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4 EDITORIALES MIÉRCOLES 30 s 4 s 2008 ABC DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO DIRECTOR: ÁNGEL EXPÓSITO MORA Director Adjunto: Eduardo San Martín. Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer, José Antonio Navas y Pablo Planas. Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado. Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro. PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: JOSÉ MANUEL VARGAS PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área de Publicidad: Adolfo Pastor Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera OPOSICIÓN FRENTE A MEDIOCRIDAD N su primera intervención pública tras la investidura como presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero garantizó la continuidad de algunas de las características principales de su primer mandato: la superficialidad de sus análisis y el voluntarismo ante los problemas económicos. Con el resultado electoral del 9 de marzo, Zapatero no tiene motivos para rectificar esta forma mediocre de hacer política. Le ha resultado rentable y además está consiguiendo reducir el sentido crítico de la opinión pública ante la manifiesta incapacidad de su Ejecutivo para adelantarse a la evolución de la crisis económica. Para Rodríguez Zapatero siempre son los demás los que se equivocan, pero aun así sigue pendiente la responsabilidad política de su equipo económico por despreciar los datos negativos que ya en el verano de 2007 vaticinaban, con mucha más fiabilidad que las previsiones inefables del ministro de Economía, el deterioro de la economía. Los pronósticos del Gobierno no van más allá de las veinticuatro horas de antelación con las que José Luis Rodríguez Zapatero anunció que la inflación iba a reducirse ya como así ha sido, aunque tampoco para dar por zanjado el problema del alza de los precios. La mediocridad de la política española se convierte de esta manera en el objetivo de una acción de Gobierno que busca su impunidad frente a las contradicciones y las ocultaciones y que pretende privar a la sociedad española de objetivos ambiciosos que comprometan y obligan a rendir esas cuentas que no se saldan con discursos apacibles y autocomplacientes. Sin duda alguna, la situación actual del Partido Popular está facilitando, por el momento, esta estrategia de bajo nivel que marca el Gobierno. La ausencia de una confrontación opositora, propia de la democracia parlamentaria, permite al Gobierno trasladar la idea, aunque sea subliminalmente, de que las cosas no van tan mal EL IPC NO E E cuando la oposición no se le echa encima para pedir explicaciones. Si no hay oposición, el Gobierno pasa inadvertido. A estas alturas, no todo lo que está pasando en la sede de Génova lo explica el proceso de preparación del próximo congreso de los populares. El grupo parlamentario ya está, al fin, formado y además el PP es un partido suficientemente sólido para combinar su conveniente renovación con el trabajo de oposición diaria que está demandando el nuevo Gobierno socialista. Sólo la pésima gestión del ministro de Sanidad en la alerta sanitaria del aceite de girasol- -y no el paseo de Zapatero por León un domingo por la mañana- -daría para una continuada, dura y seria respuesta. A todo esto se une otro proceso que arranca de mucho antes de las elecciones de 9 de marzo. La salida de dirigentes relevantes- -ayer mismo Eduardo Zaplana anunció que deja la política- al margen de la valoración concreta de sus gestiones y de los motivos de sus retiradas, es un fenómeno natural en todo partido político, y el PP- -que no es una excepción- -lo está viviendo desde 2004 de forma constante. Pero si esa salida no va a acompañada de la incorporación de otros nuevos políticos de similar proyección, la renovación se acaba convirtiendo en una descapitalización humana que el centro derecha no se puede permitir en las circunstancias actuales y que tampoco responde a su experiencia histórica de transiciones internas. Queda aún el congreso de junio para que el Partido Popular no responda con mediocridad a la mediocridad expansiva del Gobierno y para dar un contexto organizativo más sólido a las designaciones hechas por Mariano Rajoy en el grupo parlamentario. El reto del centro derecha español es elegir la mejor estrategia para ganar al PSOE, como hizo en 1996, cuando lo consiguió poniendo al frente de la oposición parlamentaria y social una vanguardia con altura política y capacidad de confrontación. APLACA LA CRISIS l círculo virtuoso de un buen crecimiento económico caracterizó la economía española durante la última década, pero se ha tropezado con el muro de una crisis que tiene múltiples causas, externas e internas. Ante las externas, sólo cabe la prevención; pero frente a las internas se requiere talento. Nada de eso ocurre, más bien lo contrario: precios altos y crecimiento bajo. Estos últimos días se ha oficializado una realidad: que el crecimiento económico se rebaja al 2 por ciento o menos y ayer el indicador anticipado del IPC apuntó que sigue por encima del 4 por ciento. Quien quiera ampararse en lo favorable destacará que el avance del IPC interanual va cuatro décimas por debajo del mes anterior, pero lo importante es que durante el primer cuatrimestre la inflación media está por encima del 4 por ciento, un punto y medio por encima del año anterior y más de un punto superior a la media de la zona euro. Cualquier conformismo frente a esas cifras supone rechazar una realidad adversa, cuando reconocerla es una condición necesaria para evitar más deterioro. Las cuatro décimas de mejora de los precios en abril son coyunturales; durante el segundo cuatrimestre del año anterior los precios se mantuvieron estables, así que no es probable- -aunque Zapatero lo anticipe- -que durante los próximos meses mejore la tasa interanual del IPC. Hasta el invierno, el IPC español no va a apearse del 4 por ciento, el doble del objetivo y una tasa que dificulta la salida de la crisis. OTRO PACTO DE TOLEDO E n plena avalancha de malos datos económicos, suenan voces de alarma sobre la estabilidad del sistema de pensiones, pilar indiscutible del Estado de Bienestar. Hace unos días, José María Fidalgo afirmó que el sistema puede llegar al colapso en el plazo de diez años si no se toman medidas cuanto antes. Mariano Rajoy expresó también su criterio en el debate de investidura, reclamando un acuerdo de Estado que actualice el Pacto de Toledo. El Gobierno ha perdido el tiempo en los momentos de bonanza para introducir una serie de reformas estructuras que ahora van a ser mucho más difíciles. Para una gran mayoría de ciudadanos, estamos ante una cuestión determinante. La posibilidad de que muchos años de cotización no se vean compensados por una pensión digna sería un auténtico drama para millones de personas. Sin perjuicio de impulsar fórmulas privadas, no hay otra salida que renovar el Pacto de Toledo sobre la base de la lealtad política y la eficiencia económica.