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ABC MIÉRCOLES 30- -4- -2008 Wolfgang Wagner anuncia que dejará la dirección del Festival de Bayreuth en agosto 87 -Tú no eliges las cosas. Es verdad que no estaba tan seguro de mí mismo entonces, pero tampoco lo estoy ahora. A lo mejor es que no hay que estarlo. Hay que entregar tu vida, hacer las cosas porque te gusta hacerlas, sin saber qué va a pasar. Si tienes suerte, encuentras un apoyo. Ese apoyo yo lo he encontrado. ¿En qué medida? Pues la suficiente como para poder vivir de este trabajo de una manera digna. Tampoco hay que pedir mucho más, oiga. ¿Que Picasso ha conseguido más? Pues mejor para él. ¿Parecía que para entender la gran pintura española, de Velázquez se saltaba a Picasso y tira porque me toca, y ya está? -Pero esta doble exposición en Boston, por un lado el recorrido de El Greco a Velázquez, por el otro usted... parece sugerir que esa es la línea dinástica así se asegura la continuidad. -Sí, pero en cambio cuando yo me formé nadie hablaba de Picasso, no existía para nadie. Existía para mí, porque yo me interesé por él y le busqué, pero entonces no se hablaba de él en España ni había cuadros suyos en ningún museo. Nadie estaba por la labor. -Pero es que esto tampoco se elige. El arte plástico del siglo XX, a diferencia de la literatura que sigue siendo para todos, y no digamos el cine, se ha vuelto muy elitista. Pero eso no ha sido un capricho, ha sido necesario que eso fuera así, porque era la única manera de expresar sentimientos absolutamente personales. Entonces se han perdido unas cosas y se han ganado otras. Se ha perdido ese lugar de todos, ese gran arte integrador, el de Fidias, Miguel Ángel, Leonardo o Velázquez, un arte que unos entienden mejor y otros peor, pero donde todos pueden comunicar, a todos les llega una parte de aquello. Eso se ha perdido para dar paso a un arte muy individual. Para que Giacometti sea absolutamente Giacometti tiene que prescindir de muchas obligaciones con los demás. Y, como se puede hacer, porque la pintura y la escultura son artes que haces tú en tu estudio, no necesitas promotores o capital inicial como el que hace falta para -Ser moderno es ser algo más endogámico. para todos los oídos. El arte plástico del siglo XX, a diferencia de la literatura que sigue siendo para todos, y no digamos el cine, se ha vuelto muy elitista. Pero eso no ha sido un capricho ¿Y qué es lo que ve? este caso he quedado muy contento. Ellos han contado mucho conmigo, porque yo, a diferencia de El Greco, no estoy muerto, estoy vivo, y se podía contar. Pero es que además estoy muy satisfecho con lo que veo. -Hábleme de su muestra en Boston. ¿Qué le sobra, qué le falta? poner en marcha a una película, que si no gusta a todo el mundo pues no se hace, pues se ha creado ese maravilloso espacio en el siglo XX, ese espacio para el arte absolutamente privado. ¿Que ahí no entran más que diez? Pues para diez. Y si son mil, mil; pero sobre todo, sin pensar en eso. El propio Van Gogh no gustaba en su época. Por ahí van las cosas. -A mí siempre me sobran cosas, siempre... Cuando me acusan de ser lento, yo siempre pienso, más lento debiera ser todavía... Pero lo cierto es que en -Pues el peso de la vida. El peso y la fascinación. Son dos cosas que van juntas en mi mirada. Me fascina lo que veo y me pesa. No es pesadumbre, atención, es peso. Una ciudad pesa. No es un cuadro de Monet. Es algo muy físico, muy planetario, la luz del sol unida a la tierra y a todo lo que el hombre construye sobre ella crea algo que atemoriza a veces. Yo he visto aquí todas esas sensaciones pasadas a mi trabajo. Tú día a día vas vertiendo, como la abeja liba y hace su miel. Mi miel está hecha así, con esas sustancias básicas. Es triste, no es triste del todo, no es alegre... un poco como yo siento la vida. De ahí sale todo. -Es que parece usted un radar que todo lo capta y lo devuelve magnificado, con una especie de temeraria generosidad. ¿Y no hay que ser así? ¿No es para eso para lo que estamos? El político estará para otras cosas. Ojalá le guiara eso también, tendríamos mejores políticos, mejores guías. -No lo había pensado... No me tire usted tanto de la lengua. Estas cosas es mejor sentirlas y hacerlas, no pensarlas. Dios nos libre a los autores de tener que explicar demasiado nuestras obras. ¿Como un explorador de la empatía? do. ¿Por qué? Ayer cuando veníamos en el avión, en ese largo vuelo de ocho horas, un niño que no tendría más de un año se fijó en una de mis nietas y se acercó a ella. Estaba fascinado, le arrimaba la mano a la cara... Ahí está el misterio del mundo. El misterio de la verdad. Y luego está la carne. Esas son las palabras mayores para mí. Y por supuesto el amor, el amor- fascinación. Otros trabajan desde la crítica, desde el sarcasmo. Yo me acerco al mundo así. -Hábleme de Noche y Día -Yo nunca he podido dejar de trabajar sobre el tema de los niños. Es lo que más me ha atraí- -Eso es una opción de ellos. Podían haber elegido a Chillida o a Tàpies y tendría el mismo espíritu de lo que se considera lo español básico, que a estas alturas ya no creo que resida en ser figurativo y pintar Madrid o Tomelloso, sino en tener ese tono que tiene lo español del siglo XVII, ese respeto por el mundo, esa hondura moral. Yo creo que eso en mi generación lo tienen bastantes pintores, también no figurativos. -Y yo estoy muy contento y me parece muy bien, claro. Pero insisto, podrían haber elegido a otros sin quebrar el principio. No vale todo porque también existe arte español y bullanguero, pero lo que intentan acreditar aquí es que tres siglos después hay quien mantiene aquel espíritu, aquel tono, para que la vida siga pasando al arte de aquella manera. -Pero le han elegido a usted. Fragmento de una de las esculturas de gran tamaño (en la imagen, Día que Antonio López ha hecho para la estación de Atocha REUTERS -Usted pinta un mundo que al ojo americano le debería resultar completamente ajeno y que en cambio le llega en línea recta, casi milagrosamente. He oído a espectadores de sus obras compararlas con Hopper. Pintar a los Reyes, el encargo que dejó de serlo La realeza española... ¡por primera vez en Boston! rezaban los excitados anuncios de la gala celebrada en el Museo de Bellas Artes de la capital del estado de Massachussets, casa solariega de la revolución americana y de los Kennedy. Edward y Victoria acudieron en representación de la saga a la gala, donde se dieron cita cerca de mil personas. Mil eran los llamados a degustar tapas de paella, sangría y hasta la música del grupo de Juanito Pascual, epítome del flamenco bostoniano. Pero sólo unos doscientos elegidos accedieron a la verdadera cena de gala. Todo Boston tembló de emoción al ver llegar a la infanta Cristina, sobria y deslumbrante en color plata. El misterio de la majestad suspendió la circulación del aire durante un nerviosísimo pasamanos que no estalló en naturalidad hasta llegar los duques de Palma a la altura de María y Carmen, las pequeñas nietas de Antonio López que iluminaban como un rayo de luz y color el umbrío bosque de corbatas negras y trajes largos. ¡Qué guapas! saludó la infanta a las niñas, prendiendo automáticamente la -Yo creo que alguien tiene que trabajar para que el arte llegue a todo el mundo. Ese era el ideal del arte antiguo, construir una gran casa donde entran todos. El arte del siglo XX prescindió en gran medida de esa especie de obligación de llegar a todos, como cuando Mozart decía que él hacía música complicidad que une a la familia real y a la familia López desde hace mucho tiempo. Tanto como lleva el pintor trabajando en un retrato de los Reyes y sus tres hijos, todos ellos solteros cuando el de Tomelloso tomó los pinceles. La infanta bromeó con Antonio López sobre la conveniencia de obligar al Rey a comprometerse por escrito a posar. Os he dedicado tanto, tanto tiempo evocó casi nostálgico el artista, que describe este cuadro como un encargo que dejó de serlo. Por eso he tardado tanto, he querido esperar a metabolizar el encargo, a que el cuadro saliera de mí, me saliera casi sin remedio nos contaba.