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ABC JUEVES 24- -4- -2008 83 No hay ninguna justificación para el terrorismo- -asegura Mayorga- pero sí me puedo plantear qué política antiterrorista apoyar Mayorga se hace preguntas activas, comprometedoras, pero afortunadamente no las responde dice José Luis Gómez se han convertido en emocionantes, intrigantes, cómicas... gracias a la sabiduría del director y la capacidad de los actores -José Luis Alcobendas, Julio Cortázar, Israel Elejalde, Susi Sánchez y Fernando Sansegundo- a los que se refiere como cinco stradivarius perfectamente afinados El autor, último premio Nacional de Danza y sin duda uno de los más brillantes dramaturgos españoles de hoy, ha entrado en el problema del terrorismo con tanta cautela como respeto, pero con las ideas muy claras. Yo no hubiera escrito esta obra así hace unos años. No sé si habla de nuestro tiempo o de lo que puede venir en un futuro El teatro, añade Mayorga, es un espejo de la sociedad, pero que, como los relojes antiguos, adelanta. El debate en torno a si merece la pena renunciar a parte de la libertad del ser humano en democracia para garantizar una mayor seguridad ante los ataques terroristas es, según Mayorga, grave; es un debate que a mí me produce zozobra, y la comparto a través del teatro Esa zozobra la convierte Mayorga, según Gómez, en preguntas activas, preguntas comprometedoras, que afortunadamente no responde Preguntas que Israel Elejalde, uno de los actores, formula: ¿Cuál es la responsabilidad de nuestra sociedad ante el terrorismo? Para el autor, hay un teatro que desestabiliza al espectador; sus certezas, su memoria. Es el teatro que ofrece más respeto al espectador; pero yo no he querido pastorearle, sino plantearle mis inquietudes e inquietarle No hay ninguna justificación para el terrorismo- -concluye Mayorga- pero sí me puedo plantear qué política antiterrorista apoyar Teatro con t de terrorismo El terrorismo es un tema incómodo, pero el teatro no puede permanecer ajeno a este problema que, poco a poco, encuentra reflejo en la escena española. Montajes como Once miradas Del otro lado o el Boris Godunov de La Fura son varios ejemplos J. B. MADRID. Hace unos días, Manuel Gutiérrez Aragón estrenaba su película Todos estamos invitados en la que aborda el problema del terrorismo vasco; Jaime Rosales, ganador del último Goya a la mejor película por La soledad también ha metido las manos en el barro de esta lacra cada vez más destructora y terrible. Son dos recientes ejemplos de la implicación del cine español en el problema. ¿Y el teatro? Como reflejo- -y conciencia- -de la sociedad, no podía volver la cara. Y aunque con cautela, autores y directores empiezan a tratar el asunto en sus textos y sus montajes. En octubre del año pasado se estrenó Once miradas un valiente montaje de la compañía La Chácena y dirigido por Mariano de Paco Serrano. La obra, que en enero se presentó en la sala Cuarta Pared de Madrid, es una reflexión sobre los atentados del 11- M en Madrid. Tomás Afán es el autor del texto, que nació, según él mismo explicó en su momento, como una necesidad personal de analizar lo que allí ocurrió, a través de la dialéctica teatral, creando once textos, once historias que suceden antes, durante y después de la masacre Su director defendía que no era un espectáculo oportunista, sino oportuno; Oportuno en cuanto al teatro, que siempre lo es y oportuno en cuanto a la reflexión, a la mirada que nos muestra. La mirada de unos seres insignificantes a priori pero de cuyos movimientos, como si de un juego de mesa se tratara, dependen los destinos de todos los demás. Depende la mirada de nuestra sociedad y depende la mirada de la historia Otros autores españoles también han abordado de manera más o menos directa el asunto: Sergi Belbel, en Móvil ponía a sus protagonistas bajo la amenaza terrorista. Lluís Pasqual, que dirigió la versión catalana de la obra, dijo cuando su estreno que el teatro puede hacerse preguntas que a veces no tienen respuesta y que a menudo no se pueden hacer desde otros estamentos Aunque simplemente como elemento de tensión y de modo tangencial, también Jordi Galcerán ha tocado el asunto en su thriller Carnaval El bilbaíno Borja Ortiz de Gondra escribió y dirigió Del otro lado en el festival de las Artes Escénicas de 2001. Su impulso era preguntarse cómo era posible que el pueblo vasco hubiera podido vivir tantos años mirando hacia otro lado. Su acusación- -escribió en ABC Pedro Manuel Víllora, en referencia al autor- -incluye a los que guardan silencio, a los que prefieren aguantar, bajar la mirada pretendiendo que lo que pasa no va con ellos, a los presuntamente independientes y no implicados, a los que todo lo saben y lo callan todo Hace un par de temporadas el teatro de la Abadía presentaba Terrorismo una obra de los hermanos Oleg y Vladimir Presnyakov escrita antes del 11- S y que se estrenó una semana después del secuestro del teatro Dubrovka de Moscú por un grupo terrorista checheno. Juan Ignacio García Garzón dijo de la obra que era un tapiz de vidas cruzadas mecido por la música del miedo, esa sutil melodía, terca y casi inaudible que va impregnando nuestros actos hasta convertir la neurosis en costumbre: el temor sordo a una amenaza invisible, la violencia como noción cotidiana, el hastío y las tensiones sociales son ingredientes de la inquietante partitura vital del mundo en que vivimos Precisamente el secuestro del teatro Dubrovka es el escenario en el que sitúan Álex Ollé y David Plana, de La Fura dels Baus, su montaje del Boris Godunov de Pushkin, que es una obra, aseguran, que habla de la corrupción y del asalto al poder por parte de un impostor; algo que guarda importantes paralelismos con aquel terrible suceso. Declaro mi rechazo total y sin excepciones a la violencia; es decir, mi rechazo al terrorismo y sus consecuencias- -dice Ollé, que ha querido que el público se sienta espantado y desprotegido- Esta declaración, que en una sociedad con buena salud resultaría gratuita, es necesaria actualmente Libertad y seguridad tivos para emplear cualquier medio de coacción física o psicológica en ciudadanos sospechosos para obtener información que pueda evitar que mueran muchas otras personas. Y mientras se pueda detener a ciudadanos sospechosos de terrorismo y secuestrarlos en lugares lejanos a su hogar para obtener información, los abusos serán inevitables Éste es, asegura Gómez, un debate que está en la obra de Juan Mayorga, de la que dice que es un trabajo infrecuente y extraordinario. También se debate entre la guerra justa y la guerra injusta Autor y director tenían ganas de trabajar juntos desde hace mucho tiempo y ahora han podido saldar su deuda mutua. La paz perpetua -sigue Gómez- -es una obra fascinante, brillante, llena de humor, pero también de dificultades y de problemas Mayorga asegura que éste no es un espectáculo de tesis más o menos plomizo. El planteamiento permite situaciones explosivas, muy teatrales, que Más información sobre la obra: http: cdn. mcu. es Una escena del Boris Godunov furero ABC