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ABC MIÉRCOLES 30 s 4 s 2008 LA TERCERA 3 EL PENSAMIENTO POPULAR Los rasgos que, a mi entender, distinguen hoy al Partido Popular son cinco, decantados a lo largo de más de cuatro décadas y defendidos en muchos libros. Otras convicciones separan al PP de sus adversarios. Pero las cinco citadas explican que lo esencial es perfeccionar las ofertas concretas en los programas electorales y no debatir, de nuevo, sus fundamentos. Dejemos a otros la estéril discusión sobre el sexo de los ángeles... E ha planteado la conveniencia de un debate ideológico ante el próximo Congreso del Partido Popular. Es una iniciativa razonable que siempre ha cumplido esta fuerza política, creada por las que, en el Noveno Congreso celebrado en 1989, decidieron unirse en la que desde entonces lleva ese nombre. Procuremos, sin embargo, que los árboles nos permitan ver un frondoso bosque que no ha nacido ayer. Es útil recordar los principios que, desde hace bastantes años, fueron moldeando al futuro partido y le dieron sus señas de identidad. Para empezar, deseo recordar una anécdota: en 1964, ¡hace ya 44 años! acompañé a Manuel Fraga en un almuerzo que ofreció a un exilado español llamado Nicolás Furió, por desdicha ya fallecido. Era un alicantino que volvía a España desde México después de la guerra civil. Una correspondencia anterior revelaba su interés por su anfitrión a quien, enseguida, preguntó por cómo él se definiría políticamente. La contestación fue clara y breve: Creo ser un hombre de centro Esta idea, más propia entonces de un sociólogo que de un político, presidió su trabajo cuando empezamos a construir el sistema democrático que nos permite superar aquellos trágicos enfrentamientos. Una decisión suya dejó luego temporalmente libre un espacio que otros supieron ocupar; y le tocó recuperarlo cuando en 1982 se produjo el hundimiento de UCD, partido al que corresponde el mérito mayor en el asentamiento inicial de esa democracia, justamente por haberse situado entonces en el centro de nuestra sociedad. l debate sugerido ha de tener presente que no se trata de ideas puras, que están sólo en los libros, sin que deban tener una plena validez real, es decir, un contenido aplicable al gobierno de la nación; lo que siempre pretendió Alianza Popular, principal base de Coalición Popular y, luego, del Partido Popular. Por ejemplo: en 1983, hace ahora un cuarto de siglo y ante las elecciones autonómicas que iban a celebrarse en quince Comunidades, las ediciones de AP publicaron dos gruesos volúmenes que sumaban 1.800 páginas, nada menos. Las 200 primeras resumían el Programa de Gobierno para la Nación española que AP y sus coaligados (entonces el PDP y tres partidos regionales) habían presentado en las elecciones de 1982 en las que obtuvieron más de cinco millones de votos. Las restantes contenían sucesivamente los programas para esas Autonomías, que eran todas salvo el País Vasco y Cataluña que celebran sus elecciones en fechas diferentes. Se ofrecían allí soluciones para todos los problemas planteados en cada rincón de España; y, por supuesto, con ideas prácticas y propuestas concretas para mejorar a los ciudadanos, que es el deber de toda S fuerza política. Lo mismo ha ocurrido con el buen programa del PP en las recientes elecciones nacionales. os rasgos que, a mi entender, distinguen hoy al Partido Popular son cinco, decantados a lo largo de más de cuatro décadas y defendidos en muchos libros. Muy resumidamente, son éstos: 1 Es una fuerza política liberal. Resucitada primero la Unión Liberal de O Donnell y sucedida luego por el Partido Liberal, fueron parte de la Coalición Popular que asumió el ejercicio de la oposición en el 82. Al menos en Europa, el liberalismo es una doctrina que suscita gran simpatía pero que, por sí misma, no atrae grandes masas de votantes. 2 Es, también, un partido conservador porque custodia valores insertos en la sociedad y capaces de cohesionarla tales como las creencias religiosas, el respeto a la propiedad privada, el amor a la Patria y la valoración de la familia como fundamento de cualquier sociedad organizada. Este principio y el anterior fueron combinados en el siglo XIX por el predecesor más evidente del actual PP: el partido que creó don Antonio Cánovas del Castillo y al que llamó liberal- conservador, diferenciándolo del liberalismo puro que fue su alternativa bajo la dirección de don Práxedes Mateo Sagasta. 3 Enseguida, es una fuerza política no confesional pero que acepta de corazón la realidad de la substancia cristiana de España y, en ello, coincide perfectamente con los partidos de esta denominación que, aislados, tampoco atraen muchos votos porque el elector recela de los partidos confesionales, como si no quisiera mezclar L E lo humano y lo divino. Pero la mayoría de los miembros del PP son fieles a esa fe y suelen llevar una vida concorde con sus creencias. Ambas realidades condujeron finalmente a la fusión, en una sola fuerza política, de Alianza Popular y del Partido Demócrata Popular que ya habían concurrido en coalición a las elecciones del 82. Hoy, los parlamentarios de uno u otro origen son indistinguibles en el seno del Partido Popular que los unió en aquel Congreso fundacional. Y ninguno discrepó tampoco de la pertenencia al Partido Popular Europeo que acoge, como socio mayor, a los democristianos alemanes. 4 Otro dato importante es el sentido social. En el PP y sus homólogos europeos, la voluntad de justicia conduce necesariamente a la protección del débil. En países de fuerte tradición católica como el nuestro, las Encíclicas sociales de los Papas desde la Rerum Novarum han fortalecido la convicción de que la justicia social es un objetivo obligado sin que ello conduzca a aceptar los planteamientos socialistas que debilitan la creación de riqueza y, por tanto, su distribución equitativa y que, por ejemplo, ante una crisis como la actual, sólo tienen la demagógica idea de repartir una parte substancial de las reservas del Tesoro público... En una sociedad ya desarrollada como la nuestra, el PP es la opción preferida de las muy extensas clases medias con cuyo respaldo ganó dos elecciones y ganará pronto la tercera. 5 Por fin, el PP tiene una clara idea de la Patria que no le parece un concepto discutido y discutible y sabe muy bien lo que es España, cómo ésta se ha ido formando en un proceso de siglos y cómo su unidad está asentada en su propia variedad. Y personalidades del PP (o de UPN, en Navarra) han gobernado o gobiernan Comunidades Autónomas que figuran entre las más prósperas y dinámicas. El PP cree sin embargo en la unidad esencial de España y en la necesidad de un Estado que no quede reducido a un esqueleto sin facultades como viene ocurriendo desde hace cuatro años. Por dar sólo cuatro ejemplos: la educación, la seguridad, la sanidad y la administración de justicia deberían permanecer en manos del Poder central o volver a ellas, en opinión personal que quien subscribe ofrece a ese debate... Y conviene, además, evitar que varias Comunidades hagan descaradamente su propia- -y ridícula- -política exterior. O tras convicciones separan al PP de sus adversarios. Pero las cinco citadas explican que lo esencial es perfeccionar las ofertas concretas en los programas electorales y no debatir, de nuevo, sus fundamentos. Dejemos a otros la estéril discusión sobre el sexo de los ángeles. CARLOS ROBLES PIQUER Ex coordinador general de Alianza Popular y de Coalición Popular