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52 MADRID SÁBADO 26 s 4 s 2008 ABC AL DÍA Ignacio Ruiz Quintano ENTRADAS Que no hay entradas! Lo dicen así, como quien dijera ¡Que no hay derecho! Ya no hay entradas para el Primer Festival de la Inmolación del 5 de Junio en las Ventas, un espectáculo semejante al que montaba en el mismo ruedo Daja- Tarto, que se hacía enterrar en los medios con la idea de permanecer así durante la lidia de un toro. Un día el lidiador anduvo algo torpe con el estoque (piensen, para hacerse una idea, en la última tarde del hoy torero gubernamental José Tomás en Madrid, cuando no consiguió matar al torillo de Adolfo) el reloj se fue de las manos y a Daja- Tarto lo sacaron en el último aliento. Porteado por camilleros de pies ligeros, tomaron la calle Alcalá arriba, y la calle Alcalá abajo, y al llegar a la Cibeles se encontraron con una refriega de fuego cruzado: era la sanjurjada. Los camilleros rindieron el puesto y Daja- Tarto acabó en el pilón. Estas escenas permanecen en la memoria colectiva de los madrileños, quienes, naturalmente, han agotado las entradas para el Festival. ¿Dónde están las entradas? El veterinario Ballesteros, hombre fuerte del PP en la los toros, no las tiene. Que dejen, pues, de pedirle. Su sentido del rigor, además, es proverbial: para ponderar su celo profesional se dice que sería capaz de pasar recibos de gastos por importe de un par de euros, cantidad que conlleva el mismo papeleo burocrático que, por ejemplo, el pago de las vías del Ave. La movida de las entradas ocurre todos los años, pero este año la TV ha decidido apuntarlo al haber del mito de Galapagar. No nos lo merecemos, Señor, no nos lo merecemos dicen que dijo García Serrano de Manolete tras la faena al toro Ratón de Pinto Barreiro. ¿Conque ratones tenemos? Hombre, Javier Conde no acostumbra matar miuras de Bilbao, precisamente, y es el que abre el Primer Festival de la Inmolación. ¡Marketing y glamour! Si los rojos llevaran razón con lo de que la historia se repite como farsa, tendríamos el glamour del cartel de Linares al servicio del marketing taurino: Javier Conde en la apostura de Luis Miguel; José Tomás en el tabarrón de que se quiere inmolar; y Daniel Luque en la modestia misteriosa de Gitanillo. No nos lo merecemos. Jardines de la avenida de Juan de Herrera que fueron tomados ayer por miles de jóvenes JAIME GARCÍA Macrobotellón de miles de estudiantes con el beneplácito de la Politécnica San Cemento una fiesta de la Escuela de Aparejadores, desborda las previsiones y colapsa la Ciudad Universitaria con 10.000 jóvenes bebiendo en la calle JOSÉ MARÍA CAMARERO MADRID. El botellón está prohibido ¡Viva el botellón! Es lo que deben haber pensado los casi 10.000 jóvenes que pasaron ayer, a lo largo del día, por una multitudinaria fiesta organizada en la Escuela Universitaria de Arquitectura Técnica, en la que el alcohol hizo estragos. Y todo, con el permiso de la dirección del centro, y la parálisis de la Universidad Politécnica (a la que pertenece esta Escuela) que permitió la celebración de uno de los mayores botellones que se hacen en Madrid. San Cemento era el evento a celebrar, una histórica fiesta que organizan los alumnos de esta Escuela. El epicentro de la fiesta es el aparcamiento de Aparejadores, pero la afluencia fue tan masiva, que al final, la cercana Escuela de Arquitectura y la avenida Juan de Herrera vieron cómo las bebidas alcohólicas hicieron lo suyo. Lo más llamativo es que el evento se organiza con autorización de la Universidad Politécnica, de la que depende esta escuela. La dirección del centro había otorgado todos los permisos a los alumnos, para que instalaran todo el dispositivo: varias barras para servir bebidas alcohólicas- -vino y cerveza, básicamente- un equipo acústico para escuchar música; varios miembros de un equipo de seguridad para controlar la entrada... Poco antes de la una del mediodía, centenares de estudiantes de ésta y otras facultades acudían al evento. La avenida Complutense era un reguero de personas cargadas con bolsas de supermercado en las que portaban todo tipo de bebidas y comida, para sobrellevar la fiesta mejor. Las tres de la tarde fue la hora clave en la que más jóvenes se concentraron alrededor de la Escuela Universitaria. Hasta cerca de 10.000 personas pudieron congregarse en este lugar. De hecho, la avenida Juan de Herrera, en la que se encuentra, era prácticamente intransitable en vehículo. Aunque el evento del botellón se encuentra prohibido en Madrid desde hace varios años, se permitió la ingesta de alcohol durante varias horas seguidas. Incluso, varios agentes de Movilidad tuvieron que desviar el tráfico en la glorieta del Cardenal Cisneros- -la que da acceso a Ciudad Universitaria- para que los coches no pasaran por una calle que estaba repleta de personas. Desde la propia asociación de alumnos afirmaban que la responsabilidad de la fiesta era de puertas para adentro y que cualquier incidente que se produjera en la calle nada tenía que ver con este evento universitario. Fuentes de la Universidad Politécnica consultadas por ABC confirmaron que el director de la Escuela Universitaria había permitido el evento, aunque destacaron que se impuso la presencia de UVI móviles, letrinas, personal de seguridad y limitación de entradas, para evitar conflictos. De hecho, hace cuatro años se registraron numerosos altercados en la calle por parte de los estudiantes que no pudieron acceder al recinto de la Escuela. La Policía tuvo que cortar la circulación, y el caos fue tal, que la dirección de la Escuela condicionó esta celebración a una mejor organización por parte de los estudiantes. Sin embargo, en la calle había mucha más gente que en la Escuela. La imagen, lejos de la calma que reina habitualmente, se vio desbordada por una multitud que se enfervorizaba a medida que pasaban los minutos. Debería haber muchas más fiestas como ésta en la Universidad insistían un grupo de amigos. Con la música del coche como telón de fondo, la calle se convirtió en un cúmulo de basuras que después debían ser recogidas por los servicios de limpieza del Ayuntamiento. La fiesta de San Cemento duró toda la tarde, y finalizó a la espera de que el próximo año las autoridades universitarias vuelvan a permitir un macrobotellón en medio de un recinto universitario. Autorizado por el director La dirección de la Escuela autorizó la fiesta e impuso límites, condiciones y seguridad El epicentro de la fiesta fue en el aparcamiento de Aparejadores, pero la masiva afluencia colapsó Arquitectura y la calle Juan de Herrera