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10 OPINIÓN VIERNES 25 s 4 s 2008 ABC AD LIBITUM CUIDADO CON LAS PRIMARIAS OSPECHO que, cuando Íñigo Hernández de Luna, concejal presidente del distrito de Salamanca de Madrid y militante de base del PP, era niño sentía la irresistible tentación de meter sus deditos en los enchufes. El ímpetu y la curiosidad nacen, no se hacen. Ahora, ya mayorcito, Hernández lo que quiere es meter baza en el XVI Congreso de su partido y, a tal efecto, a la vista de la disociación existente entre las bases y la estructura, pretende que los 700.000 afiliados al PP en toda España sean responsables directos en la elección de cabeza de lista para las elecciones generales. Es decir; Hernández, bien sea M. MARTÍN por cuenta propia o ajeFERRAND na, quiere primarias para ilusionar a las bases. La pretensión del concejal madrileño, secundada por algunos notables del PP no muchos, parece coincidir con el mandato constitucional de que nuestros partidos políticos practiquen la democracia interna; pero, ¿cómo pueden ser los militantes de un partido quienes elijan una cabeza de lista si nuestro pintoresco sistema electoral no tiene cabeza de lista? En estas últimas elecciones, por ejemplo, sólo los vecinos de la Comunidad de Madrid han podido votar a José Luis Rodríguez Zapatero, Mariano Rajoy, Rosa Díez o Gaspar Llamazares- -no hay más en el muestrario nacional- -y, aún así, para hacerlo han tenido que asumir un lote de nombres, ignotos en el más favorable de los casos, que no necesariamente coinciden con la voluntad o el instinto representativos de quienes acuden a las urnas. En el resto de España, en las legislativas, se votan siglas. Deslumbrados por el apasionante y ejemplar espectáculo electoral norteamericano, muchos quieren aquí reproducir el fenómeno; pero, cuidado, las partes de un proceso suelen ser inseparables del todo. Una piedra, por bien tallada que esté, nunca llega a ser una catedral. En un sistema presidencialista, como posiblemente debiera ser el nuestro, las primarias de los partidos son imprescindibles. Carecen de sentido cuando lo que eligen los ciudadanos son los 350 titulares de unos escaños que serán, con gran desproporción representativa, quienes elijan, en segundo grado, el titular del Ejecutivo, un primer ministro al que las manías españolas de grandeza han dado en llamar presidente Ya el PSOE experimentó en sus propias carnes el dolor de unas primarias y el fracaso del procedimiento se evidencia en su resultado, José Luis Rodríguez Zapatero. Sin separación entre los poderes del Estado, instalados en un bipartidismo fáctico escasamente representativo y poco, o nada, parlamentario, ¿qué sentido tienen las primarias? Los sistemas políticos, ni tan siquiera cuando degeneran en regímenes, pueden hacerse con recortes de distintos modelos. En política, la concordancia entre sus elementos es todavía más necesaria que en el uso del lenguaje. Siempre es peligroso y perturbador ampliar un solo escaque del tablero. S POSTALES EL FEMINISMO DE ZAPATERO AS mujeres se quejaban, con razón, de que los hombres las hubiésemos convertido en objetos sexuales y uno de los principales objetivos del feminismo ha sido acabar con tan degradante trato. Pero ¿qué dicen de verse convertidas en objetos políticos situación no mucho más airosa, dado que la política tiene bastante de pornografía? Es, sin embargo, hacia donde parece orientarse Zapatero, con el primer gobierno con mayoría de mujeres la primera ministra de Defensa y otros alardes por el estilo. No seré yo quien niegue a la mujer capacidad, sangre fría ni valor para mandar un ejército- -traer una criatura al mundo requiere mucho más de todo eso- y quien lo dude que se lo pregunte a paquistaníes y argentinos después de haber visto en acción a Indira Gandhi y Margaret Thatcher. Ni para llevar un ministerio, ante los innumerables ejemplos de que pueden llevarlo mejor que los hombres. También peor, es verdad. Lo que niego es que basta llenar un gobierno de mujeres para ser feminista. O nombrar una ministra de Defensa. O una vicepresidenta. ¿Alguien cree que María Teresa Fernández de la Vega manda en JOSÉ MARÍA el Gobierno? Ella hace y dice lo que le CARRASCAL mandan, por cierto muy bien. Lo que nunca se le habrá pasado por la cabeza es apartarse de la línea marcada. En cuanto a Carme Chacón, en el supuesto de que estuviese contra el estacionamiento de tropas españolas en Afganistán, que no está según todos los indicios, ¿se atreve alguien a decir que podría ordenarlas volver? Antes de que hubiese firmado esa orden, quien estaría en su casa sería ella. O sea, que está muy bien lo de la mujeres ministras, como está muy bien lo de las mujeres abogadas, juezas, ingenieras, periodistas o empresarias. Pero eso no garantiza que sus jefes no puedan ser unos machistas redomados. Y quien las exhiba en su equipo como trofeos, renovándolas de tanto en tanto por otras más jóvenes, lo es. Sobre todo si L se han elegido por el sistema de cupos: tantas andaluzas, tantas catalanas, tantas madrileñas, etcétera, de acuerdo con la deuda que se tenga con las distintas comunidades. La liberación de la mujer, la batalla más larga que mantiene la humanidad, tiene poco que ver con que las hagan ministras y mucho, con la educación del hombre, capítulo al que apenas ha dedicado tiempo y esfuerzo el Gobierno Zapatero, que ha relegado la educación a uno de los últimos lugares de su escala de prioridades, dando alas, en cambio, a una permisividad que beneficia más al hombre que a la mujer, al aflojar los lazos y compromisos que le ligaban al matrimonio, a la esposa, a los hijos e incluso a la relación sentimental. La libertad- -uno de los objetivos primarios del varón- -tiene poco que ver con la felicidad, uno de los objetivos más acariciados por la mujer. Y las distintas revoluciones que hemos tenido durante el pasado medio siglo llevan pérdidas afectivas, junto a los avances en materia de libertades. La pérdida de la seguridad, por ejemplo, que afecta especialmente a la mujer. Se dirá que también al hombre. Pero nosotros la damos por bien empleada al ser más libres, entre otros terrenos, en el de nuestra vida afectiva. Ellas, no lo sé, tendrán que responder por sí mismas, pero tengo la impresión de que valoran los sentimientos mucho más que nosotros. La liberación femenina es un proceso histórico irreversible, por lo que hay que aceptarlo con sus pros y sus contras. Conviene, sin embargo, separar en él el grano de la paja. Conseguir la plena autonomía de la mujer, ese es el verdadero objetivo feminista. No basta con hacerlas ministras, para que hagan luego lo que el jefe las manda, como venían haciendo lo que las mandaba el marido. Pero eso es mucho más difícil, más largo, más costoso que meterlas en el Gobierno, hacerlas dar la cara por nosotros cuando vienen mal dadas y enviarlas embarazadas al otro extremo del mundo para que abran los telediarios. Esa es sólo otra forma de machismo.