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48 MADRID LUNES 21 s 4 s 2008 ABC Joaquín, junto a su mujer, Aurora, lleva más de media vida enfermo. Eso no le ha impedido criar y educar a sus dos hijos Ya es hora de que los enfermos mentales salgamos del armario Una de cada cuatro personas sufre una patología mental. Muchos no se atreven a pedir ayuda por temor al rechazo. Conocer y asumir lo que sucede, claves para vivir con normalidad POR M. J. ÁLVAREZ FOTO ÁNGEL DE ANTONIO MADRID. Ya va siendo hora de que salgamos del armario, que está hasta los topes, y demos la cara. Tenemos que normalizar nuestra situación dice Mario, de 29 años, aquejado de esquizofrenia asociada a trastorno de la personalidad con rasgos paranoides. Él padece un patología que afecta al 1 de la población. A tenor de su experiencia, recomienda superar el temor a ser rechazado y pedir ayuda. Ir a una asociación, por ejemplo, y sentirse apoyado y comprendido es una forma. Otra, acudir a a los especialistas. Es importante que se nos conozca para que dejen de decir que somos peligrosos dice, tajante. Basta ver la crónica de sucesos, cuando solo un 3 de los esquizofrénicos cometen agresiones en forma de lesiones o incluso de muerte, según los expertos. Eso quiere decir que hacemos menos daño que el resto de los normales de la sociedad afirman al unísono Raúl y Joaquín, de 54 años, aquejado del mismo mal. Las enfermedades mentales suelen ser invisibles. Y, lo que es aún peor, estigmatizan. Están rodeadas de un halo de misterio. De tabúes y de miedo debido al desconocimiento. Anorexia. Fobias. Trastorno bipolar, de la personalidad. Depresión. Hiperactividad... Todas estas patologías afectan a una de cada cuatro personas, o lo que es igual, al 25 por ciento de la población en algún momento de su vida, según datos de los expertos. En términos globales representan el 12,5 del total de enfermedades, un porcentaje superior al cáncer y a los trastornos cardiovasculares. El desconocimiento ha hecho que la sociedad perciba a algunos de estos enfermos como seres violentos o de los que hay que cuidarse o apartarse. Y todo ello, a pesar de los avances médicos y los cambios sociales. Mario ha recorrido un largo camino hasta poder llevar una existencia corriente y moliente, como todo el mundo. Primero, por el tiempo que transcurrió hasta que le diagnosticaron su mal. Después, por el que pasó hasta que asumió que por tratarse de una enfermedad crónica, tenía que llevar un tratamiento de por vida. Todo comenzó en el instituto. Yo era muy sociable y, poco a poco, me fui encerrando en mí Ahí comenzó el proceso habitual. Abandonó los estudios. Se me montaban los números en la pizarra. Unos sobre otros. Y las letras. No me sentía bien. Pero ¿cómo explicar lo qué te sucede si no lo sabes tú mismo? agrega. Ese suele ser el gran drama que atraviesan todos al comienzo. Se encerró en casa. Y comenzó a vivir todo un sinfín de dificultades y una peregrinación de médico en médico, de especialista en especialista, sin saber cuál era su mal. A ello se unen los tópicos que culpabilizan y marcan. Si no sales de la cama o te pasas el día tumbado en el sofá, o sin ganas de arreglarte te llaman vago. Tú estás perdido. Desorientado. No encuentras tu sitio explica, por su parte, Joaquín. Aunque se ha avanzado mucho en el diagnóstico de las enfermedades mentales, a veces no es fácil determinar de qué se trata. Se mezclan unos síntomas con otros. O no están claros. Vas dando palos de ciego. Al principio pasaba el día sedado y en la cama, ya que, por aquella época todo lo incluían en depresión. Hasta que tienes un brote o una crisis y estalla todo ante tus ojos manifiesta. Joaquín empezó a sentirse mal a los 25 años, por lo que he estado enfermo desde siempre Aún así, eso no le ha impedido formar una familia, educar y cuidar a sus hijos. Yo he ejercido de amo de casa Ahora cuido de mi sobrina No hay más peleas o desuniones por convivir con un enfermo mental. Es otro tópico El tratamiento precoz es fundamental y ayuda a reducir los brotes, subraya José María López, jefe del servicio de Planificación de Recursos de la Oficina Regional de Salud Mental. Y, a edades tempranas como la adolescencia, resulta aún más difícil. La aparición de un brote psicótico o una crisis aguda con pérdida de la realidad, delirios, sonido de voces, etc, puede ir, en ocasiones, ligado a alguno de estos trastornos. Una vez efectuado el diagnóstico, que en el caso de Mario y Joaquín tardó lo mismo (5 años) todo empieza a encarrilarse. Joaquín ha padecido Un largo calvario Saber qué te sucede y cómo se manifiestan los síntomas es básico para poder controlar la enfermedad