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88 CIENCIAyFUTURO VIERNES 25 s 4 s 2008 ABC Aznalcóllar marcó sus vidas Hoy se cumplen diez años de la catástrofe de la mina de Boliden en la comarca de Doñana. Tras los lodos quedan las voces de quienes vivieron el desastre en primera persona POR ARACELI ACOSTA FOTOS DANIEL G. LÓPEZ AZNALCÓLLAR. Amanece en la comarca de Doñana. Es primavera y el parque está repleto de agua y vida. El día es claro y pinta caluroso. Diez años atrás lo único que coincidía con la descripción anterior era el cielo azul y la sensación de calor. Lo demás no era agua, sino lodo de un color entre negro y gris metalizado que lo cubrió todo dice Juan Romero, de Ecologistas en Acción. Las huellas del vertido tóxico de Aznalcóllar pueden verse aún en algunas de las zonas afectadas. La Junta de Andalucía, a petición de la comunidad científica, dejó algunas parcelas- testigo donde se aprecia a la perfección el antes y el después. Visitamos una de ellas junta al Vado del Quema, paso obligado cada año para los rocieros. La restauración que aquí se ha hecho ha devuelto su verdor a las riberas del Guadiamar. Es el Corredor Verde. Científicos y ecologistas coinciden en este caso con los políticos en que, desde el punto de vista ambiental, la reconstrucción del paisaje es correcta, si bien aún no se ha logrado uno de los objetivos de ese proyecto, que era unir Doñana con Sierra Morena a través de los cauces de ríos y arroyos, nos explica Miguel Ferrer, científico titular del CSIC y director de la Estación Biológica de Doñana en abril de 1998, cuando se produjo la mayor catástrofe ambiental de nuestro país. Pero tras los efectos ambientales y el verdor devuelto a estas tierras hay otras secuelas; la agricultura y la ganadería casi han desaparecido. José Fernando Robles, de Asaja, nos cuenta que esto marcó para siempre la vida de los más de 300 agricultores y ganaderos que tenían sus explotaciones en la vega del río, ya que como consecuencia inmediata de esta catástrofe, los lodos procedentes de la balsa inundaron y ocuparon por completo numerosas zonas agrícolas y ganaderas de las más fértiles de la Baja Andalucía Tierras muy fértiles Plácido (arriba) nos enseña una de las incubadoras justo en el momento en que un polluelo sale del cascarón. Sobre estas líneas, Jesús, que, tras 30 años en la mina, ahora es chófer de la Junta Nos lo cuenta desde una zona conocida como Talhara, en un pequeño cerro sobre el cauce del Guadiamar. A la derecha, al fondo, se ve la escombrera de la mina de Boliden y, aunque difuminada, puede distinguirse la balsa siniestrada hace hoy exactamente diez años. Bajo nuestros pies tenía su finca Juan Manuel. Cuando se produjo el desastre la Junta de Andalucía prohibió toda actividad agrícola, pesquera y ganadera en la zona, y las cosechas de los terrenos cultivados fueron retiradas para garantizar la salud pública. Hoy, las tierras de Juan Manuel forman parte del Corredor Verde, tras las expropiaciones realizadas por la Junta. Los agricultores no entienden por qué les quitaron sus tierras. Aunque son conscientes de que en aquel momento había que suprimir el Me metí en la marisma a sacar todos los huevos de aves que pude, pero no todos salieron adelante Plácido no lo dudó un momento. Cuando se enteró bien temprano de que la lengua ácida salida de la mina de Boliden bajaba por el cauce del Guadiamar se metió en la marisma a recoger todos los huevos de aves que pudo antes de que llegara el vertido. Este biólogo, que lleva junto a su mujer, Maribel, una reserva natural concertada, dedicada a la recuperación y cría de especies, consiguió sacar del agua varios centenares de huevos, nos dice mientras un montón de cigüeñas sobrevuelan su finca. Hace unos meses murió la última cigüeña mutante Llevaba aquí 4 años apunta Maribel. Y es que un año después del vertido nacieron cigüeñas con deformaciones en picos y patas. Recogieron huevos de cigüeñuelas, avocetas, calamones, pardillas, garza imperial... No todos salieron adelante, pero muchos sí gracias a las incubadoras que tienen en su finca. Nadie les pidió ayuda ni consejo, pero ellos se apresuraron a colaborar. Sin embargo, creen que nada ha cambiado, seguimos sin tener conciencia ambiental... y si la catástrofe estaba anunciada, también lo está la muerte de Doñana afirma Plácido. Su nombre responde a su manera de hablar, pero sus palabras son firmes: Por este desastre no ha pagado nadie, y luego detienen a un cabrero que cogía margaritas para hacerse infusiones. Pase lo que pase, no pasa nada. Vivimos una gran mentira Pero con una única y machacona realidad. El vertido supuso la mayor catástrofe ambiental en nuestro país.