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50 MADRID EN EL BICENTENARIO DEL DOS DE MAYO LA OTRA HISTORIA VIERNES 2 s 5 s 2008 ABC Grabado titulado Muerte de dragón en la puerta del Sol reproducido en la exposición Madrid, 1808- 2008. Un Pueblo, una Nación Héroes no tan menores La búsqueda de una historia verdadera del Dos de Mayo exige evocar la materia humana de los hechos POR MANUEL LUCENA GIRALDO MADRID. Acostumbrados como estamos a que el rugir de la Historia- -con mayúsculas- -sea propiciado por la actuación de hombres y mujeres que se apoderan de su destino y del de los demás, hasta imprimir en él una huella indeleble, guardamos capacidad de sorpresa ante un evento como el dos de mayo de 1808 en Madrid, amplificado por el eco posterior de los cinco años de guerra devastadora que le siguieron, debido a un elemento distintivo: el protagonismo del pueblo en su desarrollo. En este sentido, la recuperación de la complejidad del pasado, la búsqueda de una historia verdadera del dos de mayo, nos exige evocar la materia humana y concreta de los hechos, bajar a las calles y los muros pintados por Goya y saber quiénes eran aquellas personas, que nos miran en el instante de la muerte desde sus cuadros. Pues es posible recrear, en la línea del gran Benito Pérez Galdós y sus Episodios nacionales algunos de los rostros de quienes vivieron en primera línea la sacra insurrección española -así se llamó entonces- -contra el invasor francés. Ese hasta aquí hemos llegado que encendió la llama de la rebelión cuando la soldadesca napoleónica sacaba al infante Francisco de Paula del Real Palacio en la mañana del día de autos de hace dos siglos. Este planteamiento ofrece una ventaja añadida, pues entronca con una visión de la historia de España que- -desde El Cid campeador en adelante, pasando por los conquistadores de América que ni Carlos V ni Felipe II premiaron como ellos esperaban, los soldados de los tercios de Flandes que combatieron hasta el final con honor pero sin paga, o de aquellos que, como el honesto Jovellanos, nunca optaron por el afrancesamiento y la traición a su patria- -ha ponderado que el pueblo español ha sido mejor en sus comportamientos que quienes les han gobernado. Que ha existido secularmente esta visión queda probado por lo antiguo de la frase que deduce una suerte de atroz moraleja de las hazañas del Cid, Dios que buen vasallo, si hubiese buen señor difundida también en tiempos contemporáneos: el ministro alemán Bismarck no tuvo reparos en señalar con ironía que la prueba del valor de los españoles consistía en que eran capaces de sobrevivir a las nefastas actuaciones de sus gobiernos. Por supuesto, hay que decir que ante la insurrección del dos de mayo- -en buena parte provocada por la insufrible y criminal altanería del ejército imperial francés, que había tratado desde marzo a los madrileños como había hecho con los egipcios y estaba organizado para el saqueo sistemático de riquezas y obras de arte a la manera practicada en los reinos de Italia- la reacción de Murat y los generales que le rodeaban fue pensar en una conspiración dirigida por elementos no populares; algún noble, clérigos, frailes, oficiales del ejército, hasta ministros desobedientes a las órdenes de mirar hacia otro lado de Godoy que desde el otoño anterior, y antes, se habían hecho habituales. Es verdad que esos elementos se incorporarían a la insurrección y los artilleros Daoíz y Velarde morirían en su transcurso, pero los estudios históricos serios abundan en la espontaneidad del estallido de ira popular, lo imprevisible y revolucionario de su liderazgo. Por cierto, en aquellos meses, con más frecuencia de lo que se piensa, oficiales, pequeños nobles, funcionarios, fueron asesinados por la turba patriota que les acusaba de afrancesados y también en algunos casos por ser los ricos Volvemos así a la cuestión del protagonismo del elemento popular, patente en el maravilloso relato galdosiano y visible también en las fuentes históricas, en este caso el tristemente famoso Listado de los españoles muertos y heridos en los combates del Dos de Mayo de 1808 y los fusilamientos de prisioneros que le siguieron Contiene 410 muertos y 171 heridos. Entre los primeros hay 57 mujeres, 13 niños, 40 militares, tres eclesiásticos, 22 personas sin oficio con título de don y 75 sin oficio y plebeyos. El primer muerto del dos de mayo fue Mi- Altanería francesa Visión de la historia Listado de muertos guel Álvarez Olmedo, por espía Tras él, la saña terrorista de Murat y sus tropas quitaron la vida entre otros muchos al leonés Amaro Francisco Otero, mozo de pala de una tahona y uno de los defensores del Parque de Artillería; al carbonero Andrés Cano, herido en Sol, como el contador Andrés Fernández; al trajinero de vino Andrés Martínez- -fusilado en las tapias de Jesús- a la casada Ángela Fernández Fuentes, de Aranjuez, defensora también del Parque; al ministro del resguardo Anselmo Ramírez, fusilado en la montaña del Príncipe Pío, con tres hijos y su esposa Manuela embarazada; al alfarero de Navalcarnero Antonio Colomo; al pastor de 18 años Antonio Escobar; al niño gaditano de 12 años Antonio Fernández Menchirón; al pobre de solemnidad Antonio González López; al asturiano y albañil Antonio Meléndez- -aquél que luchó en la Puerta del Sol contra los mamelucos de la Guardia Imperial y junto a unos paisanos defendió la entrada de quienes buscaban refugio en los claustros del Hospital del Buen Suceso, hasta recibir una herida profunda de sable en la cabeza, de la que murió- al napolitano Bartolomé Pechirelli; a Benita Pastrana, de 17 años y natural de la Alcarria, herida en el Parque de Artillería y fallecida el 1 de julio; al médico catalán Carlos Nogués... a tantos nombres de héroes no tan menores.