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22 ESPAÑA LUNES 21 s 4 s 2008 ABC Edurne Uriarte CASCOS os periodistas son esos personajes que se dedican a recomendar a los políticos todo aquello que ellos mismos jamás harían en su empresa de comunicación o en su propio trabajo. Democracia interna a mansalva, por ejemplo. O renovarse a los 50, o sea, dimitir para dar paso a los jóvenes, a la savia nueva y todo aquello. O nombrar equipos de confianza acudiendo a una convocatoria pública o incluso a los afines del adversario. Afortunadamente, los políticos les hacen, nos hacen, el caso justo. En general, su intuición les lleva a fiarse más de sus votantes o de sus militantes. Por eso sorprende que sea un político de la experiencia de Álvarez Cascos el que haya salido a la palestra a dar consejos de periodista a Rajoy, esos de la democracia interna, la renovación y la meritocracia, él que, como secretario general del partido, practicó la ortodoxia del ordeno y mando. Y que necesitó tres elecciones generales para llevar al triunfo al PP a pe, sar de dedicarse, suponemos, a ganar elecciones y no congresos O que es recordado como aquel que vació Génova, su reino, cuando fue nombrado vicepresidente en 1996, para llevarse a los suyos, a los afines, al Gobierno. Pero, además, Cascos perdió su secretaría general en 1999 a manos, casualmente, de un afín de Rajoy, Javier Arenas. Y más tarde, en 2000, Cascos también perdió su vicepresidencia del Gobierno, casualmente también, a manos de Rajoy que pasó a ser más afín de Aznar que él mismo. Y en 2003 perdió sus últimos resortes de poder en el PP cuando Rajoy fue nombrado el más afín de los afines, el sucesor de Aznar. Desde entonces, ha vivido ajeno a las duras vicisitudes del PP entre 2004 y 2008. Y ni siquiera ha llegado a conocer a los nuevos talentos curtidos en esas vicisitudes, como Soraya Sáenz de Santamaría. Otra cosa es que Rajoy necesite nuevos afines para el equipo con el que se presente al Congreso. González Pons, por ejemplo, que es- -junto a Ramón Luis Valcárcel- -uno de los que mejor comunican en el Partido Popular. Y otros afines que lo son por su liderazgo y su lealtad al PP, independientemente de quién mande. Jaime Mayor Oreja, por ejemplo. L Un soldado español empuja la silla de ruedas de un afgano en Herat AP Sólo podemos decir a los afganos que sean buenos Los militares españoles en Afganistán cuentan a ABC cómo es su actividad en la base, convertida en un búnker por el aumento de la violencias Al no poder utilizar las armas, sólo para defenderse, tratan, con la palabra, de rebajar la tensión con los afganos POR PALOMA CERVILLA ENVIADA ESPECIAL HERAT (AFGANISTÁN) Cuando el avión Hércules del Ejército español aterrizaba en el aeropuerto de Herat, a la ministra de Defensa, Carme Chacón, le sorprendió la impactante imagen de los militares en posición prácticamente de guerra, con los chalecos antibalas y las armas en la mano, apuntando mientras la parte trasera del avión se abría ya en suelo afgano. Volvió su cabeza en varias ocasiones y quizás, entonces, se dio cuenta de que estaba en un país en guerra, por mucho que el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, se empeñe en definir esta misión como de paz. Tal vez, a la ministra, en sus escasas seis horas de estancia en este país asiático, no le llegó el eco de lo que de verdad piensan quienes se encuentran a pie de obra, en un país cada vez más peligroso. En su viaje, más mediático que profesional, la ministra sí que pudo percibir la situación de aislamiento en la que se encuentra el contingente español. Una base militar que se parece más a un búnker y en la que salir fuera se ha convertido en una ruleta rusa en la que se juegan la vida. La situación va a peor y los militares así lo reconocen. Teniendo en cuenta que la naturaleza de la misión sólo les permite utilizar las armas para defenderse, no para iniciar el ataque, sus movimientos están limitados para evitar estas situaciones. Un militar comentaba a ABC que sólo podemos decirles a los afganos: Sed buenos en una frase que lo dice todo. Mientras realiza este comentario, utiliza expresivamente el dedo índice como señal de consejo. Una inocente frase que deja al descubierto el encorsetamiento del papel que los militares tienen que ejercer en esta zona del mundo, muy alejado de la naturaleza de su formación. Pero lo peor, es que no pueden ni siquiera salir de la base. A escasos metros de la misma, un militar señala a ABC la zona que sospechan está minada y el pequeño pueblecito cercano, de cuyos habitantes temen que sean los principales autores intelectuales de los ataques que sufren. Allí es difícil fiarse de la gente, los afganos contratados para realizar trabajos en la base pasan un filtro para intentar detectar que no son chivatos que den información a los talibanes. La mayoría, cuentan, están agradecidos. Para esta primavera se espera lo peor. El duro invierno, con nieve y heladas, ha destruido gran parte de las cosechas de cereales y opio- -la principal fuente de ingreso de los afganos- y el recurso a la violencia, a cambio de dinero, se- rá él único camino que encuentren para sobrevivir. Ello hace más peligrosa una época del año, el verano, en la que los talibanes aumentan su agresiva actividad contra las tropas extranjeras. Los tres ataques consecutivos que sufrieron nuestros soldados hace pocas semanas son una señal de lo que les puede esperar en el futuro. Pero si se puede hablar de un sólo signo de normalidad en la base, ese es la actividad del aeropuerto. Lo que fue una pista construida por los americanos ha sido arreglada por los españoles. De hecho, la base española se ubicó en la zona aprovechando esta infraestructura, a la que se le ha dado un uso singular, teniendo en cuenta del lugar en que se encuentra: un país que vive prácticamente en la Edad Media. Ese uso es el de terminal de vuelos nacionales. Precisamente, mientras la ministra visitaba las tropas, despegaba del aeropuerto un vuelo hacia Kabul, fue el único momento en que se vieron por la base mujeres ataviadas con el tradicional burka y en que daba la impresión de que realmente se está en Afganistán. Tanta actividad está teniendo esta base aérea que ya supera a la de Morón, en España, en número de operaciones diarias. Este servicio, así como el que ofrecen los soldados en el hospital y otros de carácter humanitario, dan sentido a una labor encorsetada por el complejo de España de estar en una misión militar. Una antigua pista americana Cercados por las minas y con la amenaza talibán, los militares ven mermado el carácter de su misión