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84 CIENCIA FUTUROsMEDIO AMBIENTE y www. abc. es cienciayfuturo LUNES 21- -4- -2008 ABC Un centenar de balsas como la de Boliden no tienen plan de emergencia Se rigen por la Ley de Minas y no por la de residuos tóxicos y peligrosos POR ARACELI ACOSTA FOTOS DANIEL G. LÓPEZ AZNALCÓLLAR. Mal de muchos consuelo de tontos, dice el refrán. Aunque el hecho de que en nuestro país existan más de un centenar de balsas repletas de residuos tóxicos, similares a la siniestrada en la mina de Aznalcóllar la madrugada del 25 de abril de 1998, no consuela a nadie, sino que inquieta, pues penden como espadas de Damocles sobre los territorios en que se asientan. Pero más preocupa aún saber que ninguna de ellas cuenta con planes de emergencia ante una eventual catástrofe. Si ésta ocurriera habría que actuar de nuevo guiados por la improvisación. Las prisas no son buenas consejeras, y menos cuando se trata de contener vertidos altamente tóxicos. El décimo aniversario de la catástrofe de la mina de Aznalcóllar debería servir para pensar en lo que nos queda por hacer, porque no hemos acabado con el problema, ni con éste (la mina de Boliden) ni con otras decenas de balsas peligrosas que hay en España sobre todo a lo largo de la faja pirítica. Lo dice Juan Romero, de Ecologistas en Acción, quien conoce a la perfección la realidad de la minería en España, en la que no hemos avanzado- -afirma- seguimos haciéndolo como los romanos Las empresas que explotan las minas son responsables del mantenimiento y la seguridad de las balsas, incluso después de cesar la actividad, pero no están obligadas por ley a tener un plan de emergencia. El problema- -explica Romero- -es que estos grandes complejos (formados por cortas, balsas, escombreras, que van almacenando residuos de todo tipo) se rigen por la Ley de Minas y no por la de residuos tóxicos y peligrosos, que es lo que realmente contienen. Así, la rotura de la mina de Aznalcóllar reveló, por los análisis posteriores que se hicieron de las aguas, que la balsa de residuos siniestrada contenía desechos procedentes del Polo Químico de Huelva, dando la razón a los ecologistas de la zona, que llevaban años denunciándolo. Cianuro, arsénico, todo tipo de metales pesados... toda la tabla periódica cabe en estas minas, muchas de ellas abandonadas, pero los residuos son para toda la vida y requieren de una vigilancia constante apunta Miguel Ferrer, científico titular de la Estación Biológica de Doñana y director de este centro del CSIC cuando se produjo el desastre de Aznalcóllar en 1998. Romero nos cuenta que en Riotinto hay una mina abandonada con más del doble de residuos de los que almacenaba la de Boliden. Son 90 millones de toneladas de residuos, donde las filtraciones ya existen, todo igual, sólo cambia el nombre de las marismas afectadas, Odiel en lugar de Doñana. El nombre es lo de menos. Es otra catástrofe anunciada. Casi nada ha cambiado. Sólo una cosa. El año pasado se aprobó la Ley de Responsabilidad Ambiental que obliga a las empresas a responder ante posibles daños al medio ambiente hasta 30 años después de ocurrido el evento que los ocasionó. Se trata de asegurar que el responsable de la actividad devuelva los recursos naturales a su estado original, sufragando el total de los costes. Quien contamina paga, es la filosofía de esta nueva norma. Y todo ello aunque no se haya cometido ninguna infracción administrativa y, por tanto, no lleve aparejada una sanción. El responsable de la actividad siempre tendrá la obligación de reparar el daño. Si esta norma hubiera estado en vigor en 1998 la empresa sueco canadiense BolidenApirsa hubiera tenido que aportar los más de 165 millones de euros que ha costado al Ministerio de Medio Ambiente y a la Junta de Andalucía, es decir, a todos los españoles, la limpie- La historia se puede repetir Grupos de operarios instalan estos días placas solares sobre la balsa siniestrada en 1998 Si ocurriera un accidente habría que actuar de nuevo guiados por la improvisación En 2007 se aprobó la Ley de Responsabilidad Ambiental, que obliga a reparar el daño hasta 30 años después Los ecologistas avisan de que la mina de Las Cruces, al lado de la de Boliden, tampoco tiene plan de contingencias Vertederos a cielo abierto za y restauración del Guadiamar. Pero no fue así: Aquí quien contamina cobra dice tajante Miguel Ferrer. La empresa no sólo cobró los 8.000 millones de pesetas en subvenciones de la Junta de Andalucía cuando reabrió la mina un año después de la catástrofe, para proceder a su cierre definitivo inmediatamente después, sino que se dio la paradoja de que los camiones de Boliden fueron indispensables para la recogida de lodos. Eso sí, previo pago del correspondiente alquiler. Por tanto, Boliden cobró por la limpieza de lo que había provocado su propia balsa de residuos tóxicos. Boliden cobró por contaminar Ahora, la vigilancia de esa balsa y de todo el complejo minero continúa, pero a cargo de Egmasa, empresa pública de la Junta. También se vigilaba antes nos dice Ferrer, justo al lado de donde los operarios de Egmasa trabajan ahora en unas balsas para recoger las aguas que se filtran de la escombrera. Los residuos son para toda la vida y, en este caso, y aunque se intente teñir de verde todo lo que tenga que ver con la mina de Aznalcóllar, la realidad es tozuda. Las filtraciones de la escombrera continúan, la corta donde se almacenaron los lodos retirados necesita de un bombeo continuo para que el agua no alcance el nivel del acuífero que la atraviesa, y la balsa siniestrada no está bien sellada, los materiales tóxicos que contiene no están estables dice Isidoro Albarreal, de Ecologistas en Acción. Los paneles solares sobre la escombrera y la balsa, estos últimos aún los están instalando, quieren transmitir una imagen de normalidad. El propio complejo industrial donde ha quedado encerrada la mina se llama ahora Parque de Actividades Medioambientales de Aznalcóllar. No parece que una mina y una empresa dedicada a la incineración de cables y neumáticos- -éstos los vemos apilados en enormes montañas junto a las instalaciones de la mina- -sean lo más respetuoso con el entorno.