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ABC MIÉRCOLES 23 s 4 s 2008 LA TERCERA 3 EL LIBERALISMO NO ES PECADO No estaría de más asentar si en el PP se quiere debatir ideas o si basta con un pugilato entre personajes. Es una aclaración que agradecerían los ciudadanos, sobre todo los que desean conocer por lo que votan. Desde luego, ponerse ahora a discutir sobre los orígenes del liberalismo concuerda poco con asuntos de vocación actual como son la inmigración, los cambios en el Estado de bienestar y en el sistema educativo, las aportaciones de I+ D, la presencia de España en el mundo... A andadura de los partidos políticos en sus mejores momentos- -escasos- -sincroniza con la sociedad y en ocasiones la precede como radar exploratorio de riesgos por evitar y novedades por asumir. Hoy estamos lejos del silencio estremecedor de los amaneceres históricos. Al contrario, la política tiene mucho de cacofonía que desnaturaliza el perpetuo debate en la plaza pública. De modo súbito, el PP parece estar enmarañando sus cuestiones de personalidad y liderato con elementos de lenguaje ideológico. Nada podía complacer más al PSOE y, sobre todo, pocas contradicciones entre superficie y profundidad pueden atorar tanto el habitual electorado de centro- derecha y enajenar el apetito político de los votantes de la centralidad pendular. El ofuscamiento de lealtades respeto a las personas llega a irradiar negativamente una disociación con las ideas. Por ejemplo, invocaciones de orden arcaicamente filo- clericalista más que teológico apuntan recientemente a una incompatibilidad entre liberalismo y catolicidad. Desde luego, el libro El liberalismo es pecado (1884) del padre Félix Sardá y Salvany se tradujo a ocho idiomas. Aquello fue la antepenúltima resistencia a la Ilustración y al racionalismo. Define la cuestión el hecho de que el gran enemigo para el integrismo de Sardá y Salvany fuera don Antonio Maura, un gran liberal- conservador, católico. Años después, Juan Pablo II redefine la posición con su Centesimus Annus Ahí aparece la capacidad empresarial como factor decisivo en la sociedad y la red de conocimiento e intercomunicación social que son el mercado y la sociedad. Es más: el Papa Wojtyla dice que al intervenir directamente y quitar responsabilidad a la sociedad, el Estado asistencial provoca la pérdida de energías humanas y el aumento exagerado de los aparatos públicos, dominados por lógicas burocráticas más que por la preocupación de servir a los usuarios, con enorme crecimiento en los gastos. Efectivamente, parece que conoce mejor las necesidades y logra satisfacerlas de modo más adecuado quien está próximo a ellas o quien está cerca del necesitado En este pensamiento confluye, por ejemplo, la reforma sueca del Estado de bienestar. En la estela de Centesimus Annus está el ensayo La ética católica y el espíritu del capitalismo del pensador católico Michael Novak. stos días también se ha dicho que el conservadurismo es todo lo contrario del liberalismo. Esa es una afirmación abundantemente inexacta. El pensamiento conservador no acompaña las causas reaccionarias, del mismo modo que no se opone al cambio- -siempre que sea necesario- -y sí a la ruptura. En la historia de Es- L paña, en el entendimiento entre liberales y conservadores- -a menudo con el cuño de moderantismo- -se han fraguado fases históricas beneficiosas en libertad y estabilidad. En tiempos más actuales, ni la trayectoria política de Ronald Reagan ni la de Margaret Thatcher son imaginables sin la complementariedad activa de lo liberal y lo conservador. Esa era la gran carpa que cobijó a todos- -derecha religiosa, liberalismo económico- -para oponer victorias electorales a las pretensiones hegemónicas del colectivismo. Al contrario de otras afirmaciones de estos días, tampoco puede decirse que Reagan y Thatcher propugnasen un capitalismo despiadado. En realidad, el capitalismo tiene formulaciones diversas, desde las tesis de Friedman o la Escuela Austríaca al capitalismo asiático o la fructífera escuela de la economía social de mercado que hizo tan prósperas las concreciones del capitalismo renano, el milagro alemán La verdad es que liberalismo y capitalismo no son para nada unívocos: lo uniforme y unívoco es el socialismo ya desahuciado por el fin de la Historia. a economía social de mercado pudiera ser la línea tangencial del centro- derecha con la social- democracia pero también es línea divisoria porque el capitalismo renano defiende la iniciativa privada y la responsabilidad individual frente a la omnipresencia del Estado. Ha sido eje programático de la democracia cristiana alemana que es a su vez elemento sustancial del Partido Popular Europeo con el que se alinea el PP en Bruselas. Al reconsiderarse la vieja AP L el Partido Popular renace reclamando el legado de la UCD, centrista, reformista, liberal y democristiano. Los social- demócratas de la UCD se habían ya trasladado al felipismo. En realidad, todo está mucho más claro de lo que dan a entender algunas diatribas recientes. En sus dos mandatos de gobierno, el PP apostó por algunas reformas y no se ve retraimiento en su versión actual, al tiempo que mantiene su rechazo moderantista a los utopismos y a los experimentos. La gesticulación errónea está en los instintos y no en las ideas. A derecha e izquierda, el primer compromiso en un debate de ideas es respaldar las normas de la semántica, acotar correctamente los significados. Por ejemplo, de forma peyorativa se puede llamar doctrinario al adversario pero en su primera acepción el doctrinarismo es en realidad uno de los elementos de composición de la actitud liberal- conservadora. Es decir, desde el PP llamar doctrinario a alguien que también es del PP resulta contradictorio. El doctrinarismo es la teoría del juste milieu y uno de sus mejores practicantes en España fue nada menos que Cánovas del Castillo. El definió el moderantismo como una transacción constante entre principios absolutos. De los doctrinarios franceses como Guizot, Ortega decía que era lo más valioso del continente durante el siglo XIX porque fueron los únicos que vieron claramente lo que había que hacer en Europa después de la Gran Revolución o estaría de más asentar si en el PP se quiere debatir ideas o si basta con un pugilato entre personajes. Es una aclaración que agradecerían los ciudadanos sobre todo los que desean conocer por lo que votan. Desde luego, ponerse ahora a discutir sobre los orígenes del liberalismo concuerda poco con asuntos de vocación actual como son la inmigración, los cambios en el Estado de bienestar y en el sistema educativo, las aportaciones de I+ D, la presencia de España en el mundo o cuáles son las pautas que preferimos para reanudar el crecimiento económico. Los términos de una controversia sobre las ideas del futuro ilustrarían en no poca medida hasta qué punto cada partido político plantea su renovación estructural y, en definitiva, la renovación de la política como conducta. De otro modo, el chisme, la flexión fulanista y el diletantismo traen consigo la debilitación de la pasión política. Aspiramos a un eco honorable de la política, a la dignidad del espíritu público y a la tarea de compartir los esplendores de la razón. N vpuig abc. es E VALENTÍ PUIG