposición su plaza de relojero de Patrimonio Nacional llegando a ser el encargado de la Sección de Restauración y Conservación de Relojes y Autómatas. Y aunque ya no existe el título de Relojero de Cámara, extinto en el meridiano del siglo XIX, en Palacio, y fuera, todos saben que el último de los Santolaya es el relojero del Rey. Como también lo es, en el escaso tiempo del que disfruta como particular de la casa de Alba o de otros territorios menos linajudos pero con colecciones tan interesantes como la del hogar de los Boyer- Preysler. Hoy, como es jueves, Santolaya ha acudido a primera hora de la mañana al Palacio de la Zarzuela a pasar revista a los relojes que allí se conservan y a darles cuerda. Entre ellos, el de las Cuatro Fachadas de Thomas Hildeyard, predilecto del Rey y que Don Juan Carlos tiene en su despacho. Su resucitación fue peliaguda. Ni más ni menos que siete meses le llevó al maestro relojero devolverle la precisión a cada una de sus múltiples mediciones durante la última restauración de 2005. Estaba diseñado para ocho días de cuerda y al final el brío apenas le daba para veinticuatro horas. El desgaste de sus piezas lo dejó sin fuerza Hoy aquel pronóstico es historia y la maquinaria más compleja de todos los relojes de la colección real, diseñada en un alarde de genialidad por un jesuita matemático nacido en Londres, funciona como la seda casi trescientos años después de su construcción. Me gusta por su extraordinaria complejidad- -dice Santolaya a S 6- -y a Su Majestad lo mismo Desde luego, es el preferido del relojero. Porque la obra de Hildeyard es de una ejecución admirable y durante mucho tiempo estuvo rodeado de un halo de misterio: los que supieron de él por los textos creyeron estar ante un sueño y los que conocieron el reloj no supieron del documento del matemático en que describía sus posibilidades; no fue hasta 1973 en que la historiadora Paulina Junquera publica por primera vez la descripción del reloj junto a los grabados con su imagen. En la fachada principal- -detalla el maestro- -se muestran los años, los meses, los días de la semana, los del mes, las salidas y puestas de sol, las horas a nuestra manera y a la manera de Italia las fases de la luna, la duración de los días, los solsticios y los equinoccios. Es muy particular- -subraya- -cómo el mecanismo que regula el día del mes hace la corrección en los meses de treinta días así como en febrero, por lo cual el día del mes siempre es verdadero. En la fachada segunda aparecen las fiestas móviles- Letra Dominical, Número Áureo, Epacta, Septua Gesima, Ceniza, Pascua, Ascensión, Pascua del Espíritu Santo, Hábeas Cristie, Indición Romana correspondientes a los años 1789 y 1804- la edad de la luna y una escala con higrómetro, sobre la que un pequeño pájaro con las alas expandidas indica con el pico los grados de humedad. En la fachada tercera, se señalan las horas del día y de la noche, con minu-