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10 OPINIÓN MARTES 22 s 4 s 2008 ABC AD LIBITUM NI AGUIRRE NI RAJOY O único que no cabía imaginar en la pugna que se traen Esperanza Aguirre y Mariano Rajoy es que ambos llegaran a hacer gala de irresponsabilidad política y mala educación. Una cosa es la ambición que, sometida a sus trámites protocolarios y democráticos, siempre resulta legítima y otra muy distinta, y reprobable, que quienes son lo que son como consecuencia del respaldo electoral olviden su representatividad y, tal que raqueros después del naufragio, se disputen los restos del navío a cuyo hundimiento están contribuyendo con esfuerzo y dedicación. M. MARTÍN El asunto se agiganta FERRAND si, en plena e innecesaria discusión, sale al paso la novicia Soraya Sáez de Santamaría y sentencie, más ancha que alta, que el debate sobre el liberalismo y la socialdemocracia está de más Esta Soraya será la primera de la clase, pero tiene alma de cántaro: Con decir que somos del PP basta ¿Será posible que, desde una cabecita jurídicamente adiestrada, se pueda reducir un partido a una sigla, una gaviota y una obediencia? Ni, en referencia al Real Madrid o al Barça, basta con afirmar la adhesión y declararse profeso. José María Aznar se instaló en el PP, después de refundarlo y ponerlo en condiciones de enfrentarse al PSOE, con singulares modos de caudillaje; pero eso, que nunca es deseable y siempre anticonstitucional, no es transmisible a los herederos. Rajoy quiere ser Aznar, pero sin ganar elecciones. Trabajando para perderlas. Aunque, en defensa de su propio empleo, muchos notables del partido lo acepten así, mandón e impertinente, maleducado y excluyente, el fenómeno no puede resultar duradero y constituye, de momento, una dejación de la responsabilidad otorgada por diez millones de votantes de toda España. Mariano Rajoy anuncia su candidatura para seguir al frente del PP después del XVI Congreso, y sin que Esperanza Aguirre haga lo propio y se limite a un aporte crítico, le invita a marcharse del partido. ¿Será Rajoy el propietario de la gaviota? Se quiere forzar, extracongresualmente, a los militantes, votantes y simpatizantes del partido a escoger entre Aguirre y Rajoy. Algo tan inadmisible e irregular, tan caprichoso y torpe, invita a repudiarles a ambos. A no quedarse con ninguno de los dos. Si solo estuviéramos ante un pleito de familia, que ya se ha llevado por delante un montón de gente valiosa, la importancia del caso sería relativa; pero, siendo el PP el partido monopolista de la oposición, esta lucha intestina es tanto como darle al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero licencia para hacer de su capa un sayo. ¿Qué control sobre el Ejecutivo puede hacer un grupo ensimismado en su propio ombligo, en plena disputa por un poder que no es capaz de alcanzar y al servicio de un fulanismo rajoyano que solo se fundamente en el dedo designador de Aznar? L VISTO Y NO VISTO ZAPATERO Y LA MUJER MADURA A objeción finolis a Zapatero es que sus gobiernos son mediocres. Eso, sin embargo, ya lo decía Tusell de los de Franco, y duraron cuarenta años. ¡Derrotista! El ejercicio del periodismo se ha puesto muy cuesta arriba con esto del nuevo gobierno, y la Asociación de la Prensa de Madrid ha decidido, con razón, poner a disposición de sus socios un Land Rover. Frente a un gobierno nuevo puede haber tres posiciones: aplaudirle, encogerse de hombros y agredirle. Lo que no se comprende, decía Fernández Flórez, es que se aproveche ese pretexto para vaciar la bolsa de las bobaditas: pelotitas de lugares comunes endurecidos que las tira uno al suelo y hacen ¡tac! Mientras la derechona se cuece en su propio fulanismo, ¡blo! ¡blo! ¡blo! la izquierdona nos quiere convencer de que mediocridad es igualdad, y ahí está el discurso fieramente antidarwinista, ¡tac! ¡tac! ¡tac! que Bono echó en el Congreso para presentarse: -No ha nacido el español que valga más que otro. Ya, pero, por si acaso, él, siendo cesanIGNACIO RUIZ te, iba a los toros con motoristas que le QUINTANO despejaran el atasco. Discurso y realidad. También Zapatero dijo en su investidura que trataría de reducir en al menos un tercio la inactividad de las mujeres maduras y luego, para el gobierno nuevo, las ha escogido jóvenes, como todos, y en este como todos está el quid de la política de Zapatero, que es suarismo (de Adolfo, no de Francisco) pasado por la piedra: elevar a la categoría de normal lo que en la calle es normal. Por eselado, más normal no puede ser el gobierno de Zapatero: al parecer, uno de sus miembros no sería bachiller; otro, presentaría un currículo... creativo; y hasta se rumorea en la Red de uno que tendría acreditada una minusvalía transitoria del treinta y tres por ciento. Bueno, en la calle los hombres son así. Y las mujeres, también, empezando por la ministra de Defensa, en quien los cursis alaban L que coja el tenedor como el Cetme, y los castizos, que enseñe los dientes. -Que, si muerdes una esquina, hagas una taquilla de toros. Eso es disuasión. Se dirá que la ministra catalana no sabe mucho de la milicia, pero ¿qué sabía Companys, a quien Azaña hizo ministro de Marina porque una vez había sido preso en un buque? En los tres meses que estuvo en la cartera encargó a una casa de Barcelona, sin concurso, sesenta y cuatro paracaídas con destino al personal de Vuelo de la Aeronáutica Naval, y no se volvió a saber de él hasta que, sólo porque no le gustaba el gobierno de Madrid, salió a un balcón barcelonés, proclamó el Estat Catalá y se levantó en armas contra la República. -Yo mismo, ¿estoy en el deber de poner en mi balcón una bandera del color que más me guste, con una estrella solitaria porque alguno de los ministros de este gabinete me parece tonto? -se había preguntado Fernández Flórez ocho meses antes. Contra la ignorancia militar de la ministra de Defensa, la sabiduría científica de la ministra de Investigación, la donostiarra Garmendia, quien, con el leonés Martínez, su secretario de Estado, posee una empresa, Genetrix, que se ocupa de trasladar las invenciones a la industria farmacéutica ¿Por qué no se ha confiado la Defensa a los dueños de Coronel Tapioca Martínez, que en cuatro años no consiguió que en el jardín del CSIC arraigara El árbol de la ciencia de Chirino, es el Azara del renacimiento zapateril, en tanto que Garmendia, que está, por cierto, contra las cuotas de igualdad sería doña Eduvigis, aquella buena señora que, al decir de Giménez Caballero, tuvo el rasgo de desviarse de las ánimas benditas del Purgatorio y apartar su modesto dinerito para fundar una institución para el progreso de las ciencias laicas y exactas del país. -Hay políticas y religiones que no admiten la duda, y la duda es la esencia del progreso- -dice Garmendia, corrigiendo a Constant, que situaba esa esencia en la igualdad. Mas la rival de Bono para el título nacional de Felipe Igualdad es Bibiana, de la que ni usted ni yo sabemos nada.