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44 ECONOMÍAyNEGOCIOS Reportaje DOMINGO 20 s 4 s 2008 ABC Enrique Serbeto ¿Soy yo el guardián del dólar? La actual crisis en Estados Unidos tiene algo de juicio final a la presidencia de George W. Bush. Pero los vicios económicos del país y de sus presidentes no se inventaron con él. ¿Cogerán por el rabo a sus demonios o pondrán un parche para ganar tiempo? POR ANNA GRAU NUEVA YORK. Una recesión es cuando tu vecino pierde su empleo. Una depresión es cuando tú pierdes el tuyo. Y recuperación es cuando Jimmy Carter pierde el suyo La frase es de Ronald Reagan y le ayudó a ganar las elecciones y a poner en marcha los llamados reaganomics la traslación económica de su filosofía de la América grande conservadora y expansiva. Reagan vivió un año de recesión al principio de su mandato pero a partir de ahí ya todo fue optimismo y pujanza. No era una pujanza uniforme: las clases medias y altas se beneficiaron de los recortes fiscales mientras las bajas sufrían los recortes sociales y se incrementaba la desigualdad. Pero viniendo de la negra noche de Nixon y de la decepción de Carter, la era Reagan fue como un terremoto de confianza. Los efectos secundarios parecían muy secundarios. George Bush padre, temiendo que tanto pan para hoy fuera hambre para mañana, intentó meter en cintura el salvaje déficit que le legaba su antecesor, pero no pudo. La factura militar seguía siendo muy alta y de un presidente republicano se espera que no suba los impuestos le preocupe el déficit. Para eso están los demócratas. Para eso estuvo Bill Clinton, por ello eternamente honrado y admirado en las memorias del expresidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan. Menos arrobados se muestran antiguos asesores de Clinton. Hay quien acusa incluso a Greenspan de haber actuado de mala fe conservadora en ese sentido: de no haber puesto coto a los dispendios de Reagan y Bush padre para poner a Clinton en la encrucijada de sacrificar su programa social o sus posibilidades de reelección. Hay quien sinceramente cree que los presidentes republicanos dejan adrede una estela de deuda tras de sí para atar de pies y manos a los presidentes demócratas e impedirles aplicar su propia política económica. ¿Teoría de la conspiración o pataleta frente a la realidad? En una economía tan dada al efecto burbuja como la americana, todo intento de racionalización y regulación adquiere fácilmente dimensiones cruentas. A los americanos les costó mucho aceptar la creación de mecanismos reguladores como la Fed o la SEC (Securities and Exchange Comission) creada en 1934 para supervisar legalmente los flujos del mercado financiero. Su primer presidente fue el padre de John Fitzgerald Kennedy. Desde entonces ha llovido mucho y la SEC se las ve y se las desea para mantenerse operativa. Su actual presidente, Christopher Cox, lucha por obtener fondos del Gobierno que le permitan vigilar a las empresas americanas multinacionales cuando operan allende los mares. Para evitar que se escondan detrás de legislaciones extranjeras más laxas para eludir sus obligaciones de buen hacer y transparencia. Sucede que la doctrina Bush hijo es que la economía, cuando menos intervenida, mejor. Sólo a regañadientes ha aceptado el actual presidente la adopción de paquetes gubernamentales extraordinarios para salir al rescate de sus contribuyentes. Recordemos cómo definía Reagan a un contribuyente: es una persona que trabaja para el Gobierno, pero sin haber hecho las oposiciones a funcionario Pero a veces es el Gobierno el que parece que no hace los deberes. Hasta tres antiguos presidentes de la SEC, David Ruder, Arthur Levitt y William Donaldson, han acusado a la Casa Blanca de Bush de ser estrepitosamente blanda con las empresas, en vez de atarlas en corto, como se exige en el último informe semestral del FMI. La oposición demócrata amplificó al punto estas críticas. CUATRO HOMBRES, CUATRO GOBIERNOS DEMOCRACIA O DÉFICIT o es lo mismo predicar que dar trigo. Hace unos días, el Parlamento Europeo aprobó una resolución instando a los países miembros a que boicoteasen las ceremonias de apertura de los Juegos Olímpicos y la semana que viene el presidente de la Comisión, José Manuel Barroso, viaja a Pekín a tratar de enderezar las relaciones comerciales, que en resumen significan para nosotros un déficit de 170.000 millones de euros, solo en 2007. Pregunta: ¿qué le dirá Barroso a los chinos sobre la democracia, el respeto a los derechos humanos en Tíbet y las Olimpiadas de este verano? Pues ya se lo pueden imaginar, nada o como mucho nada que les pueda molestar. Y sin embargo, se trata de un asunto de vital importancia, cuyos costes pueden revelarse en el futuro mucho más importantes de lo que hoy somos capaces de imaginar. La sociedad china ha reaccionado a las indecentes críticas europeas con una campaña contra los productos franceses y hasta ahí ha llegado nuestra defensa de los principios de la democracia abierta. Estamos empezando a vender nuestra tranquilidad por un plato de lentejas y no tardaremos en poner nuestro futuro en manos de un régimen comunista que no tiene principios en materia de respeto a la idea de libertad individual y que actúa en el mundo al margen de toda ética. En Europa fue la sensibilidad de la sociedad ante las imágenes de brutalidad en el Tíbet la que obligó a sus dirigentes a expresar críticas razonables. En China ha sido el Gobierno el que ha azuzado a las masas a responder con un inquietante fervor patriótico. Es verdad que, cuanto más ricas son, menos propensas son las sociedades a preferir los riesgos de una confrontación o incluso una guerra, porque el cálculo de las pérdidas ayuda a serenar los ánimos. Sin embargo, la única garantía de paz para una democracia es que sus socios sean también sociedades democráticas. Al contrario, depender de potencias cuyos dirigentes no tienen que someterse al control de la sociedad que gobiernan es siempre un mal negocio. La democracia en China es más importante para Europa que el déficit. N Ronald Reagan (20- 1- 1981 20- 1- 1989) Bajó llamativamente los impuestos (el impuesto de la renta llegó a descender un 25 a la vez que recortaba el gasto social y disparaba el militar. Redujo la inflación pero aumentó la desigualdad y dobló el déficit. La deuda pasó del 40 al 70 del PIB. George Bush padre (20- 1- 1989 20- 1- 1993) Llegó al poder prometiendo no subir los impuestos pero el endeudamiento de Reagan no le dejó otra opción. Trató de contener el déficit pero su propio partido se lo impidió. Tiró la toalla cuando la primera guerra del Golfo redobló a su vez el gasto militar. Bill Clinton (20- 1- 1993 20- 1- 2001) Todo eran promesas sociales pero las arcas estaban vacías. Antepuso la contención del galopante déficit a todo, incluso a la reforma de la sanidad de su esposa, que no hizo. Alternó medidas liberalizadoras con otras encaminadas a limar la desigualdad. George Bush hijo (20- 1- 2001 20- 1- 2009) Fundió los ahorros y el gasto social de Clinton en una escalada de gasto militar sin precedentes. Grandes recortes fiscales a las empresas, en principio provisionales pero que él y su partido quieren que sean permanentes. Se despide con un déficit masivo. Es cierto que a la oposición demócrata le sale gratis ahora mismo criticar al Gobierno y hasta a la SEC: de sus cinco comisionados hay tres de designación presidencial directa, y ahora mismo son todos republicanos. Pero también es verdad que entre los ex presidentes de la SEC que critican a Bush hay uno que sirvió con Reagan. El descontento va más allá del ba- rrer para casa tan previsible en año presidencial. Quizá ese es el mayor drama que ahora mismo enfrenta la economía de América: cómo salir de una crisis de crecimiento, cómo resolver sus lagunas de responsabilidad, con una campaña electoral encima. ¿Cogerán por el rabo a sus demonios o pondrán un parche para ganar tiempo? Sólo el dios del dólar lo sabe. Fusiones a lo loco ahora que empieza la cuenta atrás Esta semana saltó la noticia de que las compañías aéreas Delta y Northwestern estudian fusionarse y que además les corre prisa, como le corre prisa a Microsoft que Yahoo le dé el sí. Muchos piensan que cuando Bush hijo deje la Casa Blanca ciertas alegrías quedarán atrás. Se les puede estar acabando el tiempo a las grandes empresas ávidas de tomar decisiones y correr riesgos sin que nadie les pida cuentas. Los aspirantes presidenciales demócratas, Hillary Rodham Clinton y Barack Obama, no abren la boca sin prometer que todo va a cambiar. Pero Hillary es la primera que conoce por amarga experiencia lo que sucede cuando se llega a la presidencia de los Estados Unidos en números rojos. ¿Y John McCain? El candidato revelación republicano votó en contra de los recortes fiscales de Bush que el Gobierno intenta ahora convertir en permanentes, a cambio de abrir la mano con ayudas contra la recesión... con el apoyo de McCain. Y es que sus únicas esperanzas de ser presidente algún día pasan por vencer los recelos del ala más conservadora de su partido.