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10 OPINIÓN SÁBADO 3 s 5 s 2008 ABC AD LIBITUM RAJOY, EN EL CENTRO ARIANO Rajoy ya no quiere, como dijo en Elche, que Esperanza Aguirre se marche al partido liberal. Ayer, después de haber anunciado lo contrario- -la indecisión es lo suyo- el presidente del PP acudió a la Real Casa de Correos, en la Puerta del Sol de Madrid, para acompañar a la presidenta de la Comunidad en las celebraciones del 2 de Mayo. Todo muy cordial y emotivo. Más teatral que sincero; pero la política, además de ser el arte de lo posible, es la magia de las apariencias. Por eso sus protagonistas corren, con tanta frecuencia, el riesgo del exceso y la sobreactuación. MARTÍN Aguirre, que tiene garFERRAND bo y sentido de la liturgia del poder, había dispuesto una tribuna, a las puertas de su sede autonómica, para presidir desde ella una parada militar. En 1808 la desobediencia de unos oficiales y el entusiasmo de unos vecinos aportaron el patriotismo necesario para que culminara una gesta que certificó la existencia de una Nación y bueno es que, en sus conmemoraciones, luzcan juntos y en armonía el pueblo y el Ejército. Aunque Fomento alarga innecesariamente la ejecución de los trabajos que se realizan en el subsuelo de la plaza que es, por ser el kilómetro cero de todas las carreteras radiales, el corazón de España, la cochambre y el desorden propios de las obras no deslucieron el acto. El desfile resultó emotivo. En el tablado, junto a una presidenta radiante, un Alberto Ruiz- Gallardón revestido de humildad y todas cuantas autoridades debían estar, también estaba en lugar prominente el díscolo Rajoy. No parece que eso se ajuste mucho al protocolo y convirtió un hermoso acto cívico y patriótico en algo innecesariamente partidista. Se puede entender que el PP, tan escocido por sus roces internos, necesite un bálsamo que alivie sus picazones y, también, que Mariano Rajoy, ninguneado por tantos de sus próximos, necesite reafirmar su personalidad; pero un acto institucional tan significativo no justifica la presencia central, estelar, de quien no puede ostentar más títulos que el de diputado y presidente de uno de los partidos en liza. No es de extrañar que, en la distancia, José María Aznar se muestre preocupadísimo por la marcha del Partido Popular. El líder Rajoy se ha sacudido su tradicional galbana y, azuzado por un síndrome agudo de afán de perpetuación, ha pasado en un tris de no estar en ninguna parte a estar, incluso, en donde no le corresponde. El 2 de Mayo, efeméride gloriosa y fiesta de la Comunidad de Madrid, en su celebración subrayada por el bicentenario, algunas autoridades locales, el alcalde de la capital entre ellas, fueron preteridas para el mejor lucimiento de Rajoy. Es un pecado venial, solo protocolario, pero sintomático del descabalado conflicto que afecta al PP y que no se remediará con un Congreso más búlgaro que Sofia. La potestad no basta cuando no se tiene la autoridad, algo que ni se improvisa ni se otorga. M ¿Alguien de ustedes desea hacerme alguna pregunta... HAY MOTIVO LOS POLÍTICOS Y LOS PERROS A decepción que nos producen los políticos cuando mudan la piel o pierden el oremus, es similar a la que entraña que un amigo nos acuchille por la espalda y sin venir a cuento. La amistad no es, al cabo, sino una cuestión de fe y, en parte o sobre todo, un ejercicio de ceguera. Pero es mejor no ver- -aunque haya que ir a tientas- -que recrearse contemplando las miserias ajenas. Y no hay mayor usura- -ni que tanto envilezca- -que no fiar en nadie y negar cualquier crédito. A los políticos, pues, igual que a los amigos, es menester creérselos. ¿Que luego salen ranas? Otros habrá que salgan peces. Tarde o temprano, sin embargo, se le coge el tranquillo a las reglas del juego: los amigos pueden fallar alguna vez, los políticos defraudan por sistema. ¡Qué le vamos a hacer! Es su naturaleza. La solución no es darse de puñadas, ni echar los pies por alto, ni mesarse el cabello, sino seguir las instrucciones del santo sacramento que nos regenera: examen de conciencia, dolor de corazón y propósito de enmienda. Una y no más, Santo Tomás; aquí se despide el duelo. Después, por pura inercia, el animal político (el zoom politikon de la filosofía TOMÁS aristotélica) despertará de nuevo y CUESTA acabaremos tropezando en una piedra idéntica. Porque no es sólo que de ilusión también se viva; es que, sin ilusión, la vida es un barbecho. En las elefantiásicas memorias del señor Henry Kissinger, el curioso lector encontrará una anécdota que ilustra lo anterior con supina elocuencia. El episodio sucedió hace cuarenta años: en el sesenta y ocho, claro, manda huevos: llevamos una racha en la que el calendario se nos ha encasquillado en esa fecha. Mientras los adoquines de Saint- Germain- des- Prés sustituían el fervor primaveral por el sopor agostado y agosteño, en Estados Unidos, Richard Nixon despejaba el camino hacia la Casa Blanca al derrotar en las primarias a mister Ronald Reagan (o el republicanismo a palo seco) y a su verdadera bestia negra, mister Roc- L kefeller (un si es no es, escorado a la izquierda) Nixon odiaba a Rockefeller porque le parecía un niño bien del establishment un pijo redomado y un soberbio. Y Rockefeller tildaba a su adversario de oportunista, de amoral, de manipulador y de rastrero. Eran, en resumidas cuentas, el agua y el aceite. Al fin de la batalla y muerto el combatiente (pirateando, cual es moda, un verso de Vallejo) Kissinger uno de los alfiles de Nelson Rockefeller, se preguntaba qué he hecho yo para merecer esto (ni Almodóvar se libra de la consagración del pirateo) Mis sentimientos- -escribe- -eran muy similares a los de un periodista con mucha mili a cuestas que se dejó caer sobre la barra del hotel al consumarse la tragedia. Éste es el último político- -afirmó el reportero, tras arrearse un lingotazo con el que diluir la pena- -al que estaré vinculado emocionalmente. Los políticos son como los perros... Como los perros, insistió, pidiendo más madera. Su expectativa vital es demasiado corta y asistir a su agonía es un tormento Rumiando las palabras de aquel tipo- -al que el whisky insuflaba una lucidez profética- Kissinger se plantea hasta qué punto las falsas percepciones, los errores de bulto, los desajustes estratégicos, podían achacarse a la amistad que le unía a su jefe. Nunca es plato de gusto remar contra corriente, ni es apetecible ejercer de aguafiestas. ¿Y si, por no enmendarle, resulta que se estrella? Tan amigos, of course O sea, por supuesto. En opinión de Henry Kissinger, el candidato Rockefeller tenía todas las cualidades necesarias para haber sido un gran presidente No obstante, en el momento decisivo, se le subió el pavo a la azotea y desdeñó a un rival que, muy posiblemente, no le llegaba a la suela del zapato pero que se le acabó calzando, a fin de cuentas. Lo que ocurre ahora mismo en el Partido Popular es casi un remake de todo aquello. Una mixtura de drama y sainete en la que el personaje más humano, más entrañable y más honesto, es el del gacetillero borrachín, senequista y escéptico. Los políticos son como los perros. Como los perros, sí... Brindemos por los perros