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26 4 08 TENDENCIAS Gigi regresa La frescura de la eterna Colette TEXTO: ROSA BELMONTE La novela breve de Colette (Saint- Sauveur- en- Puisaye, 1873- Paris, 1954) adaptada al teatro y al cine, se edita en una nueva traducción. La autora envejeció mal, pero no su literatura, que hoy sigue tersa Título: Gigi Autor: Colette Editorial: Veintisieteletras Páginas: 100 Precio: 14 euros olette envejeció muy mal (lástima de gimnasia) Su literatura, no. Su estilo se perfeccionó vaciándose de inutilidades. Con Gigi terminada de escribir en septiembre de 1943, volvió a su punto de partida, cuando era la negra de Willy, su primer marido. La novela está ambientada en la época de las primeras Claudines. Un tiempo gozoso. Quizá no se ha convertido, quizá no cree en el amor, quizá no sea Corín Tellado (aunque el parecido de sus ancianas caras sea asombroso) pero en sus novelas cortas del periodo bélico se suaviza. Gigi acaba con el triunfo del amor. Final feliz. La quinceañera Gigi está tan cariñosamente retratada como Claudine, aunque no lo esté la sociedad de apariencias, buenos modales, reputaciones y reputas capaces de trinchar hortelanos pártelos en dos de un solo golpe firme de cuchillo que no haga chirriar la hoja en el plato Gigi se publicó por entregas, en Présent entre octubre y noviembre de 1943. Es la historia de una chica educada por su abuela y su tía para ser la mejor cortesana. Para amante de un tipo rico y mayor. Para seguir la tradición familiar. El ejemplo y la mejor maestra es la tía Alice, que atesora tanta sabiduría erótica como la propia Colette (y más joyas) En la película de Vincente Minnelli (1958) las paredes del apartamento de Hermione Gingold (la abuela) son rojas. Como las del dormitorio parisino de Colette en Palais Royal reconstruida en Saint- Saveur- en- Puisaye (Museo Colette desde 1996) Es como un burdel. Paredes rojas forradas de seda, techo rojo, cama roja (la cama balsa) sábanas rojas. Aunque existe la leyenda de que Willy encerraba a Colette en su (otra) habitación hasta que había produci- C Colette recomendó a una jovencísima Audrey Hepburn para la versión teatral de su Gigi do las suficientes páginas de Claudine, lo cierto es que sí fue reclusa en la habitación roja los últimos diez años de su vida. Por su artrosis, no por un marido con llave. Pero salía. Así, tuvo ocasión de descubrir a Audrey Hepburn en el vestíbulo del Hotel de Paris en Montecarlo y recomendársela a Anita Loos, que había adaptado Gigi para el teatro. En 1950 ya se pensó en hacer una película en Hollywood (hay una versión francesa del 48) pero la historia chocaba con el Código Hays. Se resolvió que la solución sería enfatizar el rechazo de Gigi a la vida de demi- mondaine Lo curioso es que con la película de Vincente Minnelli protagonizada por Leslie Caron y Louis Jourdan (estrenada cuatro años después de la muerte de Colette) se aportaron perversos elementos ausentes de la novela. Por ejem- El rijoso Chevalier plo, ese rijoso Honoré Lachaille (un Maurice Chevalier abuelete) dando gracias al cielo por las jeunes filles Según un un artículo de 1959 en Paris Match Colette basó la trama de Gigi en una conversación que oyó en 1914 en París entre dos mujeres estupefactas por la propuesta de matrimonio de un señor mayor y rico a una chica después de que ésta rechazara ser su amante. Colette también admitió otra influencia: la boda en 1926 entre la bailarina Yola Henríquez y Henri Latellier (mayor, rico, etcétera) La vida de la escritora, como ella misma reconoció tras el estreno del documental Colette (1951) de Yannick Bellon, fue hermosa Lastima que no me diera cuenta antes Y extraordinaria. La bohemia, la Belle Époque, el ambiente abiertamente gay de finales de siglo XIX (Proust no exageraba) el music- hall, la aventura con el hijastro, los tres maridos, el descabellado negocio cosmético (Natalie Barney aseguraba que las mujeres salían de su salón aparentando el doble de edad o con pinta de prostitutas) la literatura, el periodismo, los nazis, el reconocimiento, el funeral de Estado... Bueno, esto es ya de la muerte, eso que nunca le había interesado. En 1952, Glenway Wescott (el autor de El halcón peregrino fue a visitarla al Palais- Royal. La cómica entrevista la cuenta Judi-