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ABC VIERNES 2- -5- -2008 Anthony Caro exhibe en Madrid su grupo escultórico Los bárbaros 73 pop. En el periódico me han prohibido titular que Madonna se reinventa a sí misma ironizaba una periodista en el Roseland. Pero a veces lo archidicho es la mayor verdad. Madonna tuvo que pedir perdón a Nueva York por algo descortés que dijo en Vanity Fair: que la ciudad ha perdido la chispa de los ochenta, cuando ella llegó. Madonna pidió perdon por esto que todo el mundo sabe que piensa, porque todo el mundo piensa igual que ella. Todo el mundo sabe que es verdad. De hecho, éste es uno de los secretos de su perenne éxito: que al pop se le han aflojado los músculos y ya no es capaz de parir artistas como ella. Ya todo es por cesárea y flor de un día. A punto de cumplir los cincuenta años, Madonna sigue siendo un referente musical, social e indiscutiblemente erótico para parejas de treintañeros que se abrazaban en el Roseland como si el sexo no se les hubiera ocurrido nunca antes de oír (y sobre todo ver) cantar a Madonna. Y apareció Justin Timberlake A las diez casi en punto el dj se retiró y la versión grabada de Candy shop se fundió con la real. Madonna, de negro satén, físicamente mejor que nunca, desencadenó un concierto de seis canciones y cuarenta minutos que dejó al público tiritando de coitus interruptus. Hubo desaforados guitarreos acústicos para el corte Miles away hubo Justin Timberlake- -coartífice de los mejores cortes del disco- contoneándose blanco y radiante sobre el escenario, reencarnando la coreografía de Four Minutes Hubo vivificante descaro. Madonna se arrancó con los primeros rasgueos de (I Can t Get No) Satisfaction y preguntó a la parroquia si creían que estaban allí para ver un concierto de los Stones. Cuando se pusieron a sus pies para lo que ella quisiera, les enloqueció y enrockeció, burlándose en la cara de los que dicen que hay que vivir el presente. Fuck the present! gritó triunfal, arrancando alaridos de entusiasmo. El tiempo se paró. Después de casi cien discos, siempre es como la primera vez, y siempre es la mejor vez prometió Madonna a un público que mayoritariamente podía ser su hijo, y que en cambio parecía estar aprendiendo de ella lecciones de eterna juventud. Que alguien había vendido el alma al diablo estaba claro, lo que no se sabía era quién. Más información sobre la artista: http: www. madonna. com Richard Meier, el 21 de abril de 2006, durante la inauguración de su polémico edificio ABC Ara Pacis, Casus Belli El arquitecto norteamericano Richard Meier ofrece modificaciones para salvar su cubierta del altar que el nuevo alcalde de Roma quiere trasladar a los arrabales porque afirma que la cubierta es contaminación visual y hay que llevarla a otra parte JUAN VICENTE BOO CORRESPONSAL ROMA. La guerra ha vuelto al Ara Pacis. El espléndido altar levantado por el emperador Augusto para celebrar la Pax Romana se ha convertido en un casus belli pues el alcalde recién elegido, Gianni Alemanno, anuncia que trasladará a los arrabales el edificio construido por Richard Meier para proteger los maravillosos altorrelieves del siglo I de nuestra era. Desde Nueva York, el arquitecto se declara estupefacto, pero propone al alcalde de Roma estudiar los problemas y tratar de resolverlos. La damnatio memoriae en los cambios traumáticos de emperador es una vieja costumbre romana, y Gianni Alemanno, de Alianza Nacional, acaba de arrebatar la alcaldía de Roma al centro izquierda, que ha gobernado los últimos 15 años. El vistoso museo, inaugurado en 2006, es la herencia más polémica, y Alemanno declaró nada más resultar elegido que la cubierta de Meier es contaminación visual, y hay que llevarla a otra parte La obra tiene enemigos, pues resulta más grande del mínimo imprescindible para proteger el Ara Pacis e incorpora un muro innecesario, que quita vistas a una iglesia contigua, situada también en las orillas del Tíber. Pero gusta a los turistas, y el complejo del Ara Pacis, con su museo y sus salas de exposiciones, es el tercer lugar más visitado de Roma después de los Museos Vaticanos y el Coliseo. En declaraciones al diario La Repubblica Meier anuncia: Iré personalmente a hablar con el alcalde en cuanto sea posible. Le preguntaré cuál es el problema e intentaremos encontrar juntos una solución. He trabajado en muchos países y nunca me había sucedido nada parecido La cubierta transparente del arquitecto neoyorquino sustituyó a la construida a finales de los años treinta por Mussolini, ya muy deteriorada. Ante la necesidad de cambiarla, el entonces alcalde Francisco Rutelli invitó a Meier a presentar un proyecto que realzase el valor del monumento. Así nació el museo subterráneo y la idea de una cubierta más grande de lo necesario para que el visitante pueda ver los altorrelieves de mármol a cierta distancia y no tan sólo a unos metros, como sucedía con la estructura anterior. La reacción más airada al anuncio de traslado de la nueva cubierta- -una estructura de metal adornada con piedra de travertino blanco- -ha sido la del concejal saliente de urbanismo, Roberto Morassut, quien amenaza con una querella contra el Ayuntamiento por dispendio del erario público si destruyen una obra que ha costado 14 millones de euros. Provocativamente, Morassut afirmó que esto parece la vuelta del pico demoledor aludiendo al gesto propagandístico de Mussolini, quien se quitó la camisa y tomó un pico para empezar a destruir casas y abrir la Vía de los Foros Imperiales desde el Coliseo al Altar de la Patria, más conocido como el Monumentissimo por sus admiradores o la Olivetti por sus detractores, en una polémica que dura ya más de un siglo. Varios arquitectos contrarios al proyecto de Meier como Maximiliano Fuksas o Paolo Portoghesi insisten en que es demasiado invasivo pero opinan que Roma tiene muchas otras prioridades antes que demolerlo o trasladarlo. Achille Bonito Oliva advierte que no existe un buen gusto de Estado. Los monumentos no pueden ser rehenes de las fuerzas politicas Encontrar una solución El concejal saliente de urbanismo amenaza con una querella contra el ayuntamiento si destruye la obra, que ha costado 14 millones de euros