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ABC DOMINGO 20- -4- -2008 TOROS www. abc. es toros 89 El Cid desoreja un gran toro de El Ventorrillo BARCELONA Monumental de Barcelona. Sábado, 19 de abril de 2008. Tres cuartos de entrada. Toros de El Ventorrillo, muy desiguales de presentación y juego, bajos de casta y fuerza, poca clase y fijeza; extraordinario el 4 y manejable el tardo 3 El Cid, de verde oliva y oro. Estocada un punto trasera (saludos) En el cuarto, estocada levemente desprendida (dos orejas) Salió a hombros. El Fandi, de coral y oro. Estocada y tres descabellos. Aviso (saludos) En el quinto, pinchazo, media tendida y cinco descabellos (pitos) Alejandro Talavante, de azul turquesa y oro. Cuatro pinchazos y estocada. Aviso (saludos) En el sexto, dos pinchazos, estocada y seis descabellos (silencio) ZABALA DE LA SERNA BARCELONA. Espléndida lucía Barcelona; espléndida la Monumental y espléndida su afición. Siempre lo fue. Fin de semana taurino en la Ciudad Condal, sin complejos: una pareja de recién casados- -blanca y radiante la novia- -estrenó, en el buen sentido, su matrimonio en los altos de sol. Casi tres cuartos deentrada, y eso que hubo más boletaje vendido que asistentes en los tendidos. No pocos compradores del abono se reservan para hoy, para el duelo. Que haya más polvora. O pistolas. O sea más bravura que la ofrecida por los toros de El Ventorrillo. Aunque con uno como el cuarto, el ganadero se pueda dar ya por contento. Gran toro. Y El Cid que lo desorejó. Felicidad también para el torero de Salteras. Pero una cosa es desorejar un toro y otra distin- ta cuajarlo. El Cid estuvo bien, en momentos muy bien, cuando arrastró la izquierda por la arena en naturales larguísimos y encajados en los finales de serie. Y anduvo bien también en las dobladas del principio y en las tandas ligadas de derechazos, cuando el toro se arrancaba de lejos, alegre, descolgado, con toda la clase y la fijeza a cuestas que no tuvieron sus hermanos, que por hechuras no lo parecían: éste sí que estaba hecho para embestir. Una trincherilla fue maravilla para la vista, y en general El Cid fue recreo de toreo para el aficionado aun sin el ajuste deseado, que ése fue el mayor reproche que se le pueda hacer, el escalón que faltó por subir para pasar de estar bien o muy bien a estar cumbre o redondo El espadazo fue por ley, un atragantón de pitones en el pecho. Precisamente al pecho es donde a El Cid le miraba su pri- El Cid paseó el triunfo con un ramo de novia que le tiró una pareja de recién casados mero. Desconcertante y probón, obediente a regañadientes, incierto y a peor. Alejandro Talavante se pegó un arrimón con el tardo y manejable tercero, al que había que llegarle muy cerquita, donde su puso el torero. Un esfuerzo loable que se fue al garete con la espada: ¿cómo se puede apostar tanto con la muleta y echarse tan fuera en la hora de la verdad? El sexto fue un jabonero sucio sin fuerza que se había escapado del Salón del Cómic, un dibujo animado y distraído. Nada limpio Talavante, muy enganchado ayer. EFE El Fandi explotó y se quedó en banderillas. Como siempre. El quinto, suelto del caballo, se vino arriba, muy descompuesto, y Fandila se vino abajo en la muleta con estrépito. Su brevedad compensó los 300 que había pegado (nunca mejor dicho) en la anterior faena. Zabala de la Serna LA COHERENCIA DE EL JULI E stoy abierto a torear con José Tomás donde sea, ahora no es un mito inalcanzable El Juli se sincera- ba, así de claro, en ABC, el ya lejano mes de octubre de 2007. Cumplía entonces su corrida número 1.000 en el final de su novena campaña como matador, en la zaragozana feria de La Pilarica, y cumple ahora con su palabra. Donde sea además, no es un sitio cualquiera, que es en Barcelona, el feudo de José Tomás. Juli cuenta con la raza de las figuras del toreo, con ese punto necesario de soberbia, imprescindible, que poseía, sin ir más lejos, Luis Miguel, diseccionado con sabiduría y literatura por Andrés Amorós en su último libro. Si un día, como en el ayer Dominguín en Madrid, El Juli levantara el dedo índice autoproclamándose el número uno de la torería, la prensa lo devoraría y la afición lo ensartaría, cuando probablemente lo sea. Dar la cara hoy y aquí, como los viejos gallos de pelea, espoleado por la rabia y el orgullo- que me lo pongan reclamaba José el de Gelves- como hace un año en Ávila, escenario menor para un duelo mayor, es de figurón del toreo. A la antigua usanza, se entiende.