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ABC SÁBADO 19 s 4 s 2008 CIENCIAyFUTURO 93 La mina de Aznalcóllar vierte a Doñana agua contaminada diez años después Continúan las filtraciones de agua con cinc, cobre, arsénico, níquel y aluminio desde la escombrera ARACELI ACOSTA AZNALCÓLLAR. Doñana sigue recibiendo agua contaminada procedente de la mina de Aznalcóllar Así de tajante se muestra Miguel Ferrer, científico titular de la Estación Biológica de Doñana y director de este centro de investigación del CSIC en abril de 1998, cuando se produjo la mayor catástrofe ambiental ocurrida en nuestro país. Sus palabras siguen siendo rotundas diez años después del desastre, y la visión aquí, donde nos habla, es realmente cruda. La escombrera S- 3 de la mina de Aznalcóllar se levanta delante de nosotros, ahora coronada por placas solares que intentan dar una imagen verde en algo que sólo puede recordarse como un día negro para el medio ambiente. Pero los colores hoy son otros. Los tonos anaranjados, rojizos y amarillentos tiñen la tierra bajo la escombrera. Es agua contaminada procedente de la mina, que se filtra al arroyo de Los Frailes, y de aquí al río Agrio, que a su vez vierte al Guadiamar, que pasa por la zona de recarga del acuífero 27, que suministra agua al Parque Nacional de Doñana. Esa agua contiene cinc, arsénico, cobre, níquel y aluminio, nos explica Isidoro Albarreal, de Ecologistas en Acción, y aunque los niveles son más bajos- -entre otras cosas porque la restauración que se ha hecho del Guadiamar ha permitido que el propio río actúe de filtro- -lo cierto es que la contaminación sigue fluyendo a Doñana. Las aguas contaminadas se filtran desde la escombrera del complejo minero hasta el arroyo de Los Frailes esas aguas para bombearlas a la depuradora- que funciona cuando quiere afirma Juanjo Carmona, de WWF Adena- Sin embargo, diez años después no se ha terminado de construir. Pero no es la única amenaza que permanece pasado un decenio desde el desastre. La Corta de Los Frailes, la segunda que explotó la empresa sueca Boliden, propietaria de la mina, fue el destino de los lodos tóxicos recogidos en la cuenca del Guadiamar tras el vertido, y aquí siguen, junto a todos los residuos que van apareciendo y que Egmasa tira a la corta, explica Carmona. El problema es que la corta tiene un límite, ya que no puede superarse la cota- 100 pues contaminaría el acuífero Niebla- Posadas que la atraviesa. Para que esto no ocurra se bombea el agua, que luego debe pasar por la depuradora (la misma que suele fallar) y de ahí al Agrio. Y de nuevo la cadena hasta llegar a Doñana, y al Guadalquivir. La pregunta obligada que subyace es: ¿Y así hasta cuándo? DANIEL G. LÓPEZ Nivel más alto de lo permitido Niveles más bajos no significa que estén permitidos. Según Albarreal, muestras recogidas bajo la escombrera el mes pasado arrojan unos valores 50.000 veces superiores a los límites legales en cobre; 300 veces en arsénico; 6.400 veces en cinc y 1.150 en níquel. Lo denuncian los ecologistas, pero la Junta de Andalucía debe saber lo que está saliendo de la escombrera porque los técnicos de Egmasa (Empresa de Gestión Medioambiental S. A. empresa pública de la Junta de Andalucía- -donde se ha recolocado a buena parte de los mineros que se quedaron sin trabajo tras el cierre de la mina- trabajan afanosamente frente a nosotros en lo que se supone, y luego nos confirman, es una balsa de decantación. Su función sería recoger Huertos solares La solución no pasa, lógicamente, por maquillar las instalaciones de la mina levantando huertos solares, no sólo sobre Otra explotación a cielo abierto a sólo diez kilómetros No es una broma. Es simplemente el anuncio de otra posible catástrofe y está situada a sólo diez kilómetros de la mina de Aznalcóllar. La explotación de Las Cruces, en el término municipal de Gerena, tiene por ahora sólo un preocupante récord: ser la mina de cobre a cielo abierto mayor de Europa. La propietaria mayoritaria es la empresa canadiense Inmet Mining, que tiene otras tres en Europa (una en Finlandia y dos en Turquía) todas ellas subterráneas, que son menos peligrosas que las abiertas, explica Isidoro Albarreal, de Ecologistas en Acción. Desde sus instalaciones, donde aún trabajan los obreros en su puesta a punto, es visible la escombrera de Aznalcóllar. Juanjo Carmona, de WWF Adena, nos explica que en verano la explotación recibió la Declaración de Impacto Ambiental y que tiene permiso de vertido de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir. A este río está conectada a través de una tubería desde su planta hidrometalúrgica. Esto es, si hay cualquier problema, como que se superen los niveles de determinados materiales en los vertidos, no habrá nada que hacer. Diez años después, a pesar de que en el Pabellón del Futuro del recinto de la Expo, en la isla de la Cartuja, una exposición recuerda lo que ocurrió en Aznalcóllar, no parece que se haya aprendido la lección. la escombrera, sino sobre la propia balsa siniestrada aquel día. Aunque mal sellada -denuncian tanto los representantes ecologistas como Ferrer- cuando la vemos desde la alambrada que nos cierra el paso, los obreros trabajan montando los últimos paneles. Bajo ellos, se esconden aún 20 millones de metros cúbicos de lodos, los que gracias a la rápida actuación para cerrar la grieta no lograron escapar aquella aciaga madrugada del 25 de abril de 1998. Pero esta balsa también tiene filtraciones. La única solución, hasta que pueda buscarse una definitiva a los residuos de la mina, es desviar el cauce del Agrio- -del que la propia empresa minera cambió su curso para usar el agua en el lavado de minerales- Ferrer lleva años defendiendo esta opción, aunque la Junta la ha descartado. Sólo de esa forma la mina y Doñana no estarían conectados. Un nexo que nunca debió existir. Más información sobre la catástrofe: http: www. wwf. es