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ABC LUNES 21 s 4 s 2008 MADRID 57 HISTORIAS MADRILEÑAS MÚSICA Sábado 19. Teatro Fernán Gómez. Muestra de Músicas del Mundo 08. Qué chico tan grande MANUEL DE LA FUENTE Como su propio nombre indica, Chico es pequeño, redondo, sin una arista, un talento desbordante cobijado bajo un cuerpo de gnomo, de duendecillo. Pero Chico, como este sábado se vio en el madrileño Teatro Fernán Gómez, es grande, muy grande. Uno de los más grandes de ese coloso musical que es Brasil. Chico es enorme, un artista gigantesco, aunque por aquí no sea tan conocido como otros compañeros más habituales entre nosotros como Marisa Monte y Carlinhos Brown, o los veteranos y geniales hermanos que son Maria Bethania y Caetano Veloso. Sus discos son una referencia inevitable de la nueva música brasilera, porque Chico César tiene el don, surgido en él de forma natural no forzada, de la asimilación. La tradición bulle en sus melodías, pero también la modernidad, el riesgo, la innovación. Chico es el más africano de los brasileños. Y también un valiente. Porque su propuesta musical y escénica del sábado lo era. Y mucho. Un par de guitarras y el acompañamiento de una excepcional percusionista (su complicidad durante las dos horas de concierto fue una delicia para el aficionado) y su ingenio, su simpatía, su estilo, su feeling, su calidad vocal y guitarrística hicieron el resto. Hay mucho en Chico de chamán, de hechicero, que convoca a la tribu a una celebración integral que asume diversión, alegría, pero también sobreabundantes dosis de ternura, de bonhomía, de emoción. A los 5 minutos, ya se había ganado al público, que durante toda la velada no dejó de acompañarle ni de jugar con él, de corear sus coloreados y luminosos estribillos y seguir sus bromas, que llegan hasta a atreverse con la danza del pato de Chuck Berry, de subrayar con sus aplausos sus solos con la guitarra (memorables sus aires y calidades de Django Reinhardt) Chico César canta a Mandela, canta a Mamá África, canta al amor (bellísima siempre Onde estara o meu amor al ritmo Tambores Deriva por el reggae, por las maravillas y ecos del malinense Salif Feita (La Voz de Oro africana) apunta por el rock esboza delicadas esencias jazzísticas, asume en pleno a Gilberto Gil, Caetano, Carlinhos, y canta como los ángeles, angelitos negros que también los quiere Dios. Un Chico muy, pero que muy grande. Un angelote o un diablillo, un mago que hechizó con la magia de sus canciones. Julián Acevedo y María Pilar Iglesias, a punto de empezar su clase de Astronomía en el campus de Vicálvaro Amor en el cielo y las estrellas A María Pilar y a Julián, ya abuelos, les visitó Cupido hace cuatro años. Ella era separada; él, viudo. Se conocieron por casualidad, en un viaje de los que la Comunidad de Madrid organiza para mayores. Ahora son pareja y estudian en la Universidad Rey Juan Carlos POR MARÍA ISABEL SERRANO FOTO JULIÁN DE DOMINGO MADRID. Se conocieron en un avión, surcando el cielo, y ahora estudian juntos Astronomía. Lo de María Pilar y Julián fue un flechazo. Andaban cada uno por su lado. Con los hijos emancipados y viendo crecer a los nietos. Les rondaba la monotonía. Ahora son una pareja de enamorados, feliz. No hace falta que nos casemos, pero estaremos juntos para siempre aseguran a coro. La vida, se dice, da muchas vueltas. El destino, se dice también, es muy caprichoso. Esta vez ese destino ha unido la vida de dos personas que no se conocían físicamente pero que estaban muy cerca el uno de la otra desde que eran niños y adolescentes. María Pilar Iglesias tiene 67 años y está separada desde 1992. Julián Acevedo está a punto de cumplir los 76 y es viudo. Ella tiene cuatro hijos con su vida ya hecha. Él, una hija. Entre los dos suman siete nietos. Se les cae la baba. Fue entre el 22 y el 28 de octubre de 2004. Desde entonces, no se han separado. Los dos, de pura casualidad, se apuntaron a un viaje a Italia para mayores financiado por la Consejería de Familia y Asuntos Sociales. María Pilar, acompañada por una amiga, hizo las gestiones en un centro de Moratalaz, en la calle Camino de Vinateros. Yo- -explica- nunca pasaba por ahí pero, mira tú por donde, un buen día me apunté a ese centro de la Tercera Edad y decidí hacer ese viaje. ¡Hasta me tuve que hacer socia! comenta ella. Julián tampoco estaba muy entusiasmado con eso de hacer maletas. Le animaron y, casi a la fuerza, fue el comprador del último billete para ese viaje a Italia en el centro de la Tercera Edad de Manoteras. Eran pasajeros del mismo vuelo. María Pilar vio un asiento libre al lado de su amiga. Querían estar juntas. Me voy- -le dijo a su amiga- -porque creo que esta plaza es de aquel tío con cara de pocos amigos que viene por el pasillo. Mejor no liarla Y así, María Pilar ocupó el asiento que le correspondía y dejó libre el que correspondía a Julián, que fue el último pasajero en subir a bordo. Durante el vuelo, Julián y la amiga de María Pilar entablaron una conversación y ésta les presentó en el aeropuerto romano de Fiumichino mientras los tres esperaban las maletas. Cupido revoloteaba por allí. La suerte estaba echada. Divertida y coqueta, María Pilar cuenta que Julián se mostró muy atento durante todo el viaje. ¡Niña! es que no me dejaba ni a sol ni a sombra. Me mareé en el barco hacia Capri y él me ayudaba y me atendía. Luego, más suelto, me cantó una napolitana en la góndola de Venecia... Fue muy amable en el café Florian, de la plaza de San Marcos, también de Venecia. No paraba de hacerme fotos para que luego, en Madrid, nos viéramos y poder dármelas. Así pasó y, desde entonces, no nos hemos separado Julián, dulce pero algo más reservado, confiesa que a cierta edad, yo ya me había hecho a la idea de que se habían acabado las ilusiones. Y ya ves, ha llegado el amor. Nos hemos devuelto la vida el uno al otro Los dos nacieron en Madrid. Él vivía en la calle Máiquez y ella en Goya, cerca de la Fuente del Berro. Hemos dado vueltas el uno hacia el otro durante toda la vida sin saberlo. Cuando, de pequeña, yo jugaba en el parque de mi casa, él pasaba por allí mismo para ir a trabajar. ¡No me digas que no es para que los pelos se pongan de punta! exclama María Pilar. Los dejamos en su aula de Astronomía, en la Universidad Rey Juan Carlos, actividad cofinanciada por la consejería que dirige Gádor Óngil. La clase de hoy es Con el cielo en el bolsillo Ahí, en su cielo particular, queda esta pareja, tan encantada de haberse conocido. Los pelos de punta María Pilar, 67 años: No hace falta que nos casemos pero estaremos juntos para siempre Julián, 76 años: A cierta edad, yo ya me hice a la idea de que se habían acabado las ilusiones