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8- 9 S 6 LOS SÁBADOS DE LUGAR DE LA VIDA Noche en La Lapa uede que la noche más alegre del mundo se viva hoy en La Lapa. La Lapa es el barrio de Río de Janeiro que fundaron los colonos y que, curiosamente, está alejado de las grandes playas de Ipanema y de Copacabana que, aunque siguen siendo hermosas, tienen ya un no sé qué de señora mayor bien conservada, morena y vistosa, pero señora. La Lapa en cambio, aún siendo un barrio más antiguo, con casas coloniales al borde del derrumbe, desprende en la noche, toda su juventud perdida. Son casas hermosísimas, algunas con azulejos portugueses y, a su azul esmaltado, se une el azul de unas luces que otorgan al edificio en ruinas un halo irreal, en la ya irreal, por hermosa, noche de Río. Porque Río es Río. No hay otra ciudad en el mundo como ésta, ninguna en un enclave más grandioso, ninguna más alegre, ninguna tan llena de ganas de vivir para siempre. Y es la noche de La Lapa donde mejor se respira esto. La calle está llena, no puedes andar mientras miras hacia arriba los edificios de tres plantas desde los que observas, por los balcones abiertos del primer piso, el artesonado del último. Y en cada casa, una fiesta. Se limita el aforo al riesgo de colapso, y es tan larga la cola para entrar, que hay puestos ambulantes de bebidas en la calle con neveras para ir tomando algo mientras aguardas que el Escenario que es el local más solicitado ahora mismo, se vacíe un poco. Tiene este local una de las mejores decoraciones, iluminación incluida, que he visto en mi vida. Y del último piso cuelga una lámpara enorme de rosas de hierro que me hubiera llevado como fuera a casa. Al final terminamos en otro garito, Odissea, donde una chica entrada en años interpretaba sambas y bossa novas que te llegaban al alma cuando los que allí bailaban como si el cuerpo no les pesara, cantaban su juventud al mismo tiempo. Es cierto que en los locales de La Lapa registran y cachean como en un aeropuerto a todos los hombres, por si llevaran armas, y que la policía está en cada esquina porque en el aire se respira que puede suceder algo en cualquier momento. Pero no creo que haya ahora mismo mejor noche en el mundo que la del sábado en La Lapa. www. monicafernandez- aceytuno. com P Mónica FernándezAceytuno Tratamientos y masajes ante un panorama sedante de Bali, donde se levantan hoteles de lujo, mejor es el interior de la isla. Allí, los pueblos salpicados de arrozales están habitados por artesanos y pintores, como en Ubud, en las montañas de Bali, donde se levanta un curioso edificio flanqueado por una estatua de quince metros de altura y rodeado de jardines llenos de cacatúas: es la entrada al mundo onírico de Antonio Blanco, pintor de origen catalán que es considerado el Dalí balinés. Blanco llegó a Bali en 1952 y vio en la isla de los Dioses el lugar con el que había soñado siempre. También contribuyó a quedarse que se enamorara de una bailarina balinesa, a la que unió su destino como musa y esposa. Blanco también conquistó el corazón del último Rey de Ubud, Tjokorda Gede Agung Sukawati, mecenas de las artes que regaló al pintor el terreno sobre el que hoy ocupa su hogar, su estudio y el museo. da de ofrendas florales y frutales que inundan sus decenas de miles de templos (en cada casa familiar hay uno) repletos de esculturas tocadas con el tradicional sarong a modo de pareo, y siempre adornadas por cestitos de flores. No en vano, el espiritual pueblo balinés realiza tres ofrendas al día, y el visitante debe andar con cuidado por la calle para no pisar las que se depositan en el suelo para también contentar a los malos espíritus que lo habitan. La religión en Bali es una combinación de hinduismo y tradiciones budistas con las creencias y prácticas ancestrales de los habitantes de la isla. Ante los ojos del balinés, la vida es un ciclo continuo de muerte y renacimiento, hasta alcanzar el moksa cuando el alma llega a ser uno con el macrocosmos. Los templos son los puntos de convergencia de humanos y el dios Widhi en sus distintos aspectos: creador, protector y destructor. Existe un templo para cada pasaje de la vida balinesa, inclusive para los antepasados, los campos de arroz y la aldea. Para los balineses, la cabeza es sagrada y por eso no es recomendable tocársela a los niños. Los hombres la cubren con el udeng, un pequeño gorro a juego con el sarong. En Bali no hay ningún edificio que supere en altura a las palmeras, en una muestra de la armonía que sus habitantes exhiben Una joven con sus ofrendas con una amabilidad tan desinteresada que llega a ruborizar. Bali es la contracción de banyak libur que en indonesio significa muchas fiestas Y es que los balinenses siempre tienen algo que celebrar. El príncipe de Belayu ofrece el Palacio Real para la celebración de fiestas de incentivos para empresas o de particulares, como bodas, organizadas por Smailing Tours. En estas celebraciones participa todo el pueblo. Los mayores arreglan a los novios e invitados antes de transportarles bajo palio en un trono en volandas en medio de una procesión acompañada de la música tradicional. En el Palacio, generosamente decorado, se ofrece una cena- buffet de comida indonesia e internacional que atiende los gustos de los visitantes. Por ejemplo, a los españoles les hacen tortilla de patatas para que se sientan como en casa. Durante el ágape, los bailes balineses y las ancestrales ceremonias de lucha entre el bien y el mal se alternan hasta el fin de fiesta. Si maravillosas son las playas En permanente fiesta A medida de cada cual La exuberancia vegetal de la isla se reproduce en el interior de los hoteles, verdaderos jardines de 17 hectáreas de superficie, donde el visitante recibe clases de tai chi, yoga, arreglo de centros florales e iniciación a la espiritualidad de la isla. Pero el mayor lujo de estos establecimientos es que por cada huésped tienen tres empleados cuyos sueldos no superan los 60 euros mensuales. Los japoneses viajan a Bali para un fin de semana, pese a las 8 horas de avión por trayecto, para someterse a tratamientos de spa o limpiezas de espíritu a la forma tradicional: vestidos de balinés y a bordo de una barca, un sacerdote realiza la ceremonia de purificación en medio del Índico.