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ABC MIÉRCOLES 23- -4- -2008 Una pasarela permitirá a Raúl coronar a la diosa Cibeles en la fiesta por el título liguero 55 SÓLO ME HAN DEJADO SACAR LOS PAÑALES Las grandes perdedores de la jornada fueron las 25 familias bolivianas, algunas sin papeles, cuyos ahorros y documentos quedaron enterrados bajo escombros POR C. H. MADRID. Mariela nombre ficticio llora en silencio, como suele hacerse en su tierra, sentada en el banco de una cancha de baloncesto. Justo a sus espaldas, la humareda que ha quedado después del derribo de su casa. Desde que hace siete años llegó a España de su Bolivia natal no ha vivido un trago tan amargo. Las lágrimas no le dejan articular palabra. Quien sí habla es su compañera, a la que avisaron cuando ya estaba en el trabajo con que iban a tirar su casa. Que se quedaba en la calle, vaya. Y, así, otras 25 familias, las que vivían en el edificio de apartamentos que Félix, el dueño del inmueble, les alquilaba. Juran y perjuran que no sabían nada de lo que iba a ocurrir ayer por la mañana. Si no, arguyen, no estarían con lo puesto. Entre ella- -empleada del hogar- -y su marido- -trabajador temporal en la construcción- -reúnen 600 euros al mes: 500 eran para el pago del alquiler; el resto, para sobrevivir. A dos pasos de ellos se encuentra un matrimonio, con su pequeña bebé de 9 años. Muerde una galleta, lo único que ha podido desayunar, ya que ella y su abuela dormían cuando llegaron las excavadoras. La pequeña quizá cree que está en el patio de su guardería, por el ir y venir de personas que la rodea a esa hora. Pero la realidad es otra, muy distinta, la cruda: ella y sus padres ya no tienen casa. Otra madre explica que les han echado del piso sin dejarles recoger nada: ni documentación- -imprescindible, sobre todo, para los extranjeros- ni todos sus ahorros, ni ropa, muebles... Le he tenido que pedir a un policía que me dejara pasar para coger pañales para mi niña dice, antes de comenzar a sollozar. ¿Por qué no nos ha avisado el Ayuntamiento? era la pregunta que todos se hacían. El Samur Social se ha hecho cargo de ellos y los albergará durante una temporada, probablemente. Lo que venga después nadie lo sabe. Las excavadoras se afanaron en derribar el edificio de viviendas propiedad del líder vecinal riz que estaba tomando el asunto, tiempo para, nunca mejor dicho, salvar los muebles. La familia hizo lo que pudo y sacó lo de más valor antes de que le tiraran abajo la construcción ilegal. Pero las tres excavadoras se encontraron con un inconveniente: eran incapaces de derribar una de las habitaciones de la casa. Fuentes policiales indicaron que se encontraron con un búnker, una cámara acorazada, posiblemente utilizada para esconder algo Por esta razón, hubo que recurrir a las palas para poder tirarlo todo abajo. En medio de toda la operación, que duró varias horas, pese a la consigna de no montar algaradas, sí hubo más conatos de enfrentamientos entre vecinos y personas agrupadas en colectivos contra la Policía. Ocurrió cuando diez agentes de paisano fueron rodeados por varias mujeres, que les increparon sin ningún tipo de miramientos. ¡Fuera, fuera! ¡Que se vayan! gritaban. Ante tal situación, un grupo de antidisturbios tuvo que hacer de escudo para sus agentes. ¡Provocadores! ¡a- se- sinos! ¡así justificáis las cargas o aquí tenéis a los jóvenes violentos ironizaba un joven que grababa la escena con una cámara de vídeo. La situación empeoró aún más cuando una de las alborotadoras se dirigió a una policía: ¡A la del pendiente, que me he quedado con su cara! ¡Lo peor que has hecho es venir sin casco! Ésa más vale que no venga por Rivas retaba. Y otra no le iba a la zaga: A ti te he visto yo por la calle, ¿sabes? Si es que se os ve en la cara: chivatos. Los malos del cole, los que no aprobaban, y por eso se meten en la Policía exclamaba, burlona. Finalmente, los agentes de paisano tuvieron que abandonar la zona, escoltados por sus compañeros antidisturbios ¡Se os ve en la cara: chivatos! Una mujer pasea con su nieta ante la mirada de dos policías antidisturbios a la entrada del poblado a la par que los vecinos aplaudían: ¡Bien! ¡Fuera! ¡A tomar por culo! Patricia Fernández, abogada de Mohamed, explicó que habían solicitado a las nueve de la mañana al Juzgado de Instrucción número 18 una suspensión cautelar del derribo, porque, según explicó, no se lo habían notificado. En la vivienda vivían siete menores, desde uno de 2 meses a otro de 12, además de un chico de 18 años y dos matrimonios explicó la letrada, quien, sobre su patrocinado, explicó que era trabajador autónomo Sobre la elección de las casas que se derribaron, Miguel Martín Nombela, vocal de la Asociación Cañada Real Galiana Sector 5, acusó: han elegido las del presidente y el vicepresidente porque eran quienes estaban poniendo el alcantarillado en esta calle.