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ABC DOMINGO 20- -4- -2008 La nave Soyuz se desvía de su ruta y aterriza a 400 kilómetros del lugar previsto 91 se tuvo en cuenta el parecer de los científicos en una catástrofe así. La verdad es que no preguntamos, sino que nos lanzamos, si hubiéramos preguntado a lo mejor nos hubieran dicho que no, y lo cierto es que les hicimos un favor estupendo No sólo lo dice él, sino todo aquel que estos días tiene algo que contar sobre lo que de verdad ocurrió en Doñana. Juan Romero, por aquellos días representante del movimiento ecologista de Andalucía en el Patronato de Doñana y miembro de CEPA, organización que denunció en multitud de ocasiones y por diferentes vías los desmanes de la mina de Aznalcóllar, reconoce que el Comité Científico estuvo a la altura de las circunstancias y que sin ellos, y la suerte que acompañó, todo hubiera ido peor. En una de las contadas ocasiones en que científicos y ecologistas están de acuerdo hasta en la última coma, la alusión a la suerte se convierte en algo recurrente en este recorrido por la zona cero del desastre. En primer lugar la fortuna hizo que la rotura se produjera de noche, si no, la avalancha de lodos y aguas ácidas podría haberse llevado vidas humanas a su paso dice Juanjo Carmona, coordinador de la organización WWF Adena en Doñana. Se cuentan por cientos las personas que un día cualquiera hubieran estado allí trabajando sus tierras o llevando a pastar a su ganado, además de excursionistas que solían hacer barbacoas cerca del río Y también la suerte se alió con Doñana, porque no llovió esa primavera y las lluvias de otoño se retrasaron, explica Ferrer. Las nubes dieron una tregua de 208 días, y eso después de que el año anterior había sido muy lluvioso, hecho que favoreció la rotura de la balsa por exceso de presión. Si hubiéramos tenido un año normal, lo que ocurrió hubiera sido aún peor dice Ferrer. Y lo que ocurrió es que las Administraciones miraron para otro lado para no ver una catástrofe anunciada y denunciada explica Juan Romero. No ha habido en toda Europa ninguna operación de limpieza de suelos contaminados como aquélla, ni siquiera Chernobil, aunque sí fue mayor en magnitud apunta Ferrer. Y aunque no se trate de comparar catástrofes, lo cierto es que en el imaginario colectivo se asocia el Prestige al mayor desastre ambiental en España, pero la mina de Aznalcóllar vertió cien veces más con- LAS CIFRAS DEL DESASTRE Pudo cobrarse vidas Técnicos de Doñana en tareas de limpieza en el río Guadiamar, cuatro días después del vertido ABC La riada tóxica contaminó 63 kilómetros de cauce hasta alcanzar las marismas La riada tóxica que escapó de la balsa de residuos de la mina de Aznalcóllar descendió por el río Guadiamar hasta llegar a las marismas de Doñana. En algunos puntos alcanzó los tres metros de altura, contaminando un total de 63 kilómetros de cauce y más de 4.600 hectáreas de terreno. No son las únicas cifras superlativas originadas por el desastre. El vertido tóxico de Boliden fue unas cien veces mayor que el del Prestige (seis millones de metros cúbicos de aguas ácidas frente a 63.000 toneladas de fuel) Además, un total de 868 operarios recogieron 7 millones de metros cúbicos de lodos y tierras contaminadas, ayudados por 500 camiones de limpieza que recorrieron casi 17 millones de kilómetros (424 veces la vuelta a la Tierra por el Ecuador) taminantes que el buque que se partió frente a las costas gallegas. En Doñana no hubo voluntarios ni tampoco actuó el Ejército. Nadie, salvo científicos y ecologistas, quería mostrar la realidad de un desastre sin parangón. Y aún hoy, gentes de los pueblos de la comarca de Doñana, eso sí, que no perdieron tierras ni su trabajo, minimizan lo ocurrido. Eso no fue nada dice convencido uno de los vigilantes de las instalaciones de la mina. Otros, muchos, prefieren no hablar. Aquí hay muchas cosas detrás dice Manuel en el bar Don Pedro, en Gerena, a pocos kilómetros de Aznalcóllar. Los propios mineros venían esos días por aquí y decían que todo fue intencionado nos dice Manuel. Existieron esos rumores apunta Juan Carmona, de Adena. Intencionado, preparado o simple coincidencia. Lo cierto es que un año y medio después del vertido las acciones de Boliden cayeron en picado. Una descapitalización esgrimida como razón, y no la catástrofe, para el cierre apresurado de la mina. Sí, porque la mina no se cerró definitivamente tras el desastre, sino que volvió a abrir poco tiempo después, con el permiso de la Junta de Andalucía. Reanudar la actividad era el requisito para cobrar subvenciones por valor de 8.000 millones de las antiguas pesetas procedentes de la Junta. Con el dinero en el bolsillo, la empresa minera clausuró la actividad y se fue, dejando un rastro de sombras tras de sí. Y es que ésta fue una catástrofe anunciada, y consentida. César Nombela Catedrático de la Universidad Complutense EL SISTEMA PERIÓDICO DERRAMADO n una zona de la franja pirítica del suroeste español, asiento de actividades mineras desde los romanos, se rompía hace diez años un muro de contención, ¡de más de veinte metros de ancho! Soportaba a una balsa con millones de toneladas de lodos almacenados, desecho de una actividad minera E que beneficia menos del 1 de los materiales que moviliza. El cauce y la ribera del río Guadiamar ennegrecieron cubiertos por la riada, todo se medía en escala elevada: millones de toneladas de barros, millones de metros cúbicos de aguas ácidas. Como Presidente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) pronto tuve detalles de la composición química de los barros movilizados por la emergencia; la lista de elementos químicos detectables abarcaba una notable proporción del sistema periódico. Eran materiales autóctonos, las piritas de la zona contienen elevados niveles de arsénico y de otros elementos. Pero, su movilización en tierras de cultivo, zonas de recarga de acuíferos y espacios naturales protegidos, en formas que podían materializar su toxicidad, representaba una emergencia ecológica. El 10 de Mayo ABC recogía mi artículo Aznalcóllar: serenidad y rigor planteando el papel de la comunidad científica en la situación que había surgido. La decisión, que tomamos en el equipo directivo del CSIC (mi agradecimiento a todos es inmenso) de crear una comisión y poner en marcha una tarea de análisis, información rigurosa y propuesta de soluciones, fue secundada con entusiasmo por el organismo; expertos de muchos de nuestros institutos trabajaron incluso en domingos para aportar su saber especializado. La Estación Biológica de Doñana, con su entusiasta director Miguel Ferrer, multiplicó sus esfuerzos y acogió las colaboraciones de universidades y otros centros, con la coordinación científica de Enrique Macpherson, responsable de recursos naturales. Tras esta experiencia tengo más claro que el conocimiento científico debe ser referente para la gestión pública; es la forma de evitar excesos en la legítima confrontación política que puede surgir; nunca el rigor de los datos es más necesario. También tengo presente mi agradecimiento al Gobierno de entonces, la Ministra Esperanza Aguirre ratificó mi decisión de actuar, así como a la Junta de Andalucía, cuyo Consejero José Luis Blanco acogió y apoyó también nuestras iniciativas. Años después, ya fuera del organismo, lamenté que el CSIC no actuara desde el primer minuto en la emergencia del Prestige; afloró entonces la lucha política partidista, con grave- -y, a mi juicio, injusto- -perjuicio para el Gobierno y el partido que lo sustentaba.