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74 CULTURAyESPECTÁCULOS LUNES 28 s 4 s 2008 ABC Agustí redondea a los Rius Sergi Doria rescata, en primorosa edición, La ceniza fue árbol la pentalogía de Ignacio Agustí que ilumina el universo de los Rius. Tres mil páginas que recogen la bandera del realismo, tendida sobre el polvo durante los años del experimentalismo narrativo POR MANUEL DE LA FUENTE MADRID. En la pira de la experimentación narrativa prendida en los cincuenta, ardieron nombres, apellidos y títulos, echados a la hoguera por el simple y banal delito de ser realistas un pecado de lesa literatura para los pirómanos de la postmodernidad y la deconstrucción. Entre esos nombres que ardieron como Juana de Arco, el de Ignacio Agustí ha demostrado con el tiempo que el rescoldo de su obra sigue vivo y que sus obras no se convirtieron en cenizas, aunque su pentalogía fundamental lleve por título, precisamente, La ceniza fue árbol, cinco títulos que en su día fueron devorados por los lectores: Mariona Rebull, El viudo Rius, Desiderio, 19 de julio y Guerra Civil. Ahora, las novelas (la pentalogía aludida más su debut, Los surcos) del escritor catalán vuelven a las estanterías en una primorosa edición (Biblioteca Castro) dirigida por el periodista y crítico de ABC Sergi Doria. Pasen y no lo duden, lean. Para empezar, Agustí nos abre de par en par las puertas de una Barcelona casi mítica, de anarquistas iluminados y burgueses apoltronados en sus despachos y en la butacas del Liceo. Una Ciudad Condal de industria y progreso, pero también de desigualdades y luchas sociales, de contrastes, de pareceres y contrastes de bombas y barricadas. No existe otra serie novelesca como La ceniza fue árbol- -explica Sergi Doria- tanto por su unidad temática y cronológica como por su valor testimonial. Tenemos, qué duda cabe, novelas de Barcelona sobresalientes como La ciudad de los prodigios de Eduardo Mendoza, La plaza del Diamante de Mercè Rodoreda, Vida privada de José María de Sagarra, Últimas tardes con Teresa de Juan Marsé... pero se inscriben en un periodo concreto y no aspiran a reflejar la continuidad histórica. En su pentalogía novelística, Agustí abarca del siglo XIX al final de la Guerra Civil y conjuga la vivencia particular de una familia industrial y burguesa- -los Rius- -con la agitada crónica social y política del país Agustí fue periodista, y sus cinco novelas nos muestran a un narrador que escribía con luz y taquígrafos, como un notario de aquel tiempo pasado. Después de leer casi tres mil páginas- -continúa Doria- -me ha admirado el rigor y la minuciosidad documental de las novelas, lo que denota la condición periodística del autor, sobre todo, en las dos últimas- -19 de julio y Guerra civil- -centradas en los años republicanos y la contienda fratricida. Estamos ante una muestra ejemplar de realismo, eso sí, destilado en algún pasaje con cierto tono poético que no significa mistificación y que Agustí mantuvo siempre: el primer libro que publicó fue un poemario, El Veler, en 1932 Hace años, la televisión se encargó de hacer justicia (poética y narrativa) a la obra de Agustí con una serie, La saga de los Rius, que el público hizo completamente suya. Agustí publicó su tercera, cuarta y quinta novela en 1957, 1965 y 1972, respectivamente- -explica el editor- jus- Juan Ángel Juristo Crítico y escritor PRODIGIOSA CLASE a noticia de la publicación en la Biblioteca Castro de todas las novelas de Ignacio Agustí a cargo de Sergi Doria no es sólo motivo de regocijo, -por fin volvemos a tener a mano la obra de uno de nuestros grandes escritores realistas del pasado siglo- sino que va mucho más allá, porque se trata también de la rehabilitación de un escritor a quién la perversa combinación de vanguardia y sectarismo ideológico de los años sesenta y setenta arrumbó al limbo de los justos, como a tantos otros a los que algún día habrá que volver a tratar. Que un estudioso de la talla de Sergi Doria se ocupe de esa labor- -se han publicado ya cuatro tomos con Los surcos, su primera novela, y las cinco entregas de La ceniza fue árbol: Mariona Rebull, El viudo Rius, Desiderio, 19 de julio y Guerra civil, la pentalogía completa, su corpus canónico- es no sólo un signo de excelencia crítica, sino que promete una correcta valoración del escritor, lo que no es baladí. Porque si hay alguien que haya contribuido a configurar cierto imaginario de lo que fue la burguesía barcelonesa surgida de la industrialización fue Agustí. Pocos como él han logrado ofrecer un mapa de la Barcelona de finales del siglo XIX y principios del XX, con sus tipos sociales, su ideal sentimental, sus carencias, sus exuberancias... y no sólo de la burguesía, sino del proletariado y sus anhelos, del enraizamiento del mesianismo anarquista, por ejemplo, que en su narrativa se revela ante la bomba que acaba con Mariona... en fin, una suerte de fresco casi definitivo de la Cataluña finisecular que los escritores que vinieron después tomaron como un reto, quizá sin darse cuanta cabal de ello. Se dice que La ciudad de los prodigios, de Eduardo Mendoza bebe del imaginario urbano de una Barcelona creada por Agustí. Cierto, pero pocos han caído en la cuenta de que su primera novela, La verdad sobre el caso Savolta, es una suerte de contestación a la saga de los Rius desde el otro lado. Muchos, además, han visto en esta novela el surgimiento de la nueva narrativa española. Pues eso. DE LA L Los tiempos han cambiado Barcelona mítica Ignacio Agustí, en una imagen de archivo ABC No existe otra serie novelesca como ésta, por su unidad temática y cronológica y por su valor testimonial Hace años la televisión hizo justicia a Agustí con la exitosa serie La saga de los Rius to cuando los experimentalismos narrativos y sus profetas despreciaban el formato realista, que tachaban de arcaico y decimonónico Doria añade que llegó un momento en que tanta preocupación por la forma, tanto nouveau roman y tanta metaliteratura se olvidaron de la principal función del escritor, eso que García Márqeuz llama la bendita manía de contar Los tiempos han cambiado; hoy, los lectores quieren que les cuenten una historia y no les vendan deconstrucciones. Ese contexto ayuda a la recuperación de la obra agustina y la hace más atractiva. Las novelas más vendidas de ahora mismo han recuperado la estructura tradicional del relato Finalmente, Sergi Doria considera que la obra de Ignacio Agustí está muy cercana a Proust por la obsesión por conservar la memoria en un ciclo de novelas y a Lampedusa, por la observación de cambios sociales y políticos traumáticos La bendita manía de contar Catalanista conservador, juancarlista convencido Ignacio Agustí fue un catalanista conservador que acabó trabajando en la Dirección Nacional de Propaganda que capitaneaba Diosisio Ridruejo en el Burgos de la Guerra Civil. Sin embargo, como explica Sergi Doria, no le cuadró nunca el falangismo y sus revoluciones pendientes desde la dirección del semanario Destino durante la II Guerra Mundial, en pleno ambiente germanófilo, mostró simpatías hacia Inglaterra. Otra cosa es que contemplara con recelo cualquier alternativa política que pudiera retornar a España a la situación de los años treinta. En cuanto al régimen político, estuvo con don Juan primero, pero apostó sin dudarlo por Don Juan Carlos. Agustí consideraba que el catalán era un medio de comunicación y no un fin de la política En los sesenta expresó a Fraga su desengaño por el trato que el franquismo había dado al hecho diferencial y le aconsejó que debía afrontarlo y canalizarlo. Como Ridruejo, creía que el desprecio y la torpeza con la que el Régimen abordó el problema catalán resucitó el nacionalismo y fortaleció el antifranquismo