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34 INTERNACIONAL VIERNES 2 s 5 s 2008 ABC Sarkozy intenta restañar el eje francoalemán en un homenaje a Merkel La canciller alemana recibe el premio Carlomagno por su papel en la solución de la crisis tras el fracaso del Tratado Constitucional ENRIQUE SERBETO ENVIADO ESPECIAL AQUISGRÁN. Hace un año, para estas fechas la canciller alemana estaba trabajando con todas sus fuerzas para intentar sacar a Europa del colapso político en el que cayó con el referéndum francés. Ayer, estos esfuerzos fueron recompensados con el Premio Carlomagno, entregado nada menos que por el presidente francés, Nicolás Sarkozy, que dentro de dos meses comienza un semestre de presidencia en el que se supone que se han de recoger los frutos de este esfuerzo. En el Ayuntamiento de Aquisgrán, el lugar donde estuvo el palacio de Carlomagno, se entrega cada año este premio a la más destacada labor europeísta. El año pasado el señalado fue Javier Solana, después de una larguísima trayectoria. El Rey Don Juan Carlos- -presente en la ceremonia- -es otro de los que han sido galardonados, y Angela Merkel es la tercera canciller que lo recibe, después de dos figuras históricas como Konrad Adenauer y Helmut Kohl. No ha sido corriente que el premio Carlomagno fuera otorgado con tanta rapidez, porque seguramente no ha sido tampoco habitual que un canciller se haya visto obligado a ejercer desde el primer momento un liderazgo europeo tan activo, en asuntos fundamentales como el rumbo hacia el Tratado de Lisboa o la negociación de las perspectivas financieras. tico de este sentimiento. Para Alemania, un presidente imprevisible como el francés no debe ser nunca fácil como aliado, y no pocas veces sus planes espontáneos, empezando por la Unión Mediterránea con la que quiere inaugurar su presidencia, han causado fricciones con el Gobierno de Berlín. De hecho, da la impresión de que en los últimos tiempos el ejefranco alemán no ha funcionado más que para que Alemania se dedicase a enderezar las iniciativas de Francia. Nada de eso se percibía ayer en su diuscurso de Aquisgrán, en el que Sarkozy utilizó innumerables elogios hacia la trayectoria de una mujer- -la cuarta galardonada con este premio- -de la que recordó que viene de una dictadura comunista, que ha llegado al frente del Gobierno de uno de los países más importantes del mundo y que ha causado admiración por su gestión al timón de la UE, sobre todo cuando nadie sabía cómo sacar a la lUE de la crisis y ella nunca desfalleció Ahora, la gloria histórica se la puede llevar Portugal, cuyo mérito fue acoger la ceremonia de la firma. Sin mencionar las conocidas suspicacias, Angela Merkel prometió su cooperación y el respaldo de su país para la presidencia francesa: Europa fue, es y será nuestro destino común un lugar donde tras siglos de violentas confrontaciones, hemos logrado lo que ape- nas parecía imaginable: una convivencia pacífica y cordial Sarkozy citó en su discurso a Don Juan Carlos, al que atribuyó la solidez de la democracia en España y este tuvo también varias conversaciones informales con Angela Merkel. Los invitados no tienen mucho espacio en la sala donde tradicionalmente se entrega este galardón, que está considerado como el más importante de Europa, y el acto es tradicionalmente la ocasión para este tipo de encuenstros. A pesar de esta relevancia, ni el premio ni el honorable nombre del emperador que dominó gran parte de Europa en la Edad Media, no son siempre una garantía: en 2003 lo recibió Valery Giscard D Estaing por haber presidido los trabajos de redacción de la Constitución y en 2005 los franceses destruyeron su trabajo en el referéndum. Amor por la canciller Sin embargo, lo que no ha ido bien en los últimos meses, más concretamente desde la elección hace un año de Sarkozy, ha sido el tradicional eje franco- alemán. Las referencias que hizo ayer el presidente francés estaban dirigidas precisamente a intentar dar la idea de que las cosas van bien entre los dos países que cargan con una responsabilidad histórica, por lo que no tenemos el derecho de permitir que surjan malentendidos puesto que cuando Alemania y Francia discuten no lo hace como otros países, sino para buscar soluciones. Entre nosotros no pueden abrirse abismos Sarkozy llevó incluso esa tesis a la definición de su amor por Merkel, pero tranquilizando al esposo de la canciller- -y se supone que a Carla Bruni- -sobre el carácter polí- Sarkozy y Merkel se saludan segundos después del discurso del presidente francés dirigido a la nueva premio Carlomagno AFP En busca del primer presidente permanente para la Unión Europea E. S. AQUISGRÁN. Hasta ahora el proceso de ratificación del Tratado de Lisboa está avanzando sin grandes sobresaltos. Francia, que fue el escollo del Tratado Constitucional, ya lo ha hecho, así como la mayoría de los demás países miembros. Gran Bretaña ha aceptado olvidarse del referéndum, lo que ha eliminado una de las mayores incertidumbres. Por ahora, la única incógnita es la de Irlanda, que mantiene su exigencia constitucional del referéndum y cuyos volubles electores tienen a los responsables de la UE en vilo. Según las encuestas, poco más de un tercio de los irlandeses votarían que sí, otro tercio que no y otros tantos siguen indecisos ante la consulta del 29 de mayo. En el anterior tratado, el de Niza, también votaron que no a la primera, pero el Gobierno de Dublin logró que repitiesen la votación y evitasen una crisis institucional en la UE. No se sabe si después de los rechazos de Francia y Alemania los electores irlandeses se pueden sentir más envalentonados. Seguramente a causa de esta incertidumbre, todavía no se observan grandes maniobras para encontrar al nuevo presidente permanente del Consejo Europeo, puesto que crea el Tratado de Lisboa. El primero en ser descartado ha sido Tony Blair, a quien se reprocha que su país no pertenezca ni al euro ni a Shenguen ni a la Carta de Derechos y Libertades. No sería descabellado pensar que alguno de los que ayer estaban en Aquisgrán pudiera ser un buen candidato. Los rumores en Bruselas se dividen entre los que piensan que se elegirá a una personalidad fuerte que deje su impronta en un cargo nuevo, o alguien más simbólico que se limite a ponerlo en marcha, en un periodo de rodaje. En el primer caso sería alguien de los países más antiguos, en el segundo sería probablemente alguien procedente de los recién incorporados.